El petróleo. Solo el petróleo. El 'oro negro' como principal excepción de la nueva ola compradora que riega todo tipo de activos. Renta varible, renta fija, materias primas, criptodivisas... Todo sube. Y todo a la vez. Unos, por el apetito por el riesgo. Otros, por si acaso, para cubrirse. Y todos, porque la liquidez aún abunda, por gentileza de los bancos centrales, y la carrera planetaria por la rentabilidad permanece viva. 

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Un entorno descrito a la perfección esta semana por Nicola Mai, responsable de crédito europeo de la gestora Pimco, en una presentación realizada en Madrid. En referencia a la deuda pública española y a los motivos por los que todavía le parece interesante pese a que los bonos a 10 años apenas rentan un 0,30%, expuso: "Hay poco jugo que exprimir, pero no hay zumo en otro sitio"

O dicho de otro modo: mucho dinero en todo el mundo y con inversores de todo el mundo de 'caza'... y pocos activos rentables por explotar tras tantos años de dinero barato y abundante y de subidas en las bolsas o los bonos. Un panorama exigente que sigue arrojando consecuencias insospechadas. Como la vista esta semana en la deuda griega. 

"A pesar del coronavirus, los mercados todavía están embarcados en una tendencia al alza gracias, entre otros factores, al estímulo proporcionado por los bancos centrales"

Casi 10 años después del primer rescate financiero de Grecia y casi ocho años después de que la rentabilidad de sus bonos a 10 años superara el 40%, preludio de la quita que vino días después, el rendimiento de los títulos helenos ha descendido esta semana por debajo del 1%, algo nunca visto. Puestos a obtener zumo, la deuda griega tampoco queda fuera de los necesitados exprimidores de los inversores

EN DEFENSA DE LA LIQUIDEZ

Lo acontecido con la deuda griega no es más que el último exponente de un mundo inaudito, bañado por la billonarias inyecciones de los bancos centrales y financiado por sus bajos tipos de interés, incluso negativos en distintos lugares. Como la Eurozona, con los tipos importantes ahora, los de la facilidad de depósito en el -0,50%. 

Conscientes de que buena parte de la recuperación de la crisis se ha cimentado en torno a los mercados financieros, los bancos centrales tienen más asumido su papel como bastiones de la liquidez. Por eso acuden a reforzarla en cuanto algo se tuerce. Y por eso siguen bombeando dinero mediante la compra de activos en el mercado. Es el caso de la Reserva Federal (Fed) estadounidense, que destina 60.000 millones de dólares al mes a la compra de letras del Tesoro, o del Banco Central Europeo (BCE), de vuelta al mercado con adquisiciones de deuda pública y privada a razón de 20.000 millones de euros al mes. 

"La Fed y el BCE tienen la firme voluntad de aumentar el estímulo en caso de que se produzca una conmoción negativa, que ponga en peligro la economía mundial, como podría ser el coronavirus"

La Fed activó esas compras a mediados de octubre; el BCE, en noviembre. Y este dinero fresco ha calentado de nuevo las cotizaciones. Ahí está el Dow Jones, principalmente exponente de las subidas de la renta variable, que esta semana ha visitado por vez primera los 29.500 puntos. O los bonos soberanos, con las compras tirando a la baja los rendimientos, que bajan cuando el precio de los títulos sube. El del bono estadounidense a 10 años, que finalizó 2019 en el 1,9%, está en el 1,6%; y el del español a una década ha pasado del 0,5% al 0,3%. O el oro, próximo ya a los 1.600 dólares, un terreno que no pisaba desde 2013. O el bitcóin, de nuevo sobre los 10.000 dólares y con una revalorización ya del 40% en 2020. 

LA DIFICULTAD DE PONER PRECIO AL RIESGO

Todo ello, en plena irrupción del coronavirus y sin capacidad de calibrar cuál puede ser su impacto económico en China y el mundo. Pero el dinero lo puede todo; y puede con todo a la vez. Y como fuerzas motrices de esta carrera planetaria por la rentabilidad, los 'señores del dinero'.

“A pesar del coronavirus, los mercados todavía están embarcados en una tendencia al alza gracias, entre otros factores, al estímulo proporcionado por los bancos centrales. Lo que los mercados están esperando ahora es un mayor estímulo, no necesariamente de Pekín, sino posiblemente de la Reserva Federal y de otros bancos centrales”, constata Adam Vettese., analista de eToro.

Como subraya Jeroen Blokland, gestor de cartera  Multi Activos de Robeco, “los tipos de interés a corto plazo se mantienen bajos, o incluso en negativo, y los balances de los bancos centrales están creciendo de nuevo”. Y añade de manera clave: “Tanto la Fed estadounidense como el BCE están ‘replanteándose’ las estrategias de sus políticas monetarias, y el resultado más probable de este proceso es que dejen que la inflación sobrepase los objetivos para compensar la inflación perdida anteriormente. Al mismo tiempo, tienen la firme voluntad de aumentar el estímulo en caso de que se produzca una conmoción negativa, que ponga en peligro la economía mundial, como podría ser el coronavirus”. Sin olvidar, por supuesto, el papel que ya está desempeñando el Banco del Pueblo de China. “El banco central chino ya ha inyectado una cantidad masiva de liquidez cuando han reabierto los mercados tras el Año Nuevo chino. A escala mundial. la liquidez sigue siendo enorme, y va a crecer todavía más en los próximos trimestres”.

Más dinero. Y, como se señala desde el mercado, la perpetuación de un proceso de sobra conocido, con los inversores de todo el mundo buscando rentabilidades que no abundan -de nuevo el zumo y los exprimidores- y calentando el precio de los activos con sus batidas compradoras.

Con un agravante, también conocido: la dificultad de poner un precio adecuado a los riesgos. Primando como prima la búsqueda de rentabilidad, esta se impone a la discriminación y a la asignación de precios a los activos según sus riesgos. Aunque, por otra parte, es el incentivo que las autoridades están lanzando, un 'juego' en el que no se pierde porque, en cuanto se tuercen las cosas -o las cotizaciones- acuden al rescate y evitan que esos riesgos detonen.

Y mientras tanto, los precios de los activos suben y suben. A la vez. Acciones, bonos, metales preciosos, 'criptos'... Con excepciones. Como el petróleo, que se deja un 15% en 2020. Alguno tiene que ser la excepción.