‘Greenspan put’. Al poco de llegar a la presidencia de la Reserva Federal (Fed), Alan Greenspan se encontró el puñetazo del ‘crash’ del 19 de octubre de 1987. El Dow Jones, el índice bursátil más famoso del mundo, se pegó un topetazo del 22,6%. EEn una única e histórica jornada. Greenspan, que desde su entrada en la Fed en agosto ya había ido mencionando la necesidad de incluir el comportamiento de los mercados en los diagnósticos del banco central, no se lo pensó. Había que calmar al mercado. 

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La Fed maniobró con un comunicado breve, conciso, pero lo suficientemente claro como para aplacar los temores de los inversores. “La Reserva Federal, de acuerdo con sus responsabilidades como banco central de la nación, ha afirmado hoy su disponibilidad para servir como fuente de liquidez con el fin de apoyar el sistema económico y financiero”, trasladó al mercado.

Fue suficiente. Esa promesa de liquidez actuó como muro de contención contra las caídas. Así nació la denominada ‘Greenspan put’, es decir, la confianza de que, en caso de crisis, el banco central siempre acudiría al quite para evitar el hundimiento de los mercados. Años después, con motivo de la quiebra del fondo LTCM en 1998, la Fed y Greenspan afianzaron por completo la ‘Greenspan put’ con el rescate que diseñaron para varias de las principales firmas financieras de Wall Street.

Bancos Centrales 'Put' 

Aquellos remotos antecedentes suenan ahora menores al lado de las históricas decisiones –inyecciones billonarias, tipos de interés en mínimos históricos, incluso en negativo- con las que los bancos centrales lucharon contra la crisis financiera desatada en 2007. La esencia, sin embargo, persiste, porque la filosofía ha sido la misma.

Lo que ha mutado simplemente es que la ‘Greenspan put’ se ha colado por las arterias de todos los bancos centrales para convertirse en la ‘bancos centrales put’. Ya no es solo la Fed la que sale al rescate. El Banco Central Europeo (BCE), el Banco de Japón, el Banco Nacional de Suiza, el Banco del Pueblo de China (BPCh)… han dado sobradas muestras de ello durante estos años.

Esta actuación ha calado hondo en los inversores. Conscientes de que la recuperación de los mercados ha sido un pilar básico de la reactivación posterior a la crisis, los inversores asumen que, llegado el caso, siempre pueden contar con los ‘señores del dinero’, que pondrán suelo a las caídas.

Por si quedaban dudas, lo acontecido en las últimas semanas lo está confirmando. Pese a los temores que inspira el coronavirus, cuyo impacto económico, comercial y empresarial en China y, por tanto, en el mundo se antoja sensible, aunque sin que por ahora los cálculos puedan ser precisos, las bolsas han seguido subiendo.

El Dow Jones camina sobre los 29.000 puntos por primera vez en su centenaria historia. Incluso el Ibex 35 con dividendos, el Total Return, ha marcado máximos históricos esta semana, con el Ibex 35 sin dividendos más allá del 10.000, algo que no ocurría desde mayo de 2018.

La onda expansiva más allá, como la renta fija. Lo evidencian Grecia, cuyo bono a 10 años renta menos de un 1% por primera vez en su historia, o los bonos europeos de alta rentabilidad (‘high yield’), cuyo rendimiento se ha situado esta semana por debajo del 3% por primera vez en la historia.

Al mismo tiempo, estas compras de acciones, deuda pública y deuda privada no impiden que quede dinero para comprar también otros activos, como el oro, por encima de los 1.600 dólares por primera vez desde 2013, o como el bitcóin, de nuevo en torno a los 10.000 dólares. Todo sea por ‘cazar’ rentabilidad en este mundo de tipos en mínimos y liquidez en máximos.

Todo ello, con el coronavirus amenazando, además de a la salud y a la vida de miles de personas, a la economía. Apple ya ha reconocido el impacto en sus cuentas de las consecuencias económicas de la enfermedad. En China, el parón industrial y comercial es cada vez mayor… pero los mercados continúan a ‘lo suyo’.

Manos bien visibles

“La política monetaria tiene algo que ver”, apuntan desde Unigestion. Y añaden que "mientras que los bancos centrales sigan vigilando los acontecimientos, es improbable que haya largos descensos en los mercados de renta variable”.

En este sentido, Unigestion recuerda que “el Banco Popular de China parece haber aprendido las lecciones de la Fed y está realizando inyecciones diarias de liquidez, llevando a la baja los tipos de interés a corto plazo, con la mirada puesta en bajar también los tipos a medio plazo”. Es el efecto contagio, en este caso de la ‘Greenspan put’.

“A pesar del coronavirus, los mercados todavía están embarcados en una tendencia al alza gracias, entre otros factores, al estímulo proporcionado por los bancos centrales. Lo que esperan ahora es un mayor estímulo, no necesariamente de Pekín, sino posiblemente de la Reserva Federal y de otros bancos centrales”, apunta Adam Vettese, analista de eToro.

“Adicionalmente no sabemos el alcance de la transferencia secundaria del virus a medida que surgen nuevos casos en todo el mundo. Mientras tanto, los mercados parecen esperar una política más acomodaticia de los bancos centrales para contrarrestar los efectos económicos negativos del brote”, remata.

“La Fed y el BCE tienen la firme voluntad de aumentar el estímulo en caso de que se produzca una conmoción negativa, que ponga en peligro la economía mundial, como podría ser el coronavirus”, constata Jeroen Blokland, gestor de cartera  Multi Activos de Robeco.

Y continúa: “Sin olvidar, por supuesto, el papel que ya está desempeñando el Banco del Pueblo de China, que ya ha inyectado una cantidad masiva de liquidez cuando han reabierto los mercados tras el Año Nuevo chino. A escala mundial, la liquidez sigue siendo enorme, y va a crecer todavía más en los próximos trimestres”.

El convencimiento, por tanto, es total. Los inversores lo saben. Perciben que invierten con una red de seguridad. La de los bancos centrales. Y su ‘put’.