Bruselas

"La UE necesita un banco malo regional". Así lo había reclamado el responsable de supervisión del Banco Central Europeo (BCE), el italiano Andrea Enria, en una tribuna escrita en octubre en el Financial Times, la biblia económica de Bruselas. Allí alertaba de que la crisis de la Covid-19 puede disparar hasta 1,4 billones el volumen de créditos tóxicos en la banca de la eurozona, por encima de los niveles de la crisis financiera y de deuda. Y reclamaba prepararse para lo peor y evitar los "errores" del pasado.

Dos meses después, la Comisión Europea ha aprobado este miércoles su estrategia para afrontar el problema del aumento de la morosidad debido a la pandemia. Un plan que rechaza expresamente la creación de un banco malo europeo, el equivalente comunitario a la Sareb española.

Esta solución "no ayudaría necesariamente a afrontar los problemas de la acumulación de créditos morosos, porque muchos de esos problemas deben acometerse a nivel nacional", ha dicho el vicepresidente económico del Ejecutivo Comunitario, Valdis Dombrovskis, en rueda de prensa.

Dombrovskis justifica además su negativa por la diversidad de carteras de créditos morosos en los diferentes Estados miembros, así como la divergencia en las reglas nacionales en materia de reestructuración de la deuda empresarial, insolvencia y cobro de las garantías. Los costes de crear un banco malo europeo serían "muy altos", asegura la Comisión. 

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Como alternativa, el Ejecutivo comunitaro sopesa apoyar la creación de una red de bancos malos nacionales en la UE. El objetivo de esta iniciativa sería intercambiar mejores prácticas, coordinar las medidas y aumentar la transparencia. No obstante, la comisaria de Servicios Financieros, Mairead McGuinness, ha dejado claro que no se obligará a ningún Estado miembro a crear un banco malo si no lo desea.

En todo caso, las dos medidas prioritarias para Bruselas son, por un lado, reformar la legislación de la UE en materia de insolvencia empresarial y cobro de deudas; y por el otro, fomentar los mercados secundarios privados para activos devaluados, de manera que los bancos puedan retirar los préstamos dudosos de sus balances.

Para ello, apuesta por crear una central de datos electrónicos a escala de la UE con el fin de permitir un mejor intercambio de información entre vendendores de créditos, compradores, administradores, empresas de gestión y plataformas privadas. De este modo, los préstamos tóxicos se resolverían de forma más eficaz. Bruselas lanzará próximamente una consulta pública sobre esta iniciativa.

Antes del estallido del coronavirus, la tasa de morosidad se había reducido considerablemente en toda la UE, hasta llegar a un mínimo del 2,6% en el último trimestre del año pasado, aunque con grandes diferencias nacionales.

Pero durante la primera mitad de 2020 ya ha vuelto a subir al 2,8% y Bruselas cree que continuará escalando durante los próximos meses, pero insiste en que la banca está mejor preparada para afrontar la crisis que en el pasado.

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