Lo que no consiguió la caída de beneficios y la pérdida de rentabilidad lo ha conseguido la pandemia sanitaria. La fuerte crisis económica que se avecina ha obligado al sector bancario a dejar en un segundo plano sus planes estratégicos para tomar medidas nunca antes vistas en materia de financiación a empresas y particulares.

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La grave situación que asola al país así lo requiere y, tanto los accionistas como la alta dirección de las entidades ya empiezan a sufrir las consecuencias con recortes de bonus y de dividendos. Este último punto se venía barajando ya desde hace tiempo, con constantes peticiones por parte del Banco Central Europeo (BCE) y del Banco de España para que el sector fuese más “conservador” a la hora de premiar a sus accionistas.

Las entidades han defendido siempre su capacidad de pago al cumplir con los requisitos de capital del BCE, aunque su ratio de máxima calidad CET 1 fully loaded todavía está por debajo de la media europea. Incluso entidades con mayor dificultad, como Sabadell o Liberbank, se han “buscado las castañas” para mantener la retribución al accionista mediante acciones de autocartera o recompra de títulos.

El BCE toma medidas

Pero eso se acabó. El drama sanitario impone contención para que todo el capital generado por los bancos se traslade de forma inmediata a la economía real. Así lo ha pedido el Banco de España esta semana en su Memoria Anual y así se lo está haciendo saber el BCE a las entidades, con una petición explícita que será pública próximamente para que ajusten dividendos y bonus de los directivos frente al coronavirus.

De hecho, y según confirman fuentes consultadas, el organismo monetario ya ha exigido a los bancos que sean "prudentes al decidir sobre sus políticas de dividendos" para este año. Según informa Reuters, el organismo monetario ha advertido a las entidades de que deben tener muy presentes los posibles riesgos de estas políticas, "con el fin de evitar una situación en la que surjan más necesidades de capital" en el futuro. 

No es la primera vez que los reguladores van un paso más allá de las advertencias y obliga al sector a una política de dividendos más contenida. En 2013, en plena crisis financiera internacional, el Banco de España tomó la decisión de restringir los pagos en efectivo al 25% del beneficio consolidado del sector.

Fuentes financieras consultadas por Invertia indican que, tras los cambios en la supervisión bancaria europea, el organismo comandado por Pablo Hernández de Cos ya no tiene la competencia para tomar una medida similar, y que esta correspondería al BCE a través del MUS, que por aquel entonces aún no existía con las competencias actuales, que se le confirieron en noviembre de 2014.

Precisamente, la Federación Bancaria Europea (EBF), que agrupa a 32 patronales bancarias de la región, ya había remitido una petición al MUS para que obligue al sector a no repartir dividendos ni realicen recompras de acciones este año, y el BCE ya ha hecho pública su decisión a través del comunicado anteriormente mencionado. 

Países como Suiza, Noruega o incluso Alemania también han pedido a los bancos y al sector asegurador que suspenda los dividendos de 2019 ante la situación actual. Y en España, entidades como Banco Santander o CaixaBank se adelantaron al comunicado formal del BCE y han anunciado estos días la paralización temporal o la rebaja de sus respectivos dividendos, así como fuertes recortes en la retribución de los principales directivos de las entidades.

El camino a seguir

Por ejemplo, la presidenta del Santander, Ana Botín, y el consejero delegado de la entidad, José Antonio Álvarez, han reducido un 50% su retribución. Por su parte, el consejero delegado de CaixaBank, Gonzalo Gortázar, ha propuesto su renuncia a la remuneración variable correspondiente al año 2020, tanto en lo que corresponde al bonus anual como a la parte correspondiente a ese año del Plan de Incentivos Anuales a Largo Plazo. 

Los expertos tienen claro que este es el camino a seguir. Romain Boscher, CIO Global de renta variable en Fidelity International, explica que "los dividendos juegan un papel inestimable en la economía, especialmente para los ahorradores a largo plazo, y esto no debe subestimarse, por lo que no abogamos por la cancelación, sino por seguir los pasos del Santander de consolidar los pagos para el próximo año".

"Tan pronto como la situación se estabilice, o el impacto de cualquier préstamo deteriorado mejore, entonces se deben pagar los dividendos", indican desde la firma.

A su juicio, "un aplazamiento de dividendos es lo mejor para los inversores y nuestros clientes, porque prioriza la estabilidad financiera en tiempos de incertidumbre y garantiza que los bancos estén bien capitalizados y puedan ayudar a las personas y las pequeñas empresas como deberían".