A comienzos de año, el sector ferroviario afrontaba 2020 como el ejercicio previo a la liberalización de su negocio. El mercado acababa de quedar configurado con la entrada de la SNCF e Ilsa como nuevos competidores de Renfe. La operadora pública española ultimaba el lanzamiento de Avlo, su producto low cost. Hoy, sólo medio año después, el sector vive en medio de un shock con unas perspectivas y prioridades radicalmente distintas.

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Y es que, la pandemia del coronavirus y las medidas adoptadas para frenar los contagios han puesto patas arriba cualquier tipo de previsión. Un contexto en el que Renfe ha sufrido sobremanera por su dualidad entre empresa pública y operador ferroviario que debe buscar la rentabilidad. La compañía ha recibido el impacto con la misma fuerza que el sector del transporte viendo como los ingresos, directamente, se esfumaban.

Además, por el lado de los costes, la reducción no ha existido. La empresa no ha recurrido a regulaciones temporales de empleo y ha visto como tenía que mantener un nivel de servicio muy por encima de la oferta. Algo a lo que hay que añadir los costes de mantenimiento y el aumento en las labores de limpieza y desinfección.

El resultado de este mix ha sido que, sólo durante el Estado de Alarma, la compañía ha registrado unas pérdidas de 420 millones de euros. Para poner en contexto la cifra sólo hay que compararla con los 4.000 millones de euros que la operadora factura anualmente. Además, las previsiones para lo que queda de año no son nada halagüeñas.

En el sector se espera que durante parte del mes de julio y agosto, la demanda de pasajeros se recupere algo sin llegar a los niveles de ocupación previos, que superaban el 90% en sus servicios más exitosos. La gran incógnita viene a partir de septiembre. El miedo a nuevos rebrotes y el desplome de los viajes de negocios, sumado a la bajada de turistas, configuran un cóctel de difícil digestión de cara al final de año.

Ampliación del endeudamiento

Ante este panorama, el Gobierno aprobó en el día de ayer ampliar en 1.000 millones el techo de endeudamiento de la operadora ferroviaria. La compañía cerró 2019 con una deuda de 4.177 millones de euros, un 4,4% menos que el nivel registrado a finales de 2018 cuando esta partida alcanzaba los 4.369 millones. Los primeros contactos entre la operadora y la banca apuntan a poner en marcha líneas de financiación de seis meses.

Este contexto ha obligado a la compañía a repensar su plan estratégico. Renfe se había marcado el objetivo de crecer un 30% durante la próxima década. En este sentido, Avlo iba a jugar un papel fundamental ya que se preveía que aportara una quinta parte de los más de 5.000 millones que esperaba facturar al año en 2028

La otra vía para aumentar ingresos iba a ser el negocio internacional. Renfe había puesto sus ojos en el mercado francés y esperaba consolidar su posición en el tren de alta velocidad que unirá Houston y Dallas y el AVE a la Meca para conseguir el 10% de sus ingresos. La pandemia de coronavirus también ha echado el freno a estos proyectos, por el momento. Renfe sigue aspirando a alcanzar estas metas, pero los tiempos serán sustancialmente distintos. 

Optimización procesos

Donde sí va a pisar el acelerador la operadora es en la optimización de sus procesos. Un punto en el que están descartados los despidos pero en los que sí se va a exprimir las capacidades tanto del material rodante como de todos los elementos operativos. Una serie de medidas que la llegada de la competencia iban a hacer muy necesarios pero que ahora el coronavirus ha convertido en vitales.

En este sentido, la compañía ya ha avisado que no operará con trenes vacíos. La recuperación de rutas va a ir de la mano de la demanda. A medida que los pasajeros recuperen la voluntad de desplazarse, Renfe pretende ir poniendo en servicio circulaciones eliminadas. Unas decisiones que esta semana han sido visibles ya.

La compañía ha puesto en marcha un aumento significativo de rutas, sobre todo en destinos turísticos, a la vez que anunciaba la primera campaña de ofertas comerciales. Una medida que, según los primeros datos recabados, ha tenido un impacto positivo en las ventas.

Así las cosas, Renfe afronta un final de 2020 en el que tendrá que equilibrar su vocación de servicio público con el control de la sangría económica que ha generado el coronavirus. Unos meses en los que el mantenimiento de la emergencia sanitaria en los niveles actuales será fundamental para no agravar las pérdidas del ejercicio previo a la entrada de la competencia en su mercado.