Bruselas

La segunda ola de la Covid-19, que golpea con fuerza a todos los países europeos, amenaza con provocar una recaída económica en la eurozona. En este contexto, cualquier retraso adicional en la puesta en marcha del fondo anti-Covid de 750.000 millones de euros (bloqueado por el veto de Polonia y Hungría) pondrá en riesgo las perspectivas de recuperación. Es más, la UE debería empezar a pensar en ampliar su arsenal de ayudas para salir al rescate de los países con alta deuda y sin margen de maniobra, como España o Italia, según avisa el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su informe anual sobre la eurozona.

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"Se necesitará un apoyo presupuestario aún mayor si las perspectivas se deterioran aún más", señala el informe del FMI, que ha sido presentado por su directora gerente, Kristalina Georgieva, durante la reunión del Eurogrupo celebrada este lunes.

El Fondo cree que el Pacto de Estabilidad, que obliga a reducir el déficit y la deuda, debe mantenerse suspendido "hasta que la recuperación sea firme". No obstante, los países que ya están muy endeudados, como España o Italia, no pueden permitirse un aumento sin límites de los estímulos, porque podrían provocar reacciones adversas de los mercados, alerta el informe.

Las ayudas del fondo de reconstrucción de la UE y los préstamos del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), que todavía no se han utilizado, "pueden ayudar a mitigar esta presión". "En un escenario a la baja grave, puede ser necesario un aumento o una expansión de las defensas", señala el informe.

En concreto, el FMI ve necesario un instrumento a escala de la UE para inyectar capital directamente en las empresas más golpeadas por la Covid-19. Esta medida permitiría mantener la integridad del mercado único y a atenuar la diferente potencia de fuego de cada Estado miembro a la hora de rescatar a sus compañías. Bruselas había propuesto un mecanismo de estas caracteríasticas, pero los líderes europeos lo descartaron en la cumbre del pasado julio.

El acuerdo de julio sobre el fondo anti-Covid de 750.000 millones de euros (de los cuales 390.000 millones son subvenciones a fondo perdido) "envió una señal fuerte de solidaridad europea a la hora de hacer frente a la crisis". "No obstante, los obstáculos a la hora de finalizar el paquete y desembolsar las ayudas deben superarse, ya que cualquier retraso adicional dañaría las perspectivas de recuperación para la eurozona", asegura el FMI.

En su opinión, las ayudas de la UE deben servir para generar gasto adicional en los Estados miembros y no para financiar gasto que ya estaba previsto. Su eficacia dependerá además de la condicionalidad en materia de reformas estructurales. El fondo de reconstrucción debe servir "como catalizador y no como sustituto de las reformas necesarias".

Además, el FMI cree que "una experiencia positiva" con el fondo de reconstrucción podría ayudar a generar "apoyo político" para la creación de un auténtico presupuesto de la eurozona que sea permanente. 

El BCE debe actuar

"La segunda ola del virus plantea un riesgo considerable a la recuperación. El aumento de las infecciones y la reintroducción de confinamientos han dañado la confianza y han disminuido la movilidad", asegura el informe. Todo ello hace que el crecimiento durante los próximos meses (al menos hasta el segundo trimestre de 2021) vaya a ser inferior al previsto. Ni siquiera la aprovación inminente de las primeras vacunas se considera suficiente para cambiar este escenario pesimista.

Por todo ello, la institución dirigida por Kristalina Georgieva cree que también el Banco Central Europeo (BCE) tendrá que reforzar su arsenal contra la pandemia en su próxima reunión de diciembre. "La posición de la política monetaria del BCE ya es muy acomodaticia, pero dado que las previsiones económicas se están deteriorando todavía más, se necesitarán estímulos adicionales para facilitar un incremento sostenido de la inflación", asegura.

El FMI apuesta por un aumento del programa de deuda pública y privada, pero también defiende una mejora de las condiciones de los créditos para la banca o incluso un recorte adicional de los tipos de interés, en concreto de la facilidad de depósito, que se encuentra ya en territorio negativo (-0,5%). El organismo dirigido por Christine Lagarde debería demás considerar dar "apoyo directo a las empresas no financieras".

Georgieva apuesta además por mantener la prohibición a los bancos de repartir dividendos o recomprar acciones hasta que la recuperación esté consolidada.