Uno de los grandes avances en la construcción europea que forzó la crisis financiera fue la creación del MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad) para asistir a los países que se vieran afectados por crisis en el futuro. El debate sobre uso de este instrumento, que se conoce popularmente como fondo de rescate, está ya sobre la mesa para ayudar a Italia y si fuera necesario, después a España, los países más afectados por el coronavirus.

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Dada la situación excepcional que vivimos, se estudia cambiar las condiciones de acceso a ese fondo, cuyo uso ha estado vinculado hasta ahora al cumplimiento de una serie de obligaciones muy estrictas de los países receptores de sus líneas, según fuentes conocedoras de las discusiones. No ayuda al debate con los halcones del euro que Italia y España vuelvan a protagonizar un episodio de tensión económica y financiera tras no haber hecho sus deberes en materia de déficit y deuda.

En las dos economías mediterráneas, la pandemia global está afectando con gran crudeza en un momento en el que sus Estados no cuentan con la salud económica que hubiera sido deseable para afrontar este reto. La situación es mucho más grave en Italia, donde el jefe de Gobierno, Giuseppe Conte, ha pedido ya a la Unión Europea que movilice este fondo de rescate para ayudarle a superar la crisis.

El Gobierno italiano ya ha movilizado 25.000 millones de euros (que representan el 1,1% de su PIB) y de momento, la previsión es que sus medidas de confinamiento se prolonguen hasta el 3 de abril, lo que seguirá hundiendo su economía, que ya ha experimentado una caída del 10% del PIB por esta dramática crisis sanitaria.

Según un informe de Instituto Flossbach Von Storch, será "necesario hacer un esfuerzo para garantizar la solvencia del Estado italiano", un país en el que la deuda representa ahora el 136% del PIB y alcanzará en 2022 el 147,4% de su riqueza nacional como consecuencia de las medidas que se tengan que tomar para afrontar el Covid-19 primero en su frente sanitario y después, en el económico.

Los economistas consideran que el coronavirus provocará que el tipo de interés del bono italiano experimente una subida del 1% en un año, lo que complicará la financiación del país, lo que hace imprescindible que el Banco Central Europeo (BCE) siga sirviendo de apoyo a Italia -y también a España- para hacer frente a esta crisis.

"Con un índice de endeudamiento que se dirige hacia el 150% del PIB, es poco probable que Italia pueda acceder a los mercados financieros sin ayuda externa. Dada la limitada capacidad de financiación del MEDE, parece inevitable que el BCE tenga que asumir el papel de prestamista de último recurso para el Gobierno italiano", advertía esta semana la analista senior del citado instituto, Agnieszka Gehringer.

España también mira a la UE

España es el país que sigue a Italia en volumen de contagios en Europa con una curva más pronunciada en la velocidad de transmisión del Covid-19. También nuestra economía afronta una situación crítica y tanto autoridades nacionales, como economistas, han reclamado una coordinación europea para hacer frente a los efectos económicos inmediatos de esta pandemia.

De momento, el Gobierno ha activado un plan con 100.000 millones de euros de avales públicos para que la banca pueda prestar dinero y destinará en un primer momento 17.000 millones de euros de gasto público, de los que 5.000 millones serán para subsidios durante un mes por el impacto económico de la enfermedad.

Tras esa batería de medidas, el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, pedía este viernes utilizar los mecanismos que los políticos europeos tienen a su disposición y citaba de forma específica el MEDE o el Banco Europeo de Inversiones (BEI) para asistir a la economía.

En ese sentido, el profesor de Economía de ESADE, Pedro Aznar, advierte que "el margen de la política económica en España no es el que era y el porcentaje de deuda sobre PIB ha pasado del 35% en 2007 a casi el 100% en 2020".

El profesor considera que podríamos no estar solo ante una crisis de liquidez, sino que también afrontamos una potencial crisis de solvencia y el Estado español cuenta con limitaciones presupuestarias para hacer frente a esta situación. Hay que tener en cuenta que la caída de la actividad va a mermar la recaudación por IVA, IRPF o Sociedades prevista para este año y el cuadro macroeconómico que manejaba el Ministerio de Economía ha saltado por los aires.

La intensidad de esta crisis dependerá en buena medida del tiempo que las autoridades tarden en frenar los contagios. Pero los economistas coinciden en que será necesario una acción internacional para ayudar a todos, también a España, a superar este profundo bache del que será posible salir con impulso (la famosa forma de V de la recuperación) si se toman las medidas adecuadas y proporcionadas a este desafío.

En ese sentido, el G-20 que se celebrará la semana que viene estudiará medidas a nivel global y la esperanza es que se logre acordar una acción coordinada.

Emisión de 'coronabonos'

Mientras en Europa, dado que los recursos del MEDE son limitados también se ha puesto sobre la mesa la posibilidad de emitir los llamados 'coronabonos'. Es decir, mutualizar la deuda con un planteamiento similar al que se planteó ya en los años de la crisis de deuda periférica con los eurobonos, que finalmente no salieron a la luz por las reticencias de los países europeos del norte.

Alemania lidera el bloque de los países más reacios, pero la novedad es que la canciller Angela Merkel no se ha cerrado en banda dado la magnitud de la crisis. El presidente francés, Emmanuel Macron, sí vería con buenos ojos emitir este tipo de deuda conjunta, dado que el arsenal con el que cuenta el BCE para hacer frente a esta crisis tiene limitaciones y además, el daño que está sufriendo la actividad hace que sea necesario también estudiar medidas extraordinarias.

Francia también es un país con medidas excepcionales por el coronavirus y ha movilizado 45.000 millones de euros en un plan de rescate económico, además ha activado un plan de avales públicos de 300.000 millones de euros para que sus bancos ayuden a las empresas. Si la crisis empeora, la economía gala podría entrar en el listado también de los países con acceso al MEDE para hacer frente a una crisis que es puntual y será corta, según los economistas.

Gracias a su superávit y austeridad con las emisiones de deuda, el país más ambicioso con las medidas ha sido Alemania con un plan para dotar a sus empresas de liquidez ilimitada, avales públicos por valor de 550.000 millones de euros y aplazamientos fiscales.

Acceso al MEDE

El fondo de rescate europeo se constituyó en febrero del año 2012, después de que la UE tuviera que rescatar a Grecia, Portugal e Irlanda y meses antes del rescate financiero que se concedió a España para auxiliar a su sector financiero, en concreto, a las cajas de ahorro. No obstante, no fue ratificado hasta octubre de ese año.

La idea del mecanismo -al que han recurrido Grecia y Chipre en varias ocasiones- era que cualquier Estado de la zona euro con dificultades financieras o que padezca amenazas económicas severas pueda recibir apoyo financiero.

En este momento, la asistencia financiera del MEDE está supeditada al cumplimiento de unas "condiciones estrictas" que pueden ser de carácter presupuestario, económico o financiero del país que recibe las ayudas. Además, solo se puede recurrir a este fondo si la situación del receptor "supone una amenaza para la estabilidad financiera del conjunto de la zona euro", un requisito este último que parece evidente en este momento dada la reacción que tuvieron las primas de riesgo de España e Italia en los días previos al programa de 750.000 millones de euros del BCE.

Sin embargo, dada la situación excepcional que ha generado la crisis del Covid-19 se estudia flexibilizar todos esos requisitos para hacer más sencillo su uso y menos traumático. La cuestión es si los tiempos de negociación de la UE serán los que exige la emergencia económica de muchos de los países del euro.

Consultada por este periódico, la Comisión Europea no quiso pronunciarse sobre el debate abierto por Italia y respaldado ya por muchos economistas europeos e instituciones.