La reunión de política monetaria que el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) celebró a mediados de diciembre fue la primera presidida por Christine Lagarde, que en noviembre había tomado el relevo de Mario Draghi al frente de la institución. Y tal vez solo se deba a una casualidad, o tal vez no, pero el caso es que su estreno, y el adiós de Draghi, se tradujo en una incremento de la preocupación por los "efectos secundarios" que la política monetaria de la entidad puede causar en la economía y las finanzas.

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Así lo reflejas las actas de esa reunión, difundidas este jueves por el BCE. En su interior, las referencias a esos "efectos secundarios" crecen. Alcanzan ya no solo a la banca, algo que el BCE viene reconociendo en los últimos meses, sino a ámbitos más amplios. Entre ellos, el riesgo de que esté alentando una fuga de capitales hacia otros mercados "en busca de rentabilidad". O la posibilidad de que afecte a los propios hogares. 

Así, mientras que hasta la fecha la entidad admitía que los tipos de interés negativos -los de la facilidad de depósito, los importantes ahora, están en el -0,50%- perjudican a la rentabilidad de los bancos, de ahí que el BCE venga aplicando desde octubre un alivio para paliar ese perjuicio, ahora amplía esa preocupación a las familias. "También se expresó [durante la reunión] cierta preocupación con respecto al impacto potencial de los tipos de interés negativos en los hogares de Eurozona, con dinámicas de ahorro y consumo que también requieren un seguimiento de cerca", recoge el documento

ALGO SE EMPIEZA A MOVER...

Es decir, en el seno del Consejo existe la sensación de que los tipos negativos, por el nivel al que han llegado y por el tiempo que llevan bajo el 0% -desde junio de 2014- ejercen un incentivo lo suficiente poderoso como para que las familias alteren lo que hacen con su dinero. O bien porque comiencen a invertirlo en activos potencialmente más rentables, pero también más arriesgados, fuera del que sería su perfil, o bien porque aparcan el ahorro en un contexto en el que los activos más conservadores apenas rentan. 

Esta novedad, introducida en la última reunión, combinada con el siguimiento ya existente sobre el impacto de los tipos negativos en la banca, evidencia una mayor incomodidad en el BCE con los tipos negativos. En este sentido, todo indica que la entidad está preparando el terreno para introducir alguna modificación en su estrategia, que por ahora se mantiene con los últimos cambios que Draghi arrancó en septiembre. Entonces, rebajó los tipos de depósito del -0,40% al -0,50%, modificó su orientación sobre los tipos ('forward guidance') para dejar claro que como poco seguirán donde están hasta 2022, sin cerrar la puerta a bajarlos más, y anunció la reactivación de las compras netas de activos desde noviembre, a un ritmo de 20.000 millones de euros al mes. 

No habrá que esperar mucho para comprobar hasta qué punto el BCE está dispuesto ya a cambiar el paso. El próximo jueves, 23 de enero, celebrará su primera reunión de política monetaria de 2020.