Las claves
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Generado con IA
La carrera global por la inteligencia artificial se apoya sobre una infraestructura física mucho más concentrada de lo que sugiere el discurso de innovación abierta. Así lo concluye el informe Competition in Artificial Intelligence Infrastructure, publicado por la OCDE a finales de año, que analiza por primera vez de forma sistemática los riesgos de competencia asociados a la cadena industrial que sostiene el desarrollo de la IA.
El diagnóstico no es nuevo, pero sí que resulta contundente viniendo de un organismo como éste: en los principales segmentos de este mercado, desde los chips hasta el cloud, la concentración es la norma y no la excepción.
El documento parte de una advertencia clave que atraviesa todo el análisis: “Aunque las aplicaciones de IA se han vuelto ampliamente accesibles para los usuarios, la infraestructura subyacente que las sostiene sigue siendo poco visible y depende de una cadena global altamente concentrada, con barreras de entrada significativas”. Esa falta de visibilidad, subraya la OCDE, no reduce su importancia estratégica, sino que la amplifica a costa de empresas, ciudadanos y gobiernos.
La OCDE identifica varios eslabones críticos en los que un solo proveedor supera el 80% de cuota global o donde los tres mayores actores concentran más del 60% del mercado.
Por ejemplo, en litografía avanzada (tecnología imprescindible para fabricar los chips más punteros) la dependencia es absoluta: la neerlandesa ASML es el único proveedor mundial de sistemas de litografía ultravioleta extrema (EUV). Sin estas máquinas, cuyo coste unitario supera ampliamente los 150 millones de euros, no es posible producir aceleradores de IA de última generación. La OCDE advierte de que esta situación “refuerza cuellos de botella estructurales en la cadena de suministro y eleva de forma significativa los costes de entrada”, condicionando tanto la disponibilidad como el precio de estos equipamientos.
La concentración se reproduce en la fabricación de chips avanzados. Según el informe, TSMC controla más del 60% del mercado global de foundry y cerca del 90% en los nodos más avanzados. En el caso específico de los aceleradores de IA, la dependencia es aún mayor: en 2024, la propia dirección de la compañía reconocía que el 99% de estos chips se fabricaban utilizando tecnologías de TSMC.
La OCDE critica que la combinación de inversiones masivas, economías de escala y plazos de construcción extremadamente largos “hace que la entrada de nuevos actores sea, en la práctica, altamente improbable en el corto y medio plazo”.
En el diseño de chips para IA, el dominio es igualmente acusado. El mercado de GPUs para computación avanzada está liderado de forma abrumadora por Nvidia, con una cuota estimada superior al 80%. Esta posición no se explica únicamente por el hardware, sino por el ecosistema de software CUDA, que el propio Jensen Huang ha definido como “el sistema operativo de la IA”.
Desde la OCDE subrayan que esta integración entre chip y software propietario genera “altos costes de cambio y dependencias tecnológicas persistentes”, dificultando que clientes y desarrolladores migren hacia alternativas.
Concentración en la nube y la memoria
La memoria avanzada necesaria para alimentar modelos de gran tamaño constituye otro punto crítico. En el segmento de memorias HBM, esenciales para el rendimiento de los grandes modelos de lenguaje, tres empresas, SK Hynix, Samsung y Micron, concentran más del 60% del mercado global. La OCDE advierte de que, en este segmento, “la rápida evolución tecnológica y la ausencia de estándares plenamente consolidados refuerzan la diferenciación de producto y la concentración de mercado”.
El software de automatización de diseño electrónico, sin el cual resulta inviable diseñar chips competitivos, muestra una estructura similar. Más del 60% del mercado global está en manos de Cadence, Synopsys y Siemens. La OCDE reconoce que estas herramientas se han convertido en “insumos indispensables para los diseñadores de chips que operan en la frontera tecnológica”, lo que refuerza su poder estructural dentro del ecosistema.
Empero, donde la concentración alcanza su máxima expresión es en la capa de cloud computing. Según este organismo internacional, los tres grandes hiperescalares - Amazon Web Services, Microsoft Azure y Google Cloud- superan conjuntamente el 60% del mercado global. Esta posición es especialmente relevante porque la mayor parte del entrenamiento y despliegue de modelos avanzados depende de su capacidad de cómputo. El informe es explícito: “La interdependencia entre chips, centros de datos y servicios cloud crea un entorno en el que las decisiones en una capa repercuten en toda la cadena y afectan al acceso competitivo a la IA”.
Concentración horizontal y vertical
Más allá de la concentración horizontal, el documento de la OCDE pone un énfasis especial en el avance de la integración vertical. Grandes proveedores de cloud diseñan chips propios, invierten en desarrolladores de modelos y controlan infraestructuras de conectividad y energía. Al mismo tiempo, fabricantes de hardware avanzan hacia soluciones de red, software y servicios. Estas estrategias, reconoce la OCDE, “pueden generar eficiencias y acelerar la innovación”, pero también “facilitan conductas exclusorias cuando involucran actores con peso significativo en múltiples capas de la cadena”.
El riesgo no es meramente teórico. El organismo advierte de que, en este contexto, se amplifica la posibilidad de prácticas como ventas atadas, empaquetamiento de servicios o negativas de suministro, incluso sin necesidad de abusos explícitos de precios. “El control de infraestructuras críticas puede afectar de forma directa al acceso, la interoperabilidad y la capacidad de competir de terceros”, señala.
Y va a ir a más
Lo peor de este diagnóstico es que la propia OCDE reconoce que el problema puede intensificarse a medida que algunos segmentos maduren y se estandaricen, dando paso tanto a abusos unilaterales como a posibles dinámicas de coordinación en mercados con pocos actores y barreras de entrada muy elevadas.
Así, advierte de que muchas de las operaciones que consolidan estas posiciones, como acuerdos estratégicos, participaciones minoritarias o contratos de suministro a largo plazo, quedan fuera del control tradicional de concentraciones pese a tener efectos estructurales relevantes, lo que obliga a ampliar el foco de la vigilancia regulatoria.
Frente a ello, el organismo sostiene que las herramientas clásicas del derecho de la competencia siguen siendo válidas si se aplican con conocimiento técnico profundo, atención a factores como los costes de cambio, la interoperabilidad o el control de infraestructuras críticas, y una vigilancia reforzada de adquisiciones de competidores incipientes.
Todo ello, añade, debe complementarse con una labor activa de coordinación con las políticas industriales y los reguladores sectoriales, así como con cooperación internacional, para evitar que la base física de la IA se consolide como un cuello de botella estructural que limite la competencia, la innovación y la soberanía tecnológica.
