Hace un tiempo asistí a unos cursos sobre metodologías de innovación disruptivas para crear modelos de negocio de crecimiento exponenciales. Tres cosas me quedaron grabadas: la primera es que siempre buscan la escalabilidad global porque dichos modelos se basan en la abundancia, es decir, en que su mercado es el planeta entero. La segunda es que, si tú no creas tu propia competencia, otro lo hará. La tercera es que la disrupción digital puede llegar a cualquier negocio.

Actualmente, existe un debate al que deberíamos poner máxima atención sobre el impacto de las IA generativas en la creatividad. La 'plataformización' de la economía, ha pasado de lo físico a lo intelectual, hemos escalado reservar un hotel, un taxi, comprar cualquier cosa, consumir contenidos o pedir la comida a casa y ahora, con la inteligencia artificial (IA) generativa, el desarrollo de contenidos.

Los modelos exponenciales se basan en concentrar los datos de la oferta para ofrecerlo a todo el mundo, cobrando por la intermediación y el servicio de la propia plataforma y monopolizando mercados sin tener que producir nada, siendo líderes en reservas sin hoteles, de contenidos sin productora...

La IA es una herramienta nueva con la que podemos crear nuevas formas de cultura digital, nuevos contenidos y nuevas formas de expresión. Una herramienta más para los artistas, que han pasado del pincel al ratón y ahora del ratón al prompt (órdenes), igualmente con la música acústica, electrónica y ahora sintética. La IA combina datos, sean imágenes, textos o ritmos, como combinamos colores, pero en lugar de trazos, ahora entiende órdenes escritas o verbales.

En la escritura pasamos de la pluma a la máquina de escribir, de aquí al Word y ahora a la automatización dando órdenes para que combinen, en lugar de letras, datos preexistentes que han alimentado su entrenamiento en cualquier idioma y en cualquier formato, democratizando la creación.

Ante el debate si la IA substituirá al creativo, la respuesta de varios estudios es que en parte sí, porque automatiza y realiza partes de su trabajo, a la vez que una de las formas de arte serán contenidos híbridos o sintéticos y sobre todo abrirá puertas a los creadores que las utilizan.

Pero, ¿dónde está el valor? Y, sobre todo, quién lo monetiza. Las cuestiones más importantes pasan por quién controla las IA, cuál es su uso, de qué se alimentan y cómo impactan a creadores. Pero también a empresas y países, por tanto, que no sean monopolios, provoquen la desinformación, dañen la reputación –incluso la democracia– y respeten los derechos de propiedad intelectual de los contenidos con los que se han entrenado y se entrenan las IA.

OpenAI a través de su chatbot, ChatGPT, por poner un ejemplo de su categoría, da un servicio de creación, sin creadores y sin contenidos propios, cobrando por el uso de la herramienta. En este sentido, este año será decisivo porque las demandas contra OpenAI, propietaria del ChatGPT y Microsoft de Copilot, entre otros, por competencia desleal e infringir los derechos de autor, se empiezan a acumular. Varios autores y medios de comunicación han demandado a diferentes tecnológicas por ello.



La demanda del New York Times se basa en el uso de sus contenidos sin permiso por parte de OpenAI y Microsoft para entrenar sus algoritmos para desarrollar nuevos contenidos, que, en parte, se podrían identificar como plagiados. Además del impacto que tiene en la reputación del NYT que, derivados de ello, se desarrollen contenidos falsos en su nombre y que, debido a esos contenidos, se desvíe el tráfico web y, por tanto, impactando negativamente en sus ingresos por publicidad.

OpenAI ha declarado que es imposible crear una IA como ChatGPT sin infringir los derechos de autor, pero ha minimizado la demanda diciendo que los contenidos del NYT no son significativos para el aprendizaje del chatbot porque han utilizado todos los datos de internet y que el uso de datos de internet es una práctica legítima. Quizás no sean relevantes los del NYT, pero la suma de contenidos sí que es imprescindible porque sin contenidos no hay respuestas y sin respuestas no hay servicio.



Pero la interpretación de la ley de derechos de autor de Estados Unidos, que permite usos limitados de materiales protegidos para la enseñanza, la investigación o la transformación de la obra protegida en algo diferente, de momento ha dado la razón a las tecnológicas. Cualquier precedente abrirá una nueva manera de valorar y monetizar la creatividad.

PD: En la era del humanismo tecnológico, cuidado con los tóxicos, trepas, troyanos y trolls y rodearos SINERGENTES que siempre suman aptitudes, equipo y valores.