En los últimos años casi nos hemos acostumbrado a que escuchar que museos o fundaciones relacionadas con el arte replican en 3D piezas antiguas frágiles o que pueden resultar dañadas. De esta manera los conservadores o los arqueólogos pueden cuidar de ellas en un entorno más apropiado sin limitar el acceso del público a esas obras de arte que forman parte de la Historia y la cultura. Esculturas, columnas o arcos de antiguos edificios, réplicas de sarcófagos de faraones del Antiguo Egipto… Es una forma de archivar y digitalizar los contenidos museísticos para protegerlos y difundirlos al mismo tiempo.

Pero la impresión 3D está llamada ahora a jugar un importante papel en una posible “descolonización” y “repatriación” de obras de arte que llegaron a los principales museos de todo el mundo en la época colonial. Restos del Imperio Egipcio, de la Grecia clásica o de la Antigua Mesopotamia están dispersos por diferentes espacios museísticos de Londres, Berlin, Paris, Nueva York o Madrid. 

Para facilitar este proceso de repatriación, un equipo de la Universidad de Brighton, en el Reino Unido está cambiando los métodos de escaneo 3D, como la fotogrametría y la impresión 3D. La combinación de tecnologías puede permitir a los museos almacenar digitalmente sus colecciones y reproducirlas en forma física, para que puedan devolver los artículos originales a sus países de origen. El equipo investigador, dirigido por Myrsini Samaroudi y la doctora Karina Rodríguez Echavarría, está convencido de que la autenticidad de la pieza no es necesariamente lo más importante para el visitante de un museo.

“Los visitantes pueden tocar y manipular copias en 3D y también se pueden personalizar estas piezas en forma, material y tamaño” señalan desde la universidad. Además, los archivos digitales de estas piezas “se pueden compartir online y sus réplicas se pueden imprimir en otras partes del mundo. Y lo más importante, imprimir físicamente una copia de una imagen digital no depende de si el artefacto original todavía existe o no”, señalan.

Con el inicio del siglo XXI ha crecido el interés por reclamar a los museos que devuelvan piezas culturalmente importantes a sus países de origen. En 2018, por ejemplo, el primer ministro francés, Emmanuel Macron, en un viaje a Burkina Faso, se comprometió a apoyar la repatriación de los elementos del patrimonio africano.

Ese mismo año la Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano, supervisora de los Museos Estatales de Berlín, anunció su decisión de devolver nueve obras de arte a la comunidad indígena de los Chugach, en Alaska, después de que se determinase que fueron robadas de un cementerio entre 1882 y 1884. O el Museo de Manchester que ha devuelto recientemente piezas ceremoniales a pueblos aborígenes de Australia.

Debate

La polémica sobre la protección de piezas históricas importantes siempre surge cuando se aborda este tema. Hay quien sostiene que los museos occidentales tienen más recursos para mantener y preservar piezas antiguas y que su traslado tendría muchos riesgos para su conservación. Pero, por otro lado, gran parte de esa riqueza es el resultado de un pasado colonial, que vio cómo algunas naciones se hacían ricas a costa de otras. Además, en muchos casos, esas piezas que se conservan en los museos tienen mucha importancia cultural e incluso espiritual para determinadas sociedades. Una réplica en 3D podría facilitar explorar esta posibilidad.