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Un avión de la NASA sobrevuela a unos 18 kilómetros de altura algunas de las regiones más áridas del oeste de EEUU. Su objetivo es identificar en la superficie terrestre materiales críticos como el litio, el cobalto, el grafito o las tierras raras.

Todos ellos son esenciales para la transición energética y la industria tecnológica, y de ellos dependen desde la fabricación de smartphones hasta los sistemas de defensa. Comparten, además, dos problemas comunes: su escasez y su difícil extracción.

Quien controle su suministro ganará ventaja en la extenuante guerra tecnológica global que libran, sobre todo, Estados Unidos y China.

Pekín domina actualmente gran parte del mercado de estos minerales estratégicos. De ahí que, en los últimos días, Donald Trump haya recuperado su obsesión por Groenlandia.

En el subsuelo de esta isla danesa se concentran, según el Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia (GESU), yacimientos todavía sin explotar que albergan buena parte de esos minerales que la Unión Europea clasifica como críticos.

En busca de minerales críticos

Mientras se libra esta batalla en el ámbito geopolítico, la aeronave de la NASA explora alternativas en territorio estadounidense. Lo hace en el marco de la misión GEMx, en colaboración con el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).

La clave de su éxito recae en AVIRIS-5, un sensor que mide la luz solar reflejada por el suelo y que, según la agencia espacial, es el más avanzado de su tipo. Cada mineral devuelve esa luz de forma diferente y única, como si se tratara de una huella dactilar.

Gracias a esta propiedad, los científicos pueden localizar e identificar estos materiales desde el aire sin necesidad de realizar trabajos de extracción largos y laboriosos.

Desarrollado originalmente por la NASA para la exploración de otros planetas, este sensor supone un importante salto tecnológico respecto a sus predecesores: ofrece una resolución óptica dos veces mayor y una velocidad de captura de datos mucho más rápida.

Estas mejoras permiten cubrir grandes extensiones de terreno en menos tiempo y con un nivel de detalle que antes solo era posible en pequeñas áreas de estudio.

La agencia espacial estadounidense ya ha utilizado tecnologías similares para estudiar el polvo mineral en Marte o las dunas de hidrocarburos en Titán, la luna de Saturno. Actualmente, una versión de este sensor viaja a bordo de la nave Europa Clipper rumbo a la luna helada de Júpiter, con la misión de buscar indicios de la posible existencia de vida en este satélite.

Tecnología espacial en la Tierra

Hasta la fecha, el equipo de GEMx ha sobrevolado y mapeado casi un millón de kilómetros cuadrados del oeste de Estados Unidos. La escasa vegetación de estas regiones permite al sensor observar directamente las rocas y el suelo, facilitando la identificación de los materiales. Pero su aplicación va más allá.

Gracias a la información que se está recopilando, ya es posible identificar residuos mineros procedentes de antiguas explotaciones y establecer prioridades en las tareas de limpieza, rastrear especies de plantas invasoras y evaluar la salud de la vegetación.

Estos datos también se utilizan para analizar fenómenos naturales, como el polvo atmosférico o los deslizamientos de tierra, que contribuyen a una mejor gestión del territorio.

Con esta misión, la NASA demuestra cómo la tecnología espacial puede aplicarse al estudio de la Tierra y, además, proporciona información clave para asegurar el suministro de los materiales críticos que determinarán quién liderará la tecnología del siglo XXI.