Hay personas que reflexionan sobre la trascendencia de los cambios que ven a su alrededor, y luego hay personas que deciden hacer algo al respecto. Salim Ismail es una de ellas. Nació en Hyderabad (India) en 1965, creció en Toronto (Canadá), ha vivido en otros seis países de todo el mundo, ahora vuelve a estar afincado en Canadá y en el futuro quién sabe. El dónde nunca ha condicionado su determinación por hacer de la tecnología la palanca para un mundo mejor.

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Este emprendedor en serie, reconocido mundialmente por fundar Singularity University en 2008, tiene una perspectiva fantástica sobre la oportunidad del momento actual, sobre las grandes transformaciones que están por venir y sobre las fortalezas de un país como España ante la llegada de una nueva era. El lector podrá apreciar que su percepción sobre las potenciales ventajas competitivas de España como 'nación emprendedora' no coincide exactamente con el discurso que a veces tratamos de proyectar desde nuestro país. Por mucho que reformuláramos la pregunta, en su opinión España es un país con buen clima, buenas condiciones de vida y gente con una personalidad cercana y creativa. ¿Y si debiéramos ceñir a estos activos nuestro posicionamiento como potencial polo de talento internacional, y olvidar lo demás? ¿Y lo que España necesita realmente es más y mejores embajadores de la innovación made in Spain?...  

  • - Ha visitado España en numerosas ocasiones. También ha participado en eventos recientes como el reciente Barcelona Digital Talent Day impulsado por Mobile World Capital Barcelona -¡lástima que fuera virtual!-. ¿Podría usted plantearse vivir en nuestro país?

Me encantaría. Pasé mucho tiempo en la década de los noventa viviendo en Irlanda, Reino Unido, Holanda, Bélgica…, todos ellos países fríos y lluviosos, así que por supuesto que me gustaría pasar un tiempo en España. Ahora mismo vivo a caballo entre Canadá y Estados Unidos por motivos familiares, por lo que intuyo que me quedaré por aquí una temporada, pero sin duda hay cosas que me atraen de España. Estoy fascinado por la creatividad y la pasión de su gente. Esto es algo muy importante, porque la transformación que afronta el mundo -una transformación basada en el propósito- necesitará mucha creatividad y mucha pasión. Sinceramente, no percibo ese mismo espíritu en Canadá, en términos relativos...

  • - ¿Cree que España tiene potencial como polo de atracción de emprendedores o de teletrabajadores del sector tecnológico?

La combinación del clima, la buena gastronomía y la cultura es muy poderosa, fuente de esa creatividad natural de los españoles. Ésa es la percepción que se tiene de España desde Canadá o desde Silicon Valley, y creo que es un activo muy valioso. Lo plantearé de otro modo: nos hemos pasado 200 años de revolución industrial tratando de que las personas actuaran como robots y midiendo su valor en términos de eficiencia y de su capacidad para hacer una misma cosa de forma repetitiva. Durante los próximos 100 años, valoraremos a las personas por cómo de creativas, pasionales y, en definitiva, humanas sean. España es uno de los lugares donde creo que existe una cultura orientada a estos skills.

  • - Uno de los muchos lugares en los que ha vivido es Silicon Valley. ¿De qué modo se percibe desde allí la innovación tecnológica 'made in Spain'? ¿Se reconoce a España como un país puntero en nichos como la tecnología biomédica?

Cuando hablamos de innovación tecnológica española, más que en el ecosistema, yo pienso en personas que creo que están haciendo un trabajo destacado. De hecho, algunos de los mejores emprendedores que conozco son españoles. En el campo de la tecnología médica, destacaría por ejemplo a Martín Varsavsky (originario de Argentina pero naturalizado español). Creo que tiene una mente increíblemente clara sobre qué es posible, combinada con una fuerte pasión intelectual. O Juan Martínez-Barea, fundador de la biotech sevillana Universal DX. O Álex Ness, fundador de Welwaze Medical (con sede en Miami), que es de Barcelona y está construyendo un dispositivo de detección del cáncer de mama que podría erradicar esta enfermedad. Ésas son las cosas que captan mi atención y que me emocionan. 

  • - A pesar de estos ejemplos o de las fortalezas como país que usted señala, en España tendemos a ser muy críticos e incluso escépticos con nosotros mismos…

Coincido con que una actitud crítica conduce a subestimarse, pero por otro lado es algo positivo porque te hace cuestionarte las cosas y eso te abre la mente. Los franceses, por ejemplo, no se hacen las suficientes preguntas…

  • - Muchos países han tratado de replicar el modelo de Silicon Valley, sin éxito. ¿Cuál diría usted que es el ingrediente secreto de su éxito?

Sin duda, la aceptación del fracaso como una experiencia valiosa. En la mayor parte del mundo, incluso en la costa este de Estados Unidos, fracasar en los negocios está estigmatizado y se asume como un fracaso personal. En Silicon Valley, en cambio, la pregunta es qué has aprendido de tus errores y cómo vas a aplicar ese aprendizaje en tu próximo proyecto.

La primera vez, entregas demasiado capital donde no debes y fracasas porque tu cap table es un caos. La segunda, asignas el precio equivocado a tu producto. La tercera vez fallas en la aproximación al mercado. A la cuarta, la crisis financiera te ahoga… Hay que aceptar que existen factores que simplemente están fuera de tu control. Los errores del pasado te enseñan a mitigar los riesgos. Es una cuestión de tiempo y práctica. Lo mismo ocurre al tocar el piano: seguramente al principio seas muy malo, pero no por ello deberías dejar de tocar sino, al contrario, seguir practicando. Casi todos los grandes emprendedores de Silicon Valley, como Reid Hoffman, han fracasado cuatro o cinco veces antes de dar en el clavo.

  • - En España, el problema de emprender un negocio y que no salga adelante es que puedes acabar pagándolo con tu patrimonio personal. ¿Acaso no es también una cuestión económica?

Por supuesto que lo es. Además de la aceptación cultural del fracaso, es importante reseñar que en Estados Unidos, y particularmente en California, es muy sencillo cerrar un negocio.

Os contaré una anécdota personal: hace tiempo abrí en India una filial para hacer desarrollo de software, no salió bien y me costó siete años cerrarla. Siete años. ¿Qué probabilidades hay de que vuelva a montar un negocio en India? Ninguna, ¿verdad? También en España resulta complejo e incluso caro pasar página. La regulación de un país puede marcar una gran diferencia en estos asuntos.

  • - Silicon Valley es el gran referente internacional, pero recientemente su modelo está en entredicho. ¿Cuál es el motivo por el que algunas personalidades y empresas se estén trasladando a Austin (Texas) o a la costa este?

Yo viví siete años en Silicon Valley. Desde mi punto de vista, uno de los grandes problemas es que allí vives en una burbuja insular; socializas con las mismas personas con las que trabajas. Terminas por no ver nada más que tu pequeña realidad, todo gira en torno a una única conversación imperante, e incluso acabas cansado de estar siempre rodeado de la misma gente. Creo que ése es uno de los motivos por los que Elon Musk y otros están yéndose.

  • - ¿Cree que los próximos grandes emprendedores saldrán de Silicon Valley?

No. Antes de nada, quisiera puntualizar que el 52% de los CEOs en Silicon Valley no son americanos. Es decir, hablamos de un nodo de atracción de talento internacional. Todo aquel que esté lo suficientemente loco para querer hacer algo disruptivo será allí acogido con absoluta naturalidad. Aun así, el gran motivo por el cual considero que el próximo Mark Zuckerberg aparecerá en otra parte del mundo tiene que ver con la democratización del acceso a la tecnología.

Hoy, mucha gente tiene acceso a capital, todo el mundo puede lanzar una campaña de crowdfunding, el blockchain está basado en tecnologías libres… Por comparar, si hace apenas diez o quince años costaba unos 10 millones de dólares montar una startup de software en Silicon Valley, hoy puedes hacerlo por unos 50.000 dólares.

  • - Blockchain, inteligencia artificial, energía solar… ¿De dónde cree que provendrá la próxima gran disrupción?

Todas esas tecnologías, por sí mismas, van a cambiar el mundo. Existe una docena de tecnologías exponenciales acelerando su paso, todas al mismo tiempo. Podríamos estar ante, fácilmente, veinte próximos 'momentos Guttenberg'. Pero la verdadera gran disrupción vendrá de la transición de un mundo de escasez a un mundo de abundancia. Me explico: hasta ahora, el mundo era un juego de suma cero y el valor provenía de saber gestionar bien unos recursos limitados. Pero con la energía solar, por ejemplo, podremos tener abundancia de energía. Otro punto de inflexión lo originará la extensión de la esperanza de vida, una vez que combatamos enfermedades como el cáncer. Es una transición de una escala nunca vista, y ocurrirá en los próximos veinte años.

  • - ¿Estamos preparados?

En absoluto. Ni culturalmente, ni institucionalmente, ni legalmente. Lo primero que debería cambiar es el sistema educativo. Seguimos formando a los jóvenes para un mercado laboral que ya ni siquiera existe para cuando terminan sus estudios.

Queda mucho por hacer para cambiar la mentalidad de la gente. El populismo y el nacionalismo, simplemente, no tienen cabida en un contexto de abundancia.

  • - Hace años que se habla de algunos de esos problemas estructurales, pero da la impresión de que las instituciones no lo asumen, o al menos no a la velocidad que debieran…

Yo lo llamo 'el problema del sistema inmune': cuando procuras hacer algo disruptivo en un entorno tradicional, los 'anticuerpos' te atacan. Por eso los bancos atacan el Bitcoin y los taxistas atacan a Uber. Se convierte en una discusión política, en lugar de una conversación basada en hechos.

El motivo por el cual ese entorno no cambia es porque mucha gente prefiere estar cómoda a feliz; se sienten cómodas haciendo las cosas de siempre e inquietas ante la incertidumbre que les suscita lo desconocido. Nuestro trabajo en OpenExO es precisamente convertir esta transformación necesaria en un fenómeno global.  

  • - Y en todo este contexto ya de por sí desafiante, un virus desconocido se convierte en pandemia y deja la economía mundial en una situación límite. ¿Estamos ante la última oportunidad de hacer las cosas bien?

Tenemos ante nosotros una oportunidad increíble. Estoy convencido de que, una vez que superemos la pandemia, algunos líderes tratarán de volver a lo de antes. Sería un gran error porque las viejas estructuras se han demostrado ineficaces para luchar contra el cambio climático, contra la desigualdad económica y contra otros muchos grandes retos. Ahora podemos empezar de nuevo, pero siguiendo otra dirección. Que Dios nos ayude si intentamos volver donde estábamos.