Cuando hablamos de cultura, uno podría pensar en impresionantes obras de arte, composiciones musicales que nos saquen la lágrima o edificios de diseños extraordinarios. Sin embargo, existe otra forma de cultura invisible cuyos protagonistas somos cada uno de nosotros, moldeándola a diario. Es la cultura social, la de las relaciones que establecemos los unos con los otros y que configuran el imaginario colectivo que compartimos como grupo. Y, como prima hermana de la anterior, encontramos la cultura corporativa, aderezada a su vez con las condiciones laborales y las premisas de cada compañía a la hora de sacar el máximo rendimiento de sus profesionales. 

Hasta aquí nada nuevo. Lo diferencial viene a la hora de determinar quién es el responsable dentro de la empresa de asegurar que la cultura corporativa esté a la altura de los tiempos que corren. Históricamente, se trata de una función reservada al responsable de recursos humanos, pero la transformación digital promete cambiar este enfoque o, cuanto menos, ampliar el espectro.

A los datos me remito: un estudio de la firma de análisis Gartner apelaba estos días a que el 67% de las empresas a escala global ya ha iniciado o completado procesos de cambio cultural para abordar la digitalización de sus negocios y operativas cotidianas. Razón no les falta: en el 50%, de los casos (esto es, un cara o cruz) los proyectos de transformación digital acaban fracasando y las reticencias culturales suelen estar detrás de esos desastres.

Teniendo en cuenta este punto de partida, no debería extrañarnos que estos expertos apelen ya a que, para el año 2021, los CIO sean tan responsables del cambio cultural como los directores de recursos humanos. Unos aportarán el conocimiento preciso sobre el impacto que las nuevas tecnologías tendrán sobre los empleados; los otros su experiencia y bagaje en la gestión de trabajadores en todos los otros niveles, llamémosles más tradicionales. 

rnLa duda que surge a renglón seguido, dando por buenas estas predicciones, es cómo será la convivencia entre CIO y directores de recursos humanos. Ni hablan el mismo lenguaje, ni tienen las mismas prioridades ni la misma concepción de la urgencia en lo cambios. El tiempo marcará el diagnóstico al respecto.

rn