Andrés, Edgar, Natán, Óscar, María, Alejandro, Santiago, Aitor, Fernando y Víctor han acabado su curso intensivo de programación web. Su sonrisa les delata: de vivir un presente de trabajos precarios a abrir de par en par una puerta hacia un futuro muy diferente gracias a las habilidades que acaban de adquirir.

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¿Quién dijo que este sector no era para ellos? ¿Quién dijo que no podían ganarse la vida en una empresa tecnológica? ¿Quién se atreve a decir ahora que el muro de la discapacidad es impenetrable?

Ya lo habrán deducido. Nuestros 10 protagonistas son discapacitados y forman parte del programa Por Talento Digital de Fundación ONCE, en el que colabora Inserta Empleo, su entidad para la formación y el empleo.

Tras un curso de cuatro meses en el que también participaron otros cuatro alumnos que no pudieron concluir la formación, su dominio de la programación 'Full Stack' es total. Los desarrolladores 'Full Stack' son los encargados de manejar cada uno de los aspectos relacionados con la creación y el mantenimiento de una aplicación web.

Ellos ya pueden desempeñar esa tarea gracias a un programa formativo que ha contado con la colaboración de Cap Gemini y, sobre todo, de la empresa gallega de software Hack a Boss y su escuela de programadores.

Uno de los talleres sociales que se realizan en Hack a Boss.

Esta compañía, nacida en 2018 con dos trabajadores y que ahora cuenta con una plantilla de más de 30, es la base no solo de este programa para discapacitados sino de muchos otros de carácter social.

El éxito de Hack a Boss se mide por la ingente cantidad de alumnos que tiene, alrededor de 250 cada año. Pero también se mide por su vertiente social, como demuestra este programa desarrollado con la Fundación ONCE y otros en marcha como el que forma a mujeres víctimas de violencia de género, a desempleados de más de 45 años y a personas en riesgo de exclusión social por su raza.

"Para nosotros es muy importante. De hecho, cuando aún éramos una empresa con apenas 7 trabajadores, uno de ellos ya era responsable de Responsabilidad Social Corporativa (RSC)", explica a D+I el CEO de la empresa, Pablo Rodríguez.

Para este directivo, la programación y la tecnología es un "ascensor social". "Quien sabe programar, quien domina la tecnología, puede acceder a todo", explica, citando el ejemplo de los discapacitados que han acabado el curso. 

En el caso de colectivos desfavorecidos "se busca que, a través de la formación, tengan una vía de escape, un futuro".

Un nuevo proyecto para invidentes

El caso es que ahora esta vocación está dando interesantes frutos. El próximo programa, íntimamente relacionado con el que acaba de finalizar, tratará de "fabricar" -verbo que Rodríguez emplea constantemente- programadores invidentes.

"Es alucinante. La tecnología no deja de sorprendernos. En el programa para discapacitados descubrimos que un invidente puede programar, gracias a un sistema por voz", revela el CEO de Hack a Boss.

Y es que el sector de la programación no deja de sorprender, si bien arrastra algunos problemas endémicos. "Precisamente nosotros creamos la escuela porque vimos que hay muy pocos programadores y digamos que la educación pública reglada arrastra algunas carencias", reflexiona Rodríguez.

En este sentido, "la sociedad ha cambiado con la tecnología y los estudiantes quieren inmediatez, resultados, acción...". En cambio, recalca, "en el primer curso de la ingeniería informática el lenguaje que se utiliza es el de los años 70: se aburren". Al menos, admite, "en la FP la formación se acerca más a la realidad".

Esa carencia educativa fue la que llevó a Hack a Boss a pasar de ser una empresa de software a convertirse en una escuela de negocios. A día de hoy, esta escuela ya representa el 85% del negocio. Señal inequívoca de éxito.

Un cambio de mentalidad

Hablando del sector y de las nuevas demandas de los estudiantes, "alejadas del largoplacismo", Pablo Rodríguez reconoce que "es necesario un cambio de mentalidad en las familias".

Aún a día de hoy, cuesta imaginar a un chico de 16 años diciéndole a sus padres que no quiere ir a la universidad y que quiere entrar en una escuela de programación. "Cada vez más detectamos ese cambio de mentalidad pero es verdad que cuesta imaginarlo", reconoce.

Ahora bien, Hack a Boss, en otra de sus iniciativas de carácter social, también ha encontrado una solución al respecto.

En noviembre lanzó Hack a Boss Kids, un curso de larga duración que implica a los más pequeños en la tecnología buscando, al menos, despertar su interés y que, "a la vez, implica a los padres a la hora de conocer este sector y todas las posibilidades de futuro que ofrece para sus hijos e hijas".

Por cierto, y a propósito del desdoblamiento de género en 'hijos e hijas'. "La brecha de género en el campo de la programación es aún muy importante y programas como el Hack a Boss Kids pueden servir para cambiar la tendencia.

La propia escuela de programadores presenta "niveles decentes pero aún bajos", con entre un 25% y 35% de chicas.

En definitiva, esta escuela de programadores se está convirtiendo en una cantera de primer nivel a la vez que fomenta la inclusión social en un sector clave para el futuro. Es más, grandes empresas recurren a esta compañía para la selección de talento especializado en programación.

Y nuestros 10 protagonistas ya forman parte de ese ecosistema de talento tecnológico. "Decidí estudiar programación porque me gusta la tecnología", reconoce Óscar, consciente de que "actualmente es lo más demandado a la hora de encontrar empleo" -ha estado años trabajando en el mantenimiento técnico de fábricas-.

O, como recalca María, "yo dije que me quería dedicar a esto y el día de mañana espero que mis aplicaciones se vean".