Miami (EEUU)

Muy cerca de la estación de tren de Palo Alto, a un paseo de la Universidad de Stanford, en una zona residencial pero con alma de garaje se encuentra Pear VC, un venture capital atípico, firme en sus convicciones, diverso, con una receta única que en los últimos meses se ha convertido en el lugar mítico. La pandemia ha obligado a cerrar y trabajar desde casa. Antes de la emergencia sanitaria, rara era la tarde en la que no aparecía una de las leyendas de Silicon Valley para compartir conversación.

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Detrás de Pear VC están dos perfiles atípicos: Mar Hershenson, catalana que se fue a estudiar a Stanford en los 90 y allí se quedó, donde además da clase, y Pejman Nozad, iraní con una gran intuición y don de gentes.

Mar tomó el apellido de su marido, como sigue siendo lo habitual en Estados Unidos. Ingeniera, profesora, emprendedora y también inversora, la faceta en la que destaca en los últimos años. Cuando nació Pear los miraron raro. En los dos últimos años han tenido dos salidas a Bolsa, las IPOs, como se llaman en Estados Unidos, un hito reservado para muy pocos emprendedores.

'Once, you are lucky. Twice, you’re good'

En 2018 se estrenó en el parqué Guardant Health. Allí estaba Mar, junto al equipo fundador, tocando la campana en Wall Street. Una startup de salud liderada por, Amir Ali Talasaz, un inmigrante de origen iraní llegaba a lo más alto. Guardant tiene una valoración superior a 12.000 millones de dólares.

A finales de 2020 se corroboraba su olfato. Una segunda salida pública, esta vez más sonada: Doordash pasaba a cotizar en el mercado. Doordash se puede considerar como el sistema operativo de los restaurantes. Permite gestionar no solo las entregas, sino también parte de su funcionamiento interno. Compite directamente con UberEats

Una vez podría ser un golpe de suerte. Dos, indica algo más. Una forma de hacer las cosas, de vislumbrar el potencial de un emprendedor. “Nosotros damos primero. Nos gusta invertir y dar confianza. Y, bueno, también ha habido decepciones, pero normalmente algo bueno sale”, explica la inversora.

Doordash, un caso especial

Doordash fue de las primeras inversiones del primer fondo de Pear. “Cuando llegó Tony -el fundador- ya nos habían dicho que era increíble. Y lo era. Se pasaba el día de restaurante en restaurante. Haciendo preguntas. Lo quería saber todo. Hablamos con Oren y estábamos de acuerdo”, relata. Oren es un conocido personaje de Silicon Valley, que, además tiene una cadena especializada en hummus, el puré de garbanzos.

Al hacer la due diligence -diligencia debida, podría ser una traducción, el análisis profundo antes de invertir- se dieron cuenta del gran potencial del equipo: “Todos eran estudiantes de Stanford. Estaban encerrados, por pizarras con ruedas, haciendo estudios de mercado, encontrando cómo mejorar hasta el más mínimo detalle”.

Uno de los puntos clave para conseguir entrar como inversores fue ayudar de manera efectiva. “Muchos querían invertir. Nosotros también. Necesitaban un UX designer. Removimos cielo y tierra para conseguirles el mejor. Entonces sí, encontramos el hueco para entrar en la ronda semilla. Después seguimos en la Serie A y la B. No vendimos nada en todo este proceso. Aguantamos”, confiesa con un aire entre risueño y naif. Los 1,9 millones de dólares invertidos pasaron a ser 440 millones en el momento de salir a Bolsa.

Mar, cada vez más interesada en el ecosistema español, es consciente de que en España los inversores ángeles suelen salir en la serie A: “Aquí los LPs -limited partners- nos dieron libertad para decidir”.

Pejman Nozad, un socio único

Su compañero al frente del fondo es, además, uno de los personajes más carismáticos y queridos de Silicon Valley. Llegó de Siria y comenzó vendiendo alfombras persas en Palo Alto, donde comenzó a conectar con los emprendedores locales. Ahí empezó, con modestia y muchas ganas de aprender, a invertir en startups. Poco a poco se hizo con un nombre con inversor, hasta poder dejar la venta de alfombras y dedicarse solo a las startups.

El equipo de Pear VC, durante una visita de Dídac Lee

Un factor diferencial de Pear es la comunidad que crea a su alrededor. Durante la pandemia estos eventos se replican online con Pejman como maestro de ceremonias. Cuando todavía nos podíamos abrazar, tarde sí y tarda también la flor y nata de Silicon Valley compartía pizza y cerveza con los que estaban en la oficina-garaje.

Por allí han pasado Jeff Jordan, de Andreessen Horowitz, para contar cómo fue su relación en la serie B de Airbnb, o Chamath Palihapitiya, uno de los personajes más admirados, cerebro de Growth en Facebook, relatando la compra de los Golden State Warriors con las estadísticas de los jugadores como sensores a la hora de hacer un equipo ganador de anillos de la NBA. Todo en un ambiente íntimo, cálido. Tarde sí y tarde también podía hacerse de noche mientras 40 personas compartían sueños. Ahora, a través de Zoom llegan a ser 400 los asistentes. Así es como Jeff Housenbold, socio de Softbank entró en el deal de Doordash, cuando fue a una de sus charlas.

No todo son éxitos

Por el camino también ha quedado algún cadáver. Algo que asumen con naturalidad. Propio de este tipo de inversiones e indicador de que no hay aversión al riesgo. 

Es el caso de Wash.io, una lavandería en remoto y bajo demanda tuvo que cerrar. “En la Costa Este les cuesta entender esto. Aquí muchas veces sabemos que no va a funcionar, pero si funciona será algo gigante. Muchas startups no cierran pero tampoco crecen. Nosotros sabemos que de 10 inversiones, cinco cierran. Tres estarán OK y dos van a ir para arriba. Y, sí, hay que tener paciencia. Al principio nada funciona”, explica con toque didáctico.

Pear VC ya gestiona tres fondos, centrados en las mismas fases pero de diferente cuantía. El primero fue de 50 millones de dólares. El segundo de 74 millones. El tercero, 160 millones. En este último, además, se invierte en su aceleradora. En total ya son 12 los miembros del equipo de Pear.

La oficina-garaje de Pear VC.

Y Combinator, lo reconoce, sigue siendo líder a la hora de firmar el primer cheque y dar la primera formación en cómo manejarse en Silicon Valley, pero no es la única. En Pear han lanzado un programa de aceleración para 15 startups. El programa fue en remoto en 2020, por exigencias de la pandemia, lógicamente.

El programa de tres meses incluye 150.000 dólares de inversión a cambio del 5% de la compañía, bastante más generoso que las propuestas habituales en etapas tempranas. Además de formación, oficinas y, quizá lo más valioso, acceso único a su red.

España, sin barreras

Mar considera que Pear VC es el mejor fondo de Estados Unidos para startups que vengan de fuera. Por motivos obvios: “Hacemos más fácil la llegada y hay mucho talento por descubrir”. Aunque solo sea para pitchear, para saber cómo es la cuna de la innovación. “Si viene un founder con mentalidad grande, se le ayuda. Pueden entrar en nuestra página web y mandar su aplicación. Aquí estamos Pejman y Mar para ayudar”.

La inversora está promoviendo una iniciativa que pronto saldrá a luz para que más startups de España den el salto a Silicon Valley.