Una imagen de la mesa redonda.
Emoción, ciencia y tecnología: así se construye la educación ambiental del futuro
Así ha quedado patente en una de las mesas redondas del V Foro de Educación, Innovación y Economía de EL ESPAÑOL de Málaga, celebrado este miércoles y jueves.
Más información: Academia y empresa se dan la mano en Málaga: las claves de la formación a la carta según Les Roches, ESSCA y Meliá
La educación ambiental no es entendida ya como un complemento del sistema educativo, sino como un eje transversal capaz de transformar la relación de la sociedad con la naturaleza. Así ha quedado patente en una de las mesas redondas del V Foro de Educación, Innovación y Economía de EL ESPAÑOL de Málaga, celebrado este miércoles y jueves.
En el debate han participado Fernando González, director ejecutivo de la Fundación Bioparc; Pedro Beneit, revenue manager para Iberia y Latam de Edpuzzle; y Juan José Robles, jefe de Exposiciones y Museología del Parque de las Ciencias de Granada.
Estos expertos han analizado el papel de la educación ambiental como herramienta clave para la conservación de la naturaleza, su capacidad para generar conciencia a través de la emoción y la tecnología, y los retos pendientes para reforzar su impacto en la sociedad.
González ha subrayado que la indiferencia es “el peor enemigo de la conservación”. En su intervención ha defendido el papel de los espacios de contacto directo con la naturaleza como Bioparc, donde el visitante “entra en la selva” y vive un encuentro real con los animales.
“Ese encuentro es infinitamente más potente y te abre puertas hacia un compromiso de conservación”, ha señalado. Para González, el reto no es solo transmitir conocimiento, sino generar interés y emoción: “Lo importante es que le apetezca, que haya curiosidad. A partir de la sorpresa empieza un largo proceso educativo”.
También ha destacado el valor intergeneracional de estas experiencias: “A menudo el niño enseña al padre. Se produce un aprendizaje compartido en el que los pequeños tiran de los mayores”.
Desde la perspectiva educativa y tecnológica, Beneit ha puesto el foco en cómo las herramientas digitales han contribuido a mejorar los procesos de enseñanza y evaluación.
“Se ha podido activar la atención del alumnado, personalizar el aprendizaje y validar continuamente lo que van aprendiendo”, ha explicado. En su opinión, la educación debe trascender el aula y las experiencias prácticas generan una huella difícil de igualar por la explicación teórica.
Beneit ha insistido en que el aprendizaje es continuo a lo largo de la vida y que hoy se toma mayor conciencia sobre temas como la biodiversidad. “El contenido se ha democratizado, pero resulta más difícil personalizar el seguimiento del aprendizaje. Ahí la tecnología es clave para apoyar al profesorado”, ha añadido.
Mesa redonda. La importancia de la educación en la preservación del medio ambiente
Por su parte, Robles ha aportado la visión desde la experiencia acumulada en el ámbito museístico y divulgativo. Ha recordado que las instituciones educativas y científicas han cambiado mucho en las últimas décadas, pero ha advertido que aún ha quedado camino por recorrer.
“Después de 30 años de educación ambiental, soy algo pesimista: todavía queda mucho trabajo por hacer, y solo se puede avanzar desde la formación y la ciencia”, ha afirmado.
Robles ha destacado la importancia de la experimentación directa para despertar el interés del público, poniendo como ejemplo los talleres del Parque de las Ciencias de Granada, donde actividades sencillas generan gran impacto: “A veces lo más efectivo ha sido una mesa, unas macetas y pequeños insectos camuflados. Eso es lo que ha despertado la curiosidad”.
Los tres ponentes han coincidido en que la educación ambiental tiene que combinar rigor científico, emoción y experiencias reales. No basta con transmitir conceptos: es necesario conectar con las personas para generar conciencia y cambio.
“La ciencia es la base”, ha recordado Robles. En esa misma línea, González ha insistido en que el discurso científico tiene que llegar “desde la emoción”, mientras que Beneit ha defendido el papel de la tecnología como herramienta de apoyo, nunca como sustituto del proceso educativo.