Carmen Lucas-Torres María Peral

15 minutos. Es el tiempo que los 12 acusados del juicio del procés tenían para exponer su último alegato de defensa ante el Tribunal que les juzga por los delitos de rebelión o sedición, malversación y desobediencia, con distintas penas que van de los 7 a los 25 años de prisión, según el caso concreto.

Ninguno de ellos agotó ese espacio del reloj que tenían para defenderse por última vez antes de que los magistrados se retiraran a deliberar sobre la sentencia. Unos con mayor vehemencia y otros con menos, han coincidido en presentarse como representantes de un pueblo, el catalán, que quiere decidir frente a un "Estado que no respeta los derechos fundamentales y lo impide". Junqueras, que fue uno de los más breves, pidió al Tribunal "devolver el asunto a la Política, de donde nunca debería haber salido". 

Unos apelaron a la sensibilidad de los magistrados, como Jordi Cuixart, líder de Òmnium Cultural, que contó que ha concebido un hijo en prisión y nacerá en octubre, o Rull, que dirigió unas cariñosas palabras en catalán a sus padres y su esposa. 

Lágrimas y poesía

Los acusados también agradecieron a sus abogados el apoyo que les han brindado durante los dos años de instrucción y juicio. Un agradecimiento que provocó emoción en el letrado Jordi Pina, defensor de Jordi Sànchez, Jordi Turull y Josep Rull, al que se le llegó a escapar alguna lágrima. 

Las citas literarias también abundaron para ejemplificar algunas ideas. Jordi Sànchez parafraseó a Hannah Arendt o al poeta Joan Maragall y Santi Vila a Jaime Gil de Biedma para referirse a los "malos gobiernos". Sólo él se reivindicó como defensor de la Constitución. 

En lo que todos coincidieron fue en la desproporcionalidad de las penas solicitadas por las acusaciones pues sostienen que en ningún caso incitaron a la violencia ni pusieron en peligro a la población.