Pocas notas han tomado este martes los magistrados del 'procés'. Los conflictos que han provocado los primeros testigos llamados por la defensa de Jordi Cuixart han dejado en un segundo plano el contenido de sus declaraciones, de todos modos poco novedosas a estas alturas de juicio.

El primer rifirrafe saltó sólo doce minutos después de que el primer declarante del día, Ramón Font, portavoz nacional de Ustec, el sindicato mayoritario de maestros de Cataluña, empezara a testificar. Adornado con una llamativa sudadera amarilla, Font hablaba lento, introduciendo comentarios que no se le habían pedido, valoraciones ajenas a las preguntas...lo que siempre es inadecuado, pero más ante un tribunal que ha escuchado ya a más de 400 testigos.

El abogado Benet Salellas quiso saber hasta qué momento estuvo Font en la manifestación del 20 de septiembre ante la Consejería de Economía, donde se practicaba un registro por orden judicial. "Eso cuesta decir un poco", se arranca el testigo, "porque estaba viendo en directo -que no es lo mismo que ver un vídeo- en casa, cenando, cómo Sànchez y Cuixart se subían al coche [de la Guardia Civil] y a mi no me quedó ninguna duda de que estaban enviando a la gente a su casa, que estaban colaborando con las autoridades".

- "Sin perjuicio de que eso lo aclare luego, el letrado le ha preguntado qué tiempo estuvo allí presente. Lo que interesa no es lo que vio en la tele, sino lo que percibió en el lugar", le indica suavemente Marchena.

Salellas también intentaba centrar el interrogatorio del testigo pero Font se iba por las ramas. "Don Ramón, fíjese que lo que el letrado le pregunta es si su sindicato apoyó la huelga del 3 de octubre. Se puede contestar incluso con un monosílabo", se esforzaba Marchena. "¿Esa era la pregunta? La apoyaba, sí".

Once minutos después la abogada del Estado, Rosa Seoane, le pregunta "si solicitaron autorización de los titulares de los centros educativos para ocuparlos" durante el fin de semana del referéndum ilegal del 1-O. "Esa pregunta confunde", se permite valorar Font. "Usted ha dicho la palabra 'ocupación', que es una palabra que nadie de Escuelas Abiertas [la iniciativa de Ómnium y otras entidades para que la gente se mantuviera desde el viernes en los centros de votación] utilizó. No sé por qué usted la utiliza".

- "No, mire", interrumpe de nuevo Marchena, que sigue en tono tranquilo. "Más allá del matiz que usted quiera hacer sobre las preguntas de la abogada del Estado, hay una cosa fundamental que ella quiere saber: si ustedes se dirigieron a los titulares de los centros para permitir el desarrollo de esas actividades. Se puede contestar con un monosílabo (...) si es tan amable... es muy sencillo. Se formula una pregunta, la pregunta se declara pertinente y usted responde".

- "¿Es necesariamente con un monosílabo la respuesta?", repregunta el testigo

- "No, no. Si usted quiere introducir algún matiz por supuesto puede introducirlo, pero no entremos en el debate sobre el significado del vocablo ocupación", le señala pacientemente Marchena.

Pero Font vuelve a hacer lo que le da la gana: "En pedagogía desde muchos años ya hay una manera de reducir la distancia entre el alumno y la institución y eso mejora el aprendizaje. Eso hace que la comunidad educativa participe y se tome como suya la escuela..."

- "Don Ramón, en eso estamos todos de acuerdo", interrumpe de nuevo Marchena. A su lado, unos magistrados miran al techo y otros a la mesa. Caras de estar cansados de perder el tiempo.

- "Muy bien, pues me alegro", replica Font.

- "Pero es que no ha contestado. Una vez que conteste hace los matices. Pero, por favor, conteste la pregunta", le invita Marchena.

- "¿Quiere un monosílabo, entonces?"

Marchena se harta: "Mire, quiero que responda a las preguntas de la Abogacía del Estado. Y aquí no podemos estar perdiendo el tiempo. Esto tiene consecuencias legales si nos hace perder el tiempo. Usted va ahora a responder. Si quiere responder con un monosílabo y luego lo matiza, lo hace. Pero hablarnos de la proximidad de la comunidad educativa con el alumno no tiene ningún sentido".

El incidente, que finalmente permite saber que ocuparon los centros educativos "sin permiso", es sólo el primero de una secuencia de tensión que continuó con los dos testigos siguientes.

"¿Tiene algún vínculo con los acusados?", pregunta Marchena a la segunda compareciente, la profesora de Filosofía en la Universidad Abierta de Cataluña Marina Garcés. "En el caso de Jordi Cuixart tenemos un café pendiente desde hace un año y medio. Pero está siendo un poco difícil, como es obvio", contesta aludiendo a la situación de prisión del presidente de Òmnium Cultural. "Le pregunto si tiene alguna relación, no cuánto tiempo lleva sin tomarse un café con el señor Cuixart. Intente responder a las preguntas que le formule yo y las partes", zanja Marchena.

De ahí el tribunal pasó a enterarse de que Garcés pasó la noche previa al 1-O "con décimas de fiebre", que estuvo por la mañana en una entrevista "en un estudio de radio silencioso y estupefacto por las cargas policiales", que la prohibición del referéndum le pareció "incomprensible y triste", que el 1-O "alucinó" y cosas de similar relevancia. Hasta que Marchena se cansa: "Mire, usted no viene aquí para explicar al tribunal su grado de alucinación, su estado febril...Viene exclusivamente a explicar lo que pasó. Sus apreciaciones personales no tienen ningún interés y no podemos perder el tiempo".

El tercer testigo, el abogado Lluis Matamala, acababa de tomar asiento cuando surgió el conflicto.

- ¿Puedo plantear una cuestión, señoría?

- No, usted viene aquí...

- Pedí por escrito poder hablar en catalán.

- Usted es jurista, ¿no? Le supongo conocedor de la ley y de todas las explicaciones que ya ha dado este tribunal. Va a contestar en castellano. Si no quiere, esto es muy sencillo: se levanta, asume las consecuencias legales de su negativa a contestar y hemos terminado.

Pero Matamala seguía replicando y protestando, lo que llevó al presidente del tribunal a advertirle de que si continuaba así sería expulsado y tendría que asumir las consecuencias penales y disciplinarias. "Y esas notas que tiene usted, en la mesa de al lado". Al final, Matamala obedeció.