Es difícil imaginar una vida más penosa que la de las dos jóvenes nigerianas que han conseguido llevar a sus explotadores sexuales a juicio en la Audiencia Nacional. En busca de una vida mejor vendieron su futuro a cambio de 40.000 euros que no tenían y que pagarían con su trabajo a lo largo de los años. Ese trabajo resultó ser la esclavitud sexual. 

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Antes de llegar a Bilbao, donde fueron objeto de "mercadeo" de sus proxenetas según ha declarado un agente de la Ertzainza durante la primera sesión del juicio este jueves, atravesaron una auténtica odisea. Las mujeres pagaron a la organización que les trajo a España en Benin City (Nigeria) desde donde cruzaron África en condiciones infrahumanas. Después se embarcaron en una patera en Libia junto a otras 30 personas para llegar a la costa de Italia. Consiguieron sobrevivir porque fueron rescatadas por una patrulla costera que las trasladó a un campamento de refugiados en Sicilia. 

Allí contactaron telefónicamente con Juliet Ekomwen, una de las acusadas y la mujer que les había ofrecido ir a Europa. Les hizo llegar unos billetes de tren para que se desplazaran a Palermo y de ahí a Nápoles. Allí se encontraron con la citada Juliet, que viajó con ellas a Oslo (Noruega) donde fueron obligadas a prostituirse en las inmediaciones de la estación de tren de la ciudad todos los días entre las nueve de la noche y las cinco de la madrugada. Debían entregarle todo el dinero recaudado.

Otras cuatro personas, Abieyuwa Ero, Godwin Oyathelemi, Paplo Lawrence y Fred Okome también están acusados de distribuirse las funciones para captar a las mujeres y llevarlas a Europa para que se prostituyeran, por lo que se les atribuyen presuntos delitos de trata de seres humanos con fines de explotación sexual. Dos de ellos han llegado a un preacuerdo con la Fiscalía que se confirmará este viernes, cuando el Ministerio Fiscal eleve a definitivas sus conclusiones.

La mendicidad le hizo volver con sus captores

Una de las jóvenes fue detenida por la Policía de Oslo y deportada a Italia mientras ejercía la prostitución. Una vez en Milán, vivió en la calle y llegó a mendigar para sobrevivir. A la desesperada, contactó de nuevo con Juliet Ekomwen por teléfono, como ha reconocido la propia víctima durante el juicio.

Con la logística proporcionada por el resto de acusados, las dos viajaron hasta Madrid, donde la víctima se encontró con la primera joven con la que viajó desde Nigeria a Oslo.  

En la ciudad, se prostituyeron controladas continuamente por dos mujeres que las amenazaban con que sus familias sufrirían consecuencias en Nigeria por los ritos de vudú a los que fueron sometidas. En diciembre de 2015, las jóvenes se decidieron finalmente a huir de sus captores y denunciar la situación. La Policía hizo seguimientos a distintas personas siguiendo las pistas proporcionadas por las jóvenes y finalmente detuvieron a los acusados, algunos de ellos en Madrid.