Mustafá Maya Amaya, el hombre de origen español y raza gitana acusado de dirigir una organización terrorista desde Melilla sobre su silla de ruedas, ha reconocido este lunes en la Audiencia Nacional que era una especie de líder espiritual o faro para muchos jóvenes que deseaban ir a Mali o Siria para hacer la yihad.

El presunto líder de una compleja organización terrorista desmantelada en Málaga y Melilla en el año 2014 no ha negado que facilitó información a "muchísimos" jóvenes, aunque no ha sabido especificar a cuantos, para que viajaran a esos países y se encontraran con personas que les ayudarían a cruzar las fronteras (facilitadores). Ha negado, sin embargo, que lo hiciera para que se integraran en organizaciones como Estado Islámico, Jabhat Al Nusra o Al Qaeda.

LISTOS PARA ATENTAR

Durante la primera sesión del juicio celebrada en la Audiencia Nacional, uno de los investigadores que participó en el desmantelamiento de la red ha asegurado que "el riesgo de atentado en España y Marruecos era muy alto" por los contactos que Maya Amaya mantenía con estos jóvenes en su propia casa, donde les recibía para que emprendieran después sus viajes. Amaya había bautizado a esta práctica como 'La Hégira antes de la Hégira', haciendo alusión a la huida de Mahoma de La Meca a Medina. 

Mustafá Maya Amaya está acusado de promover y dirigir una organización terrorista, delitos por los que se piden para él 14 años de prisión. Según los investigadores, durante años habría hecho propaganda yihadista a través de la red y habría facilitado a jóvenes de distintos puntos de Europa sus viajes a territorio de conflicto.

Cuatro de sus presuntos colaboradores -Paul Audren Lawrence, Sylvain Bertrand Decker, Farid Cheikh y Davide de Angelis- que también han estado presentes hoy en el juicio, también están acusados de pertenencia a organización terrorista y se pide para ellos la misma pena. 

Chafik Jalel Ben Amara Elmedjeri, el último hombre que también se ha sentado frente al juez,  está acusado de colaboración con organización terrorista, delito por el que la Fiscalía solicita una pena de ocho años de prisión y una multa de 12.000 euros. Precisamente ha sido él quien ha reconocido durante la primera sesión del juicio que en Málaga se conocía a Maya Amaya como 'El Talibán' y que era un "fanático religioso, aunque no era violento".

Cuando fueron detenidos, ambos se conocían desde hacía más de una década. Elmedjeri ha declarado que nunca supo que sus colaboraciones con Amaya supusieran una colaboración con una organización terrorista. El hombre ha repetido en distintas ocasiones "que él solo se dedicó a difundir la cultura española por el mundo con sus paellas", puesto que tuvo un restaurante en Málaga (donde conoció a Amaya) especializado en el plato español y después se dedicó a la exportación de éste. Ha negado también que recibiera ninguna suma económica por parte de los presuntos miembros de la organización terrorista asentada en España.

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