La vicepresidenta tercera del Gobierno está esperando el momento adecuado. Tiene unos modos completamente distintos a los de su antecesor y, en lugar de pelear por la presencia mediática constante y la pelea pública como mensaje de calma a sus votantes, opta por que "la gestión y los resultados" lleguen a la población. A toda. Pero Yolanda Díaz reclamará a partir del día siguiente al 4-M el mismo estatus del que gozaba Pablo Iglesias en Moncloa. De hecho, eso fue lo que se negoció con Pedro Sánchez en la semana de transición, cuando el líder de Unidas Podemos se bajó del Gobierno para salvar a los morados en Madrid.

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¿Qué negoció Iglesias con Sánchez en Moncloa para aceptar la degradación de Díaz a vicepresidenta tercera, cuando Moncloa se negó a que la líder morada quedara por encima de su jefa económica, Nadia Calviño? Para empezar, la estructura de su cargo: en ningún caso, Moncloa retocaría asignaciones presupuestarias ni de personal a cuenta del cambio.

Y, en todo caso, que la nueva vicepresidenta tercera sería la negociadora directa de todas las políticas con Sánchez -de "todas", remarcan en su entorno-; la que cierre todos los temas comunes -más allá de la estructura organizativa, en la que está por detrás de Carmen Calvo y, claro, Calviño-; y la que resuelva cara a cara con el presidente los conflictos que surjan. Que no han sido pocos hasta ahora ni serán menos en el futuro.

Sánchez todavía está reconociendo el nuevo terreno que pisa. Él es el presidente y tiene el poder de hacer y deshacer, pero para seguir siéndolo y teniéndolo se ha de apoyar en la muleta morada de Unidas Podemos. Y ésta ha cambiado de dueño... o de titular. Pablo Iglesias sigue liderando la formación política, pero ya está a otra cosa y, como decía este viernes en Sette, la revista semanal del Corriere della Sera, pretende ponerse a las órdenes del liderazgo de Yolanda Díaz.

Sánchez aún está reconociendo el terreno, sí, y las elecciones regionales en la Comunidad de Madrid le han servido de excusa perfecta para retrasar su primer cara a cara con la nueva vicepresidenta tercera del Gobierno que él preside.

La primera "traición"

Fuentes de ambas partes del Gobierno confirman que el jefe del PSOE aún no ha citado a solas a la que lo es de Unidas Podemos en el Ejecutivo desde el pasado 23 de marzo: ni han abordado la pelea por los alquileres -empantanada desde hace ya tres meses-, ni la reforma laboral -en la que discrepan socialistas y morados-, ni la prórroga de los ERTE -que Nadia Calviño quiere de un modo y la líder morada de otro-... y sobre todo, sí le ha clavado una puya anunciando solemnemente en el Congreso -pero sin haberla escuchado siquiera- que Moncloa ampliaría tres meses más la protección contra los desahucios.

Fuentes parlamentarias de la formación de Díaz confesaron a este periódico que un lunes les habían pedido opinión y, tras mandar el martes sus propuestas los ministros morados, el miércoles el presidente se lució, sin avisarles, en el Parlamento.

Pedro Sánchez y Nadia Calviño, entrando en el hemiciclo del Congreso de los Diputados. Efe

"Fue una traición", advirtieron entonces, "estábamos empezando a negociar". Pero en realidad, ni siquiera eso: Sánchez no dio opción, como el que mide al rival con un primer golpe, a ver cómo reacciona.

"Las formas no tienen nada que ver con el fondo", avisan entretanto desde el entorno de Díaz. La vicepresidenta tercera ha logrado en estos meses de ministra de Trabajo conjurar todos los miedos del empresariado ante la llegada de "una comunista" a la mesa del diálogo social.

Diálogo y pacto

Su relación con Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, es sorprendentemente buena. Y aunque las patronales se sientan acorraladas por los temas que se les plantean -el Salario Mínimo ha subido casi un 30% con ella en Trabajo-, su entorno explica a este periódico que al menos saben que serán escuchados y sus posiciones, tenidas en cuenta.

Este 1º de mayo, Díaz ha marchado de la mano de los sindicatos, reivindicando derechos para los trabajadores como si ella no fuese la que se los puede dar... pero es que ésa es la fuerza que exhibe la ministra de la cosa: "De aquí no nos levantamos hasta que haya acuerdo", es su frase ante cada negociación. Así ha logrado al menos nueve fotos sonrientes con sindicatos a un lado y empresarios al otro, en sólo 16 meses en el cargo.

Y ése es el mismo talante que exhibe en el seno del Gobierno: nada de bronca pública pero -tal como advierte su entorno- Yolanda Díaz no va a renunciar a "los asuntos de Estado", como sí hizo Iglesias. El exvicepresidente segundo, en su táctica más victimista, exhibió desde el momento de la firma del acuerdo de coalición, la renuncia de Unidas Podemos a dar batallas que consideraba "perdidas". De hecho, basó públicamente en esa renuncia "la condición de posibilidad" para el acuerdo.

Sin embargo, Díaz cambiará el tablero de juego. Desde su llegada al liderazgo de Unidas Podemos en el Gobierno, han rebajado las tensiones y las declaraciones cruzadas.

Juan Carlos Campo y Ione Belarra, ministros de Justicia y de Derechos Sociales, en la sala de prensa de Moncloa. ADP

Hasta la nueva ministra, Ione Belarra, que era uno de los arietes de los morados en redes prefiere hablar en modo institucional. En su única rueda de prensa tras el Consejo de Ministros, se sentó junto al titular de Justicia: Juan Carlos Campo encomendó desde la mesa de Moncloa a Unidas Podemos a retirar la proposición de Ley para rebajar las mayorías de elección del CGPJ y, mientras Jaume Asens se negaba públicamente a hacerlo, ella prefirió destacar el "acuerdo con el ministro en que hay que desbloquear los órganos institucionales".

Fuentes de Unidas Podemos afirmaron luego que el presidente del Grupo Parlamentario se había "equivocado". Que se había tratado de un malentendido...

Eso sí, el entorno de la vicepresidenta tercera advierte de que Unidas Podemos "va a entrar en todos los temas que considere, también en asuntos de Estado". Y ese cambio en las formas y en el fondo es lo que tiene todavía descolocado a Sánchez, y tanteando el terreno a sus estrategas, que se han dado mes y medio para rediseñar ese "estatus de socia" que, en teoría, había quedado fijado con la sucesión.

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