Cuando fue ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo urdió un plan para lograr la cosoberanía española de Gibraltar. En un primer momento, sólo Mariano Rajoy estuvo al tanto de la misión. El diplomático -según cuenta él mismo a este periódico- se reunió en su casa con “los que mandan de verdad” en el Peñón y les trasladó una propuesta. Sin embargo, cuando llegó el momento clave, el entonces presidente del Gobierno no quiso “meterse en un lío”.

Noticias relacionadas

Ya se había anunciado el referéndum en Reino Unido, que podía convertirse en brexit. Debido a la legislación europea, Gibraltar tendría que abandonar el mercado común… a no ser que un Estado miembro siguiera controlando sus relaciones exteriores. Margallo vio ahí la “mejor oportunidad en trescientos años de Historia”.

Sabía que Gibraltar se resentiría sobremanera en caso de quedar apartado de la economía europea, algo que finalmente no ha ocurrido. El pacto de Pedro Sánchez con Reino Unido -relata el hoy eurodiputado- da a las autoridades del Peñón “todo lo que querían sin pedir nada a cambio”.

“Se sentaron ahí donde estáis vosotros. La conversación fue productiva. Entendieron que debían ceder en algunos aspectos si querían permanecer en el mercado común”, relata Margallo.

-¿Quiénes eran?

-Las personas importantes que de verdad mandan allí.

-¿Quiénes?

-No hay respuesta. 

-¿Gibraltareños o británicos? 

-Gibraltareños.

-¿Empresarios? ¿Banqueros?

-Por ahí no puedo seguir.

-¿Estaba Picardo? 

-No. Estaban los que de verdad mandan allí.

-¿Habla usted llanito? 

-No, pero no debe de ser demasiado difícil. 

Está presente en el salón la mujer de Margallo, María Isabel Barreiro, que confirma aquellas reuniones en esta casa del centro de Madrid. El exministro cree que tomaron un gintonic antes de irse, pero ella corrige: “Fue whisky”.

La propuesta

Margallo detalla así la propuesta que lanzó a los gibraltareños: “No fue idea mía, ya lo habían barajado Castiella, Matutes y Piqué -exministros de Exteriores-. Ofrecí una soberanía compartida con Reino Unido, un control conjunto de las relaciones exteriores, de la frontera, etcétera. Gibraltar mantendría sus instituciones de autogobierno y autonomía plena salvo en los asuntos comentados”.

También diseñó la “hongkonización” de la zona: “Eso incluiría a Campo de Gibraltar -zona limítrofe española- y a Ceuta. Se aplicarían beneficios fiscales para captar los bienes que hoy van por el estrecho y acaban en Róterdam. Era, como dirían los cursis, un win-win. Ganaban todas las partes”.

Margallo fue ministro de Asuntos Exteriores durante el primer gobierno de Rajoy. Carmen Suárez

-¿Por qué el plan no siguió adelante?

-Rajoy, finalmente, entendió que utilizar el brexit para recuperar la soberanía de Gibraltar era lo que él llamaba “un lío”. ¡Claro que era un lío! Perdimos Gibraltar hace trescientos años. No nos lo van a devolver en el desayuno con una caja de bombones. Se me pidió que cambiase mi política, pero yo no estaba para eso.

El siguiente ministro de Exteriores colocado por Rajoy, Alfonso Dastis, guardó en un cajón el plan de Margallo y no hubo más contactos en la sombra con los poderes gibraltareños.

Hoy, varios años después y a punto de publicar un libro titulado “La segunda rendición de Gibraltar” -del que es coautor Fernando Eguidazu y que lanzará Almuzara-, Margallo se lamenta: “Era nuestra gran oportunidad. Tanto Reino Unido como Gibraltar tenían incentivos para ceder. Empecé a sufrir un boicot durante los últimos meses. La misión no gustó a Rajoy, a Soraya ni a Montoro. Si hubiésemos apretado, habrían aceptado. No les quedaba más remedio”.

‘Combatiente’ Margallo

José Manuel García-Margallo reconoce que, de haber nacido en otro siglo, habría combatido con las armas por la soberanía española de Gibraltar: “Con toda seguridad, sí”.

Su política nada tuvo que ver con la que ahora implementa la ministra González Laya. Margallo jamás pisó Gibraltar y nunca habló con Picardo, con el que se cruzó tremendos dardos a través de los medios de comunicación y las redes sociales.

“A los dieciséis años me prometí que no entraría en Gibraltar mientras no hubiera una bandera española. Cumplí con esa palabra. No lo hice en política, pero tampoco antes. Siempre he tenido una idea muy clara de España, de su dignidad y su integridad territorial”, reseña.

Margallo dice que no pisará Gibraltar mientras no haya allí una bandera de España. Carmen Suárez

-¿Por qué es tan importante Gibraltar para usted si nunca ha estado allí?

-Un país que tenga conciencia no desperdicia la oportunidad del brexit para recuperar la soberanía de una colonia. Si esa colonia hubiera sido española y hubiese estado en Brighton, ¿qué cree que habrían hecho los ingleses? Hemos entregado todas las bazas. Es un síntoma.

-¿De qué?

-De lo que Unamuno llamaba la noluntad nacional. En esa negociación, todas las partes salvo España exigieron lo que querían. ¿Qué quería España? Nadie lo ha sabido. No hay voluntad, sino noluntad. Cuando somos débiles, Reino Unido avanza. Ningún gobierno español antes había tolerado así una colonia. Es el signo de que hemos perdido el nervio como nación, lo cual es muy grave.

-Siempre dice que a Sánchez no le importa Gibraltar. ¿Por qué?

-Me lo explicó mi amigo Rubalcaba: “A los míos no les pone lo de la soberanía y la bandera, pero sí les pone lo de los paraísos fiscales”. Le dije que fuéramos por ahí, que criticáramos eso. Este Gobierno está siempre hablando de las Bahamas, pero tolera un paraíso fiscal en las puertas de su casa. ¿Eso es progre?

"Punto de no retorno"

Margallo diagnostica una y otra vez un “punto de no retorno”, una “gran oportunidad perdida”: “Tras el pacto con el actual Gobierno, ¿por qué van a querer ser españoles? Si eres gibraltareño, pagas impuestos mucho más bajos, pero puedes tener tu casa en la Costa del Sol y beneficiarte de la Seguridad Social. ¿Entonces? ¿Algún monegasco quiere ser francés?”.

Desde un punto de vista económico, “¿por qué alguien va a poner su empresa en Campo de Gibraltar y no en Gibraltar?”: “Tendría que pagar muchos más impuestos. La renta de Gibraltar es de 92.000 millones; la de La Línea, de 22.000. ¿Un país digno permite esa diferencia? En 2018, en el Campo había un 37% de paro. En Gibraltar, sólo 187 personas estaban sin empleo”.

Esta es la metáfora más utilizada por Margallo en sus tertulias: “Con el brexit, nos dieron la llave para entrar en casa de los okupas. En vez de aprovecharla para recuperar la casa, vamos a pagarles el gas y la electricidad”.

-¿Estaba usted más cómodo con el cierre de la verja que decretó Franco y que luego mantuvieron los primeros gobiernos democráticos?

-Franco la cerró y así lo mantuvieron Adolfo Suárez y Felipe González. La verja se abrió porque los británicos son muy duros negociando. Cuando teníamos que entrar en la Comunidad Económica Europea, Thatcher gritó: “O abrís o jamás entráis”. Me lo contó alguien que estuvo allí.

-En 2002, Gibraltar celebró un referéndum sobre la cosoberanía española. Votó en contra el 99% de la población. No hay ni un solo partido allí que defienda lo que usted ahora comenta.

-Cuando Diego de Salinas rindió la plaza de Gibraltar (1704), sólo quedaron allí 43 de los 4.000 españoles. El resto se fue a San Roque. En 1964, sus descendientes comparecieron en la ONU y reivindicaron ser la población auténtica de Gibraltar. Por tanto, podemos, como poco, debatir si quienes habitan hoy el Peñón tienen el derecho a decidir. Por otro lado, está todo lo que se les ha entregado. ¿Qué incentivos tienen para ser españoles?

-Vox tiene tantas ganas como usted de recuperar la soberanía de Gibraltar. Ortega Smith se fue allí nadando para colocar una bandera de España.

-Yo soy mayor y nado peor. Me considero más pragmático. Prefiero discutir escribiendo libros, y no pegándome un chapuzón en Algeciras.