Vox prepara una jugada con la que pretende dar la vuelta al debate de la Memoria. Al mismo tiempo que el Consejo de Ministros sella su nueva ley, los de Santiago Abascal trazan una propuesta para quitarle a Largo Caballero su calle en Madrid. Según ha contrastado este periódico, será el grupo municipal en el Consistorio, regido por Ortega Smith, quien confeccione el proyecto.

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Distintos dirigentes de Partido Popular y Ciudadanos, en conversación con EL ESPAÑOL, dicen estar en un "aprieto" y confiesan que "no tendrán fácil decidir el sentido de su voto". No obstante, apuestan por una abstención con el argumento de "no remover el pasado" y oponerse al cambio de calles en general.

Francisco Largo Caballero (1869-1946), histórico dirigente del PSOE, capitaneó la UGT durante veinte años. Fue ministro de Trabajo nada más comenzar la II República. En 1934, instigó el golpe revolucionario de Asturias. Acabó detenido y encarcelado. Dos años más tarde, ya en guerra, llegó a presidir el Consejo de Ministros.

Con esta propuesta, Vox pretende dotar a la llamada Memoria Histórica de una especie de segundo camino. En caso de aprobarse, sería la primera vez que un dirigente de izquierdas perdiera su calle. Abascal -y en esto no difieren demasiado las direcciones de PP y Ciudadanos- considera a Largo un "golpista" y un "exaltador de la guerra".

El mandatario de Vox se agarra, por ejemplo, al discurso de este socialista en enero de 1936, un mes antes de las elecciones: "Si triunfan las derechas -en las urnas-, tendremos que ir a la guerra civil declarada". Una amenaza a la que sus contemporáneos dieron carta de realidad. Antes del golpe de Asturias, amenazó con una revolución en caso de que llegaran al gobierno ministros conservadores... y cumplió su palabra.

Camino de la abstención

Pero, ¿qué harán PP y Ciudadanos? ¿Votarán a favor? ¿Se abstendrán? Las fuentes de uno y otro partido consultadas por este diario descartan prácticamente una posición en contra. Tachan a Largo Caballero de "apologeta de la Guerra Civil".

El conocido como "Lenin español" llamó a la "dictadura del proletariado". Llegó a verbalizar que estaba "harto de democracia". A él se atribuyen estas palabras: "La consolidación de un régimen exige hechos que repugnan, pero que luego justifica la Historia".

Una circunstancia que no se les escapa a los equipos de José Luis Martínez-Almeida y de Begoña Villacís. De ahí que no den por cerrado el debate. Oficialmente, los aparatos de ambos partidos emplazan a "esperar a que llegue la propuesta al pleno". Pero detrás de eso hay "dudas".

Aunque con matices -la figura de Largo Caballero es poliédrica y sus logros como responsable de Trabajo se alternan con sus oscuridades revolucionarias-, PP, Ciudadanos y Vox coinciden en tacharlo de "antidemócrata".

No obstante, distintos dirigentes de PP y Ciudadanos auguran una abstención dictaminada por las direcciones nacionales de sus partidos. "Creemos que se argumentará con la intención de mirar hacia delante, y de no remover el pasado".

Dicho de otra forma: si la decisión tuviese que tomarse hoy, ni Arrimadas ni Casado votarían a favor de ponerle una calle a Largo, pero no quieren atascarse ni perder tiempo en una discusión para quitársela.

Dificultades técnicas

En PP y Ciudadanos mirarán de reojo la propuesta presentada por Vox. La ley de Memoria se refiere a los actos cometidos durante la Guerra Civil y la dictadura; no antes.

Por tanto, la calle de Largo Caballero no admitirá debate en torno al texto legal de 2007 si los hechos mencionados por Ortega Smith son el golpe de 1934 y sus llamadas a la guerra de enero de 1936. Vox ha vinculado en varias ocasiones a este expresidente del PSOE con "las checas del Madrid rojo".

La calle de Largo Caballero en Madrid se encuentra junto al cementerio civil de la ciudad. El socialista también cuenta con una estatua en el complejo de Nuevos Ministerios, pero su mantenimiento no depende del Ayuntamiento. Se construyó en 1985, durante el gobierno de Felipe González, para laudar su papel de "impulsor de obras públicas".

Francisco Largo Caballero se exilió tras la guerra. Fue apresado y destinado al campo de concentración de Sachsenhausen, a las afueras de Berlín. Una vez liberado, recaló en París, donde murió en 1946.