Los acuerdos para negociar los Presupuestos se abren camino. Después de la renuncia de ERC a sentarse a negociar con Ciudadanos, el PNV tira de pragmatismo: “Ya coincidimos en el pasado con Cs. Eso es una realidad”, explican fuentes jeltzales a EL ESPAÑOL en referencia a los Presupuestos vigentes de 2018, aprobados por el entonces ministro Cristóbal Montoro.

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Después de la reunión en Moncloa con el jefe del Ejecutivo, los nacionalistas vascos insistieron en su apuesta por mantener la mayoría de investidura. Al ser, según sus palabras, lo más “lógico y coherente”. Sin embargo, no van a ser un escollo para la confección de un nuevo presupuesto público con una mayoría alternativa que garantice la continuidad de la legislatura.

Más aún después de la reedición del pacto entre su partido y el PSE en el País Vasco tras las elecciones del 12 de julio. Los dos partidos han demostrado afinidad política y la frágil situación que atraviesa la economía por el impacto de la Covid-19 ha propiciado que coincidan en las políticas fiscales, aunque sea de forma coyuntural.

Sánchez y sus ministros económicos han decidido posponer subidas impositivas de calado hasta que no se recupere la economía. Asimismo, tampoco se va a llevar a cabo una derogación de la reforma laboral. Los vascos, además, han emplazado al presidente a que las cuentas sean también una "apuesta clara por la industria" y la "reactivación económica y social".

Cabe destacar que en los 12 puntos acordados entre PNV y PSOE para el pacto de investidura, los jeltzales lograron nuevos compromisos del Ejecutivo central con el País Vasco, e incluso capacidad de veto si se planteaba una subida impositiva.

En materia fiscal, el pacto obliga a "acordar previamente con EAJ-PNV las medidas fiscales que el Gobierno quiera proponer a las Cortes, así como encauzar las discrepancias que puedan producirse en las relaciones en el ámbito fiscal o el financiero establecidas por el Concierto Económico".

En esta área también hay márgenes amplios de convergencia con los de Inés Arrimadas. Y el Gobierno lo sabe y quiere aprovecharlo. La portavoz María Jesús Montero ha apelado en cada una de sus intervenciones a la “situación excepcional” de la pandemia para que todos los partidos busquen “arrimar el hombro” en la negociación de los Presupuestos.

Desde Moncloa tampoco temen por las reticencias mostradas inicialmente por sus socios de Unidas Podemos. Aunque los de Pablo Iglesias siguen insistiendo en subir los impuestos a las rentas más altas y grandes corporaciones, ya no ven “incompatible” la suma de los liberales en la ecuación. El ministro de Consumo, Alberto Garzón, dio incluso la “bienvenida” a Arrimadas si acepta algunas de estas cuestiones.

Sin ERC

Pero ERC sigue enrocada en el no. Y las tentativas de Rufián de seducir a PNV y Unidas Podemos para que rechacen a Ciudadanos han caído en saco roto. El portavoz de ERC les recordó que “gobiernan con el PP de Ayuso” o “con Vox en Andalucía” (aunque Vox no forma parte del Gobierno andaluz) para ahuyentarles de aceptar unas cuentas con el sello de Cs.

El órdago de Rufián se debe leer en clave preelectoral. La posibilidad de unas nuevas elecciones en Cataluña ha recrudecido la pugna con sus todavía socios en el Govern, Junts per Catalunya. Ahora lo fían todo a la Mesa de diálogo para abordar el conflicto territorial.

El Gobierno, sin embargo, no excluye seguir contando con ERC para algunos aspectos de los Presupuestos. Al mismo tiempo, han accedido a volver a reunir la mesa de diálogo a mediados de septiembre. Pero sin depender solo de la mayoría de investidura.

¿Y el PP?

Con todo, a nadie se le escapa que la crisis del coronavirus -y la necesidad de unos Presupuestos acordes a este nuevo contexto- ha puesto fin a la política de bloques. El Gobierno puede reiniciar un diálogo en Cataluña con los nacionalistas, pero sin poner en riesgo los Presupuestos.

Si Sánchez alcanza la mayoría necesaria en la votación que con toda probabilidad se celebrará en octubre, y obtiene el visto bueno de la Comisión Europea, sin duda se abrirá una nueva etapa para él y su curso político.

Con unos apoyos que se van cimentando cada día que pasa, la pelota pasa inexorablemente en el tejado del Partido Popular, que deberá elegir si sumarse, abstenerse, o ponerse del lado de Vox y de su previsible negativa a todo tipo de colaboración con Sánchez.