Enric Millo (Terrassa, 1960) fue el delegado del Gobierno en Cataluña en los años más convulsos del procés. Su oposición directa al nacionalismo le ha obligado a llevar escolta cada vez que vuelve a la región. En la actualidad, trabaja como secretario general de Acción Exterior de la Junta de Andalucía.

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Recientemente ha publicado su libro El derecho a saber la verdad (Península) donde da su versión de los acontecimientos ocurridos en Cataluña en el otoño de 2017. Asegura que los líderes independentistas nunca quisieron el "diálogo" y advierte al presidente Sánchez de que la mesa entre gobiernos "no es nada más que una estrategia" para que el separatismo "gane tiempo" y se "rearme políticamente".

Ha pasado de delegado del Gobierno en Cataluña a secretario general de Acción Exterior de la Junta de Andalucía. No es el primer político que emprende un camino similar. ¿El procés llegó a ser irrespirable para usted?

Cuando dejé la Delegación del Gobierno estuve un año apartado de la política. Regresé al sector privado. Fue una etapa muy intensa y especialmente dura. Estuve solo 18 meses, pero viví los hechos del Parlament del 6 y 7 de septiembre y el 1 de octubre.

Fue realmente duro e intenso y, sí, salí con ganas de tomar oxígeno. Pero no fue hasta abril del 2019 cuando recibí la oferta para incorporarme al gobierno de la Junta de Andalucía. Lo valoré con mi familia, porque suponía desplazarme a vivir fuera de Cataluña, pero era un reto apasionante. Ha sido muy positivo contribuir a un cambio en Andalucía, me ha dado oxígeno y ganas de continuar en la cosa pública. Porque, a diferencia de lo que pasa en Cataluña, se trabaja al servicio de los ciudadanos.

El independentismo le colocó en su diana. John Carlin o Antoni Puigverd le señalaron desde los medios de comunicación. ¿Qué consecuencias tuvo?

Fue muy desagradable porque se convirtió en un linchamiento. Hay un elemento en este fanatismo independentista y es que me pusieron en la diana no solamente por mi cargo, sino por ser catalán. No perdonan que alguien que es tan catalán como el que más defienda públicamente la condición de español. Defendí la unidad de España en el momento más difícil y eso no me lo perdonan. Por eso continúan con esa guerra e insultándome.

No perdonan que alguien que es tan catalán como el que más defienda públicamente la condición de español

¿Alguna vez se disculparon quienes le convirtieron en carne de radicales?

Ha habido de todo. Sufrí un linchamiento muy duro por parte de algunos actores de TV3 y de periodistas después de mi declaración en el juicio del Tribunal Supremo. En cuestión de 24 horas aparecieron más de 100.000 mensajes de Twitter contra mi persona. Alguno después se disculpó, pero muy pocos. Se metían con mi familia, con mi mujer…

Puigverd después mandó públicamente un mensaje disculpándose y también un tuitero, que había amenazado a mi hijo deseándole mi muerte, se disculpó. Hubo algunas disculpas, pero la gran mayoría sigue amenazándome y me obliga a mantener escolta en Cataluña. Pero quiero dejar claro que hay mucha gente que me para y me agradece todo lo que hicimos. Son las dos caras de la moneda de una Cataluña que han fracturado y enfrentado.

Si hoy pudiera, ¿le gustaría volver a vivir en Cataluña?

Allí tengo a mis hijos y a mis hermanos. Es la tierra en la que nací. No he salido de Cataluña huyendo y no estoy exiliado como dicen otros, pero es evidente que mi vida personal es mucho más agradable en Andalucía. Estoy muy satisfecho, es una tierra de acogida preciosa. Me siento muy querido y es una diferencia notable en relación a lo que me toca vivir cuando estoy en Cataluña. Pero no reniego de la tierra donde nací.

¿Qué cree que ha cambiado allí desde 2018 hasta hoy? ¿El clima ha mejorado o empeorado?

No está mejorando. Podríamos describir una calma aparente que esconde un conflicto irresoluto. Y esconde el odio y la rabia de muchas personas que apoyaron a Puigdemont, engañados por los líderes independentistas. Creyeron que iban a conseguir algo que era evidente que no iban a conseguir. El fracaso del procés ha generado una gran frustración en una parte muy importante de la sociedad y, como no se ha reconocido, ha llevado un odio latente que está ahí y que no ha desaparecido.

Cada vez hay más personas que se dan cuenta del engaño masivo. Los actuales dirigentes independentistas están en el gobierno de Cataluña y en las Cortes españolas, pero con una situación muy diferente a la que había con el gobierno anterior. Ahora vuelven a estar sentados en una mesa reivindicando y defendiendo lo mismo que antes, pero ahora no le llaman procés. Lo único que ha desaparecido es el nombre, pero es lo mismo.

Entonces, ¿cree que el desafío continúa?

El desafío continúa porque los líderes independentistas han retomado oxígeno con el nuevo gobierno y se les reconoce como interlocutores válidos cuando siguen defendiendo que España no es una democracia y siguen diciendo que tienen presos y exiliados. Esos mismos líderes que dicen y piensan eso se sientan en una mesa y son reconocidos como interlocutores válidos. Y están en el Gobierno catalán. Por lo tanto, el desafío continúa. La gran incógnita está en el electorado catalán, si siguen manteniendo la adhesión o se reducen.

A diferencia de antes, ahora saben las consecuencias de vulnerar la legalidad.

Esto tiene matices. Es cierto que hay cosas que se saben y que antes no se sabían, como el artículo 155 de la Constitución. Era un tabú antes de aplicarlo. Pero se aplicó y fue una herramienta útil para frenar el golpe. También nadie quiere volver a pasar por las consecuencias penales que hubieron. Pero lo volverán a intentar haciéndolo de manera diferente, más sofisticada, elaborada… No han desistido del objetivo, que sigue siendo el mismo. Ahora con una mano mantienen el objetivo y con la otra pretenden negociar aparentemente con el Gobierno de España para resituarse financiera y políticamente.

No van a tener éxito, pero el problema es que mantienen la estrategia de confrontación entre catalanes y entre la Generalitat y el Gobierno de España, y eso crea una situación de incertidumbre e inestabilidad para la convivencia y la economía. El Estado ya ha demostrado que se defiende ante un ataque a la democracia, pero el gran problema es que mantienen esta estrategia. Y, claro, doy por hecho que el actual Gobierno volvería a defenderse y actuaría de manera contundente ante otro ataque a la democracia. Aunque hay motivos para dudar.

¿Qué le hace dudar? ¿La presencia de Pablo Iglesias en el Gobierno o es el propio Sánchez que lleva las riendas del coqueteo con el separatismo?

Hay miembros en el Gobierno que cuando hablan de lo que pasó en Cataluña lo hacen en términos de comprensión y tolerancia. Y muchas de las posiciones del Gobierno aritméticamente dependen de los partidos que quieren la ruptura con España. El problema de Pedro Sánchez es que le hemos escuchado una cosa y la contraria.

Parece que el Gobierno convocará este mes la mesa del diálogo con los separatistas. ¿Qué significa esa mesa para usted?

Es un engaño. No tiene ninguna posibilidad de llegar a buen puerto. Es un déjà vú, esto ya lo hemos visto. Esta postura falsa de los líderes independentistas de reivindicar un diálogo en el que no creen es algo que ya ha sucedido. A mí lo que me sorprende es que el Gobierno de España caiga en esta trampa, porque es una etapa superada que ya la hemos vivido.

En el fondo se está trabajando una estrategia de confrontación. No es nada más que una estrategia de ganar tiempo, para ganar espacio electoral, intentar rearmarse financieramente y cuando llegue el momento volver a intentar el golpe. Lo sorprendente es que el gobierno caiga en esta trampa.

Sánchez ha dado un giro y busca desde hace tiempo el apoyo de Ciudadanos. ¿Por qué cree que lo hace? ¿Desea la moderación o es mero interés electoral?

De su posicionamiento político y de los hechos se deduce que en cada momento y en función de su interés partidista para mantener a flote un gobierno inestable por definición busca el apoyo de quien se lo puede dar. Hasta el día de hoy lo que hemos visto es la búsqueda interesada de apoyos, sean cuales sean.

Usted estuvo en el PP de Josep Piqué, que buscaba una singularidad catalana. Es parecido al que defiende Feijóo en Galicia. ¿Cree que el PP de Pablo Casado debería reformularse en Cataluña?

Son etapas diferentes. La situación del PP en Cataluña no es la deseada ni la merecida. Ahora está intentado recuperar la confianza de los electores del centro derecha, demostrando que está conectado con la sociedad catalana y que representa los anhelos e intereses de esa mayoría de centro derecha que existe en Cataluña. El PP en Cataluña ha pagado una factura muy cara precisamente por la incomprensión a lo que sucedió durante el procés.

El exdelegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo. E.E.


¿Le parece responsable la oposición del PP o le gustaría que Casado hiciera más por negociar los Presupuestos?

No me corresponde opinar sobre lo que es competencia de la dirección nacional del partido, pero lo es que es evidente es que están en una posición de defender el interés general. Lo que no puede hacer el PP es apoyar a un Gobierno que no esté dispuesto a transitar por la senda de la moderación.

En este momento quien tiene que rectificar el rumbo y aceptando que la estrategia política debe crear confianza, estabilidad y empleo es el Gobierno de Sánchez. La actitud responsable del PP siempre se ha demostrado.


¿Inés Arrimadas acierta con su cambio de estrategia respecto a Albert Rivera?

No me corresponde a mí opinar. Intenta hacer lo que cree que es mejor, como todos. En general, sin entrar en el detalle, está bien todo lo que permita moderar la posición del actual Gobierno y romper esta tendencia de ir hacia los populistas de la extrema izquierda y los separatistas. Pero si esto es un acierto o un error solo el tiempo lo dirá.

En su libro dice que durante las conversaciones antes del 1-O le ofrecieron a Puigdemont un referéndum en toda España. ¿No hubiera sentado un peligroso precedente?

No fue una oferta. Surgió en una conversación, pero no una propuesta. La principal conclusión a la que llegué es que ellos no estaban interesados en ningún acuerdo, estaban instalados en la estrategia de la confrontación. Buscaban el máximo enfrentamiento y alimentar el victimismo, como se ha visto después. En una de estas conversaciones le pregunté a Junqueras y Puigdemont si esto entraba dentro de sus posibilidades para ver hasta qué punto tenían un margen diferente de lo que era estrictamente el referéndum en Cataluña. La respuesta fue que no.

Usted fue el impulsor de la operación diálogo días antes del 1-O. Pero dice que el Govern nunca quiso el diálogo.

Hubo dos etapas muy diferenciadas. En 2016 ya estaba muy determinado. Yo intenté reconducir la situación, que ya estaba muy deteriorada. Tuve una primera reunión oficial con Puigdemont y en esa reunión él me dijo, mirándome a los ojos, porque ya nos conocíamos de ser concejales en Girona, que le gustaría encontrar una solución que permitiera poner freno a este procés. Yo le dije si estaba dispuesto a frenar el referéndum y me dijo que sí, mirándome a los ojos. Yo creí que había que darle una oportunidad al diálogo, pero esta etapa solo duró tres meses. Después quedó claro que era todo una pose, no era una actitud sincera.

Se reunió con muchos empresarios en los meses calientes del procés, ¿echó de menos más valentía por parte de las élites económicas catalanas?

Eché de menos dosis de realismo. Tuve muchas reuniones con representantes de sectores sociales y económicos y lo que predominaba era una especie de incredulidad de que pudiera suceder lo que realmente sucedió. La respuesta que obtenía es que yo exageraba, que era solo una pose negociadora pero que al final todo se arreglaría…

Había una especie de autoengaño de no querer ver lo que venía. Eché en falta una mayor capacidad de realismo para ver que lo que estaban haciendo era un desafío en toda regla y que no se podía apoyar.

En su libro también se percibe una imagen de Rajoy de que realmente no sabía lo que sucedía en Cataluña.

Nunca desde la restauración de la democracia se había visto algo parecido. Yo comprendo que para todos, Gobierno y oposición, era muy difícil entenderlo. No sabían dónde estaba el límite. Al final se entendió y se actuó. Yo, al vivir en Cataluña, seguramente tenía un conocimiento de la realidad más directo.

¿Tuvo alguna responsabilidad el Gobierno de Rajoy en lo que sucedió?

El Gobierno respondió en la medida que tenía que hacerlo y cuando tenía que hacerlo. Echó del Govern a los líderes independentistas que habían transgredido la ley y, posteriormente, restauró el orden constitucional. Afrontó una decisión difícil como era la aplicación del 155 y ese objetivo se consiguió. Se convocaron unas elecciones que es lo más democrático que se podía hacer.

Lo que quizás se podría haber comunicado mejor a la población lo que se estaba haciendo y no fuimos lo suficientemente comunicativos en ese sentido. Tampoco logramos la neutralidad de los medios de comunicación en Cataluña. La propuesta que hizo Rajoy fue intervenir los medios de comunicación, pero en el Senado el PSOE puso una enmienda para que eso no fuera así. Tampoco pudimos afrontar la etapa post 155, que era para mantener coherencia con todos los criterios de control financiero y del gasto, de la constitucionalidad de las normas, etc. pero esto se levantó con la moción de censura contra Rajoy. La única victoria del procés fue la moción.

Asegura en su libro que Pere Aragonès (ERC) cumplió con diligencia con el 155. ¿Lo ve de candidato efectivo?

Sí, cumplió. No sé cómo irán las elecciones, porque además están saliendo nuevos partidos.

¿Por qué el constitucionalismo es incapaz de crear una alternativa? ¿Le gustaría una candidatura CS-PP con Manuel Valls?

Un gobierno catalán constitucionalista es la única alternativa positiva para Cataluña. Mientras no lo tenga, Cataluña tiene un futuro muy complejo. No estoy hablando de coaliciones electorales, sino de que aritméticamente después de unas elecciones la suma de las fuerzas políticas constitucionalistas pudieran formar un gobierno. Esto sería la mejor alternativa para Cataluña.

¿Cree que el PSC se inclinaría por un tripartito con ERC y Comuns?

Es muy difícil saberlo. En diferentes ocasiones he echado de menos una apuesta cívica y contundente por el constitucionalismo por parte del PSC. Cataluña nunca ha tenido un gobierno sin nacionalistas dentro.

Por cierto, su actual cargo se lo otorgó un gobierno que cuenta con el apoyo externo de Vox. ¿Qué opina sobre la formación de Santiago Abascal?

Por lo que vivo cada día, en Andalucía es un ejemplo de cómo el gobierno funciona coordinado y cohesionado, con una lealtad inquebrantable. También con el cumplimiento con los compromisos que se firmaron en la legislatura por parte de Vox. Andalucía es un ejemplo de un trabajo en positivo y responsable.

¿Mantiene relación con Artur Mas o Jordi Pujol de su etapa en CiU? ¿Qué le diría a uno y a otro si pudiera?

No. Hace mucho que no les veo. Con quien mantengo una relación cordial es con Josep Lluís Duran i Lleida. Si me viera con Mas me gustaría decirle que cometió un error pensando que el mejor futuro para Cataluña pasaba por romper con el resto de España. Fue un error tremendo. Y el presidente Pujol defraudó a la mayoría de catalanes cuando se supo la información sobre él posterior a su mandato.

En aquellos años de CiU, ¿puede asegurar que jamás supo nada del 3%?

Pues la verdad es que no. Yo estuve en Unió Democràtica hasta finales de los 90 y esto afloró mucho más tarde. No tenía responsabilidades de gobierno, yo era diputado en el Parlamento catalán.

Trató mucho a Puigdemont desde su etapa en el Ayuntamiento de Girona. ¿Podría hacerme un breve retrato suyo?

Nos conocimos en Girona. Él aspiraba a ser conseller de Cultura y estaba haciendo su carrera política cuando de repente se encontró en una situación que ni él mismo se la creía. Se infundió de una especie de iluminación, del sucesor del Mesías y que iba a conseguir en 18 meses crear la república independiente. Y sigue pensando que es posible.

¿No cree que en el fondo se arrepiente de haberse metido en este embrollo visto como ha terminado?

No. Si se arrepintiera ya habría abandonado y se dedicaría a otra cosa. En cambio lo que está haciendo es todo lo contrario. Ha roto con el PDeCAT, ha anunciado que el 25 de julio va a presentar otro partido para seguir defendiendo lo mismo. Es una situación surrealista, pero no se arrepiente. De hecho no he escuchado a nadie de los que protagonizaron los hechos del procés que se haya arrepentido. Y si nadie lo remedia, dentro de poco estarán circulando entre vítores y aplausos como héroes nacionales por las calles de Cataluña defendiendo lo mismo. Lo vamos a ver dentro de poco.

¿Le parece un despropósito el tercer grado?

Lo que me parece un despropósito es que sigan intentando conseguir los mismos objetivos políticos. Son personas que deberían estar inhabilitadas políticamente para siempre porque ya han demostrado lo que son capaces de hacer. No son válidas para seguir dedicándose a la política, porque su estrategia es perjudicar claramente la convivencia en Cataluña.