Tánger

El Reino de Marruecos nunca ha reconocido la soberanía española sobre Ceuta y Melilla, a las que considera dos “ciudades ocupadas”. Pero el tira y afloja en los pasos fronterizos de ambos enclaves que se ha visto en otras ocasiones, ahora va en serio.

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El porteo ya no existe en Ceuta. Lo último ha sido prohibir el paso incluso de compras personales. Ni los marroquíes de las zonas cercanas a Ceuta pueden pasar un paquete de café o galletas, ni los ceutíes que habitualmente compran verdura, fruta y pan los domingos en Marruecos pueden traerse esos productos a territorio español. Todo se requisa en la aduana marroquí: ni para un lado ni para el otro.

Agrava la situación de asfixia el cierre del tránsito del pescado. Esta semana los comerciantes ceutíes no han podido introducir los productos de las lonjas marroquíes. Las pescaderías están cerrando en Ceuta, y traer el género desde la Península encarece el precio del producto.

En Melilla, el puesto fronterizo del Barrio Chino, por donde pasan los porteadores las mercancías a Nador cerró el jueves. Aquí el candado aún no es definitivo por miedo a la sublevación de los rifeños, pero se da por hecho en un futuro muy próximo. Marruecos teme más la reacción en Melilla que en Ceuta, por la rebelión en la zona rifeña. Por ello no puede ordenar a las autoridades que cierren la frontera de la misma manera que en Ceuta.

La frontera comercial sí está sellada, desde el 1 de agosto de 2018. Ahora los productos entran y salen de Marruecos por el nuevo puerto de Beni Ensar. Colas de miles de personas y de cientos de coches se vieron el jueves en otro de los pasos fronterizos entre Marruecos y Melilla: Farkhana.

Desde Rabat se ha prohibido a los funcionarios hacer turismo en ambas ciudades. Y ya hay empresarios y turistas que prefieren coger el ferry a la península desde Tánger  antes que desde Ceuta, para evitar las colas de un mínimo de cuatro horas de espera en la frontera.

Y es que el país apuesta por el desarrollo y el comercio en el norte mediterráneo. A los nuevos grandes puertos Tanger Med y Beni Ensar (Nador) se unen los recientes aeropuertos de Cherif Al Idrissi en Alhucemas y Al Arou en Nador. Además, se ha recrecido el tráfico en el Ibn Battuta de Tánger. Ése es el reto económico y el desafío a la España de Ceuta y Melilla.

Todo, eso sí, con una sonrisa, porque desde Rabat apelan una y otra vez a las “buenas relaciones con España” y, como siempre, al “diálogo”. Pero hay cinco razones por las que Marruecos aprieta ahora en Ceuta y Melilla.

1. Ve débil a España

La situación de Cataluña y el avance del independentismo en España es una grieta que Marruecos ve como una oportunidad para ver qué puede obtener presionando. También la debilidad del Gobierno, que por primera vez depende de una coalición y se sujeta con alfileres, es un aliciente.

Ahí hay que inscribir la reciente decisión del gobierno de Rabat de ampliar sus aguas territoriales, lo que equivaldría a incluir las Canarias en aguas marroquíes. 

2. El país, autosuficiente   

A diferencia de Hassan II, que dejó abandonado el norte de Marruecos durante su reinado, su hijo ha enfocado sus dos décadas en el trono a invertir y fortalecer el país en la zona fronteriza con España.

Las dos grandes ciudades cercanas a Ceuta y Melilla, Tánger y Nador, cuentan con dos nuevos puertos de importación y exportación que unen África con Europa y el resto del mundo: Tanger Med y el puerto de Beni Ensar. Pronto se unirá a ellos el de Nador, ya en construcción. Mientras Marruecos garantice a los grandes comerciantes de Tetuán y Nador la exportación de mercancías con impuestos muy bajos, todo continuará viento en popa.

Los recientes aeropuertos Al Arou de Nador, el Cherif Al Idrissi de Alhucemas, y el mayor tráfico en el Ibn Battuta de Tánger favorecen la inversión de capital extranjero y el turismo exterior. Lo mismo ocurre con el desarrollo de la costa tetuaní de Tamuda, con resorts de lujo que recuerdan a la Costa del Sol en sus inicios.

Con la modificación del plan urbano del Gran Nador y el proyecto industrial de Marchica se unificarán todas las ciudades del norte en busca de crear un potencial económico y turístico al estilo de Casablanca, que busca comerse a Melilla.

3. Alternativa al porteo

La nave industrial dedicada al reciclaje del textil iniciada por el industrial Nourdine Chikar, conocido como “el sastre del Estado Islámico” y procesado en España por pertenecer a una célula terrorista, sigue adelante con ayuda económica de las autoridades locales.

Cuando se termine este complejo, será el fin del porteo en Melilla. Allí se empleará, por 250 euros al mes, a alrededor de un millar de personas que ahora trabajan como porteadores. En el mismo polígono se han instalado otras cinco empresas que emplearán a otras 1.500 personas dedicadas al porteo en la frontera.

4. Enfado con Podemos y Vox

Unidas Podemos, socio de coalición de Sánchez, no gusta a Rabat por la defensa de la causa saharaui y de las protestas sociales en el Rif, y por sus reiteradas denuncias contra el régimen, al que acusan de no respetar los derechos humanos.

A Miguel Urbán, por ejemplo, eurodiputado de Podemos, se le ha tachado de “antimarroquí” y de “separatista del Rif y el Sáhara”. 

A Marruecos tampoco le gusta el auge de Vox, que de forma reiterada desdeña a los marroquíes. La prensa del país hacía referencia esta misma semana a las declaraciones de Vox en Ceuta y a sus peticiones de que España muestre dureza. Uno de los titulares era: “Al partido Vox no le gustan los marroquíes, pero quiere su pescado”.

Gestos como el de dar su primer mitin en Asturias, como símbolo de la Reconquista, o el apelativo de "moros" que emplean los dirigentes del partido de Abascal, también molestan en Marruecos.

5. Con Washington y Londres

Son conocidas las buenas relaciones de Marruecos con Estados Unidos. Con el brexit, algunas inversiones que Reino Unido tenía en Europa irán destinadas a la agricultura y la industria marroquíes.

Americanos e británicos buscan el control del Estrecho, y se plantean incluso abrir bases militares en Marruecos para ayudar a Francia a combatir el terrorismo en el Sahel.

Así, Marruecos ganaría aliados y fuerza para anexionarse definitivamente el Sáhara Occidental, que es el verdadero reto del país.