Los cinco principales candidatos a la Presidencia del Gobierno midieron este lunes sus programas y discursos en el único debate en el que se verán las caras antes de las elecciones generales de este domingo. Más allá de las palabras, Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera, Pablo Iglesias y Santiago Abascal también hablaron con su lenguaje no verbal. Para el consultor Cristian Salomoni, de Nechi Consulting, "es la clave para expresar las intenciones que tienen los líderes hacia sus votantes" porque "no basta con decir bien las cosas". 

Pedro Sánchez, "el ausente"

Salomoni, que ha examinado este aspecto en cada uno de los aspirantes a La Moncloa, describe a Sánchez como "el ausente". Para el experto, el presidente del Gobierno en funciones "intentó a toda costa es no cometer errores manteniéndose en un silencio que, según su valoración, era la vía más adecuada para reafirmar su posición presidencial".

A juicio de Salomoni, "fue el líder que más empeoró respecto al anterior debate", mostrándose "mirando papeles, escribiendo, cuando su comunicación no verbal tenía que ser de escucha, de entendimiento, de estrechar alianzas visto que las encuestas lo dan como ganador, pero en un panorama aún más complicado".

Pablo Casado, "el racional"

El experto considera que "su objetivo, a tenor de su comunicación no verbal, era algo más que no perder el debate: posicionarse como la alternativa a Sánchez y liderar las derechas". Más en detalle, sostiene: "Su expresión facial es algo que no sabe controlar. Esto puede ser un punto fuerte o una debilidad, ya que es como un libro abierto y en su rostro aparecen todas las emociones que está sintiendo".

Para Salomoni, el presidente del PP "mostró una comunicación no verbal austera, racional, mirando al voto conservador, poco emocional y poco arriesgada". Y apunta algo sobre la barba que lleva en esta campaña y que le distancia del Casado de la anterior: "Es algo que comunica mucho, visto el relato psicológico de esta apariencia, de más madurez, más capacidad, profesionalidad, inteligencia. Y, desde luego, algo han marcado las encuestas, en las que los votantes percibían a Casado como demasiado joven e inexperto".

Los pactos y Cataluña centran el debate a cinco Efe

Albert Rivera, "el frenético"

"Rivera vino a no perder más votos de lo que ha perdido vista la deriva de su comunicación política verbal y no", apunta Salomoni. "Queda lejos esa mejora que desde su nerviosismo inicial le llevó a ser una persona muy natural en su comunicación. Otra vez le vimos frenético, atropellado, sin pausas, sin silencios. El 'minuto de oro' ha sido rarísimo, intentando poner miles de conceptos".

Salomoni ve un error que Rivera "volviera a recurrir en exceso a los elementos visuales para apoyar su discurso: lo poco agrada y lo mucho cansa a la audiencia". "Ha sacado hasta un adoquín de las calles de Barcelona", destaca el consultor, que concluye que el presidente de Ciudadanos abusó del "yo, yo, yo, quiso ser una vez más el protagonista a toda costa, perdiendo eficacia en su comunicación no verbal".

Pablo Iglesias, "el conciliador"

"En dialéctica y control ganó Iglesias", dice tajante Salomoni, para quien el secretario general de Podemos "fue el único que entendió la situación excepcional y crítica que estamos viviendo sobre el bloqueo a la hora de formar gobierno".

"Hay cosas comunicativas no verbales -continúa Salomoni sobre Iglesias- que se han quedado en su personalidad como su aspecto físico congruente con sus valores o el boli que le ayuda a hablar, pero le resta nitidez en sus gestos. Lo que tendría que trabajar más es su 'minuto de oro', que fue, una vez más, demasiado rápido a pesar de que su storytelling era muy bueno, preciso, sencillo y cotidiano".

Santiago Abascal, "el soberbio"

Salomoni considera que el presidente de Vox, que se estrenaba en un debate, "fue capaz de utilizar a su favor esa personalidad introvertida y calmada". El experto cree que Abascal fue de menos a más: "Al principio, no miraba a los demás, sólo miraba a cámara como si sus intervenciones fueran todas 'minutos de oro'. Después de la pausa, seguramente sus asesores se lo dijeron o a lo mejor empezaba a estar más cómodo, y empezó a dirigirse a los demás".

Abascal, según Salomini, "supo utilizar de manera sencilla y sosegada su información, sea falsa o no". "Incluso su tono de voz -prosigue- estuvo a la altura del debate, respetando los turnos de palabra con desenvoltura, justo al contrario que Rivera". El 'pero' de Abascal, termina el experto, es que "en su comunicación no verbal pecaba de soberbia; la manera de andar, de mirar a todos por encima del hombro; la sonrisa de oreja a oreja cuando hablan de él, como mofándose, y al mismo tiempo exhibir que estaba preparado, gozando del momento".



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