Mientras el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, disfrutaba en la manifestación del Orgullo, los dirigentes de Ciudadanos eran víctimas del lanzamiento de orines. Los liberales abandonaron la concentración escoltados por la Policía. Muchos de ellos, según ha testado este diario, esperaban que el responsable socialista condenara lo sucedido. Ocurrió justo lo contrario. "Hoy no es el día para lavarse la imagen y limpiarse la cara", espetó sobre los de Rivera. Para más inri, les brindó un par de adjetivos: "Hipócritas y cínicos".

Inés Arrimadas, portavoz nacional, corrió a pedir su dimisión. Acusó a Marlaska de una conducta "incendiaria" e "irresponsable", de “poner en la diana” a los políticos y simpatizantes de Ciudadanos. Un mensaje que tejió la discrepancia y unió a los críticos con el oficialismo. “Con este PSOE no hay nada que hacer”, reseñan unos y otros.

Si existía un resquicio para que Rivera evaluara la abstención, acaba de ser dinamitado. "Ponen todo de su parte para que los incluyamos en el paquete de los extremos sectarios", coinciden un par de dirigentes hasta ahora dispuestos a entablar un diálogo con Ferraz.

Un delicado precedente

La manifestación del Orgullo, por otro lado, sienta un precedente delicado: el cierre de filas del PSOE con Marlaska ha volado provisionalmente el cauce de la diplomacia entre ambas formaciones y deja en el aire los "pactos de Estado" que iban a reunir a Sánchez y Rivera: educación, terrorismo, medio ambiente...

Arrimadas resumió la concepción que, desde este sábado, tiene Ciudadanos acerca del PSOE: "El Gobierno sanchista alimenta el odio contra nuestros votantes". Marlaska, lejos de desdecirse, acusó a los liberales de buscar "el protagonismo cuando no les toca" y de "pactar obscenamente con quien trata de limitar los derechos del colectivo LGTBI".

El PSOE define a Rivera como la “derecha cómplice” que insufla a Vox el “combustible” necesario. De momento, Ciudadanos no ha firmado un sólo papel con Abascal, aunque han quedado unidos indirectamente a través de los pactos en Andalucía y la capital de España. Las reticencias de los liberales respecto a Vox han dejado en el aire el Ejecutivo de Murcia, y también el de la Comunidad de Madrid.

La España "que quiere Sánchez"

Patricia Reyes, responsable del área LGTBI de Ciudadanos, dijo sobre Marlaska en su cuenta de Twitter: “El que debe velar por la seguridad de todos alentó a las masas para que fuéramos objeto de insultos y agresiones. Esa es la España que quiere Sánchez”.

Las fuentes de Ciudadanos consultadas por este diario muestran su incredulidad por la reacción institucional del PSOE. Ferraz, con la misma contundencia, apoyó a Marlaska y condenó “las infamias que se están vertiendo sobre el ministro”. Adriana Lastra, vicesecretaria general socialista, asegura que la “capacidad de manipulación de Cs llega a límites insospechados”. A ojos de Lastra, los liberales tratan el Orgullo como una “mani fascista”, mientras se refieren a la de Colón, “junto a Vox y Falange”, como una concentración “constitucionalista”.

La conducta del PSOE, que ha escocido sobremanera en Alcalá 253, aporta argumentos a Rivera para responder a las presiones políticas y empresariales. Según cuenta a este periódico uno de los pesos pesados del partido, esas inducciones a la abstención “se han recrudecido mucho” desde que se conocieron los resultados de las últimas generales. Lo sucedido en el Orgullo y los pactos en Navarra, piensa Rivera, alejan a Sánchez definitivamente del centro.