Una jornada con Javier Imbroda no es una jornada particular, parafraseando el título de aquella célebre película de Ettore Scola. El que fue entrenador del Unicaja y seleccionador nacional de baloncesto encabeza la lista de Ciudadanos por Málaga al Parlamento de Andalucía. En la vorágine de la campaña, que él compara con los playoffs de la ACB -o de la NBA, no lo precisa-, Imbroda repentiza sobre trenes, sobre urbanismo, sobre la corrupción en la Junta o la tensión del deporte de alta competición.

Javier Imbroda se parece cada vez más al comentarista de televisión que narraba las gestas de los Gasol y los Navarro. Cuida la pronunciación y se relame con los anglicismos, con un deje entre sureño y profesoral. Para comenzar un día con él, nos cita a la puerta del mismísimo AVE a las 10.30, bajo un chaparrón del que la prensa y sus asesores quedan resguardados por una marquesina vanguardista que no nos libra de goterones certeros. A esa hora Imbroda defiende el tren litoral que ha de vertebrar la Costa del Sol, y un taxista se mete en el plano y le grita, socarrón: "¡Pida el voto de los taxistas!".

Poco después, mientras el candidato argumenta que la vertebración de la Costa puede tener "un impacto positivo del 80% en el PIB de la zona", un jubilado vende lotería clandestina -la famosa rápida malacitana- a un joven con chándal y zapatillas fluorescentes. La presencia de cámaras y plumillas no detiene el ritmo de Málaga, capital del Sur de Europa según el chovinismo de Celia Villalobos. Por detrás de Imbroda pasa el murmullo de la ciudad con vecinas que cuando ven una cámara a primera hora de la mañana se ponen en lo peor, en lo luctuoso.

El curioso incidente de la cafetería

A eso de las 11 y pico se permite un descafeinado en una cafetería en la puerta de la sede de Cs Málaga, tan acogedora o impersonal como la sede de cualquier partido de la nueva o de la vieja política: tanto da. Imbroda se relaja, se confiesa con una media sonrisa que mira a la cucharilla del café y al entrevistador. A su espalda, un televisor emite en sordina un videoclip de Rosalía mientras él, que fue seleccionador nacional de baloncesto, se ufana de que adivinó el desenlace de Lopetegui: "Dije que Lopetegui no llegaría a los turrones. Lo anticipé en Twitter".  

Era previsible que se le preguntase por las concomitancias entre el deporte y la política, y sin embargo parece enorgullecerse de su pasado como futbolista de la UD Melilla en la temporada 77/78. El entrevistador le pregunta por su demarcación: "Me jode decirlo, porque jugué en la misma de Guardiola". O sea, centrocampista.

A las doce menos veinte hay revuelo en la barra de la cafetería. Un etílico mañanero intenta irse sin pagar. Parece que no domina el castellano, el camarero lo retiene y amenaza con llamar a la Policía. Imbroda salta como si le pitasen una personal en contra, le da al barman los dos euros del anís y el borrachín se va por donde entró. El político o el baloncestista de los banquillos se vuelve a colocar la chaqueta, mira el reloj y prosigue su café y su charla como si nada. 

Después del curioso incidente, el candidato defiende la utilidad del sistema autonómico "en tanto que debe ser una Administración cercana al ciudadano". Cuando le ofrecen lotería de Navidad la rechaza y nos confiesa que a él ya le "tocó el gordo". Y es cierto. Venció al cáncer.

La vuelta a Málaga en furgona

Javier Imbroda es melillense, futbolista en la mocedad, seleccionador nacional de baloncesto, escritor y articulista, coaching y superviviente. Sube al monovolumen, contesta el whatsapp. Su americana no se arruga ni se moja bajo el chaparrón.

En la camioneta de campaña lo grabamos, intenta que se le vea el cinturón, se preocupa por la Seguridad Vial y nos habla del éxito. Un motorista se nos cruza bajo la lluvia en una curva. Llueve con desgana, y la camioneta del candidato en campaña pasa por el barrio de Carretera de Cádiz, por Huelin -con una de las densidades de población más grandes de Europa-; "parece Tokio", se oye decir.

Al rato, llegamos al polígono Guadalhorce y aparece la célebre fachada de la discoteca de alterne S'kandalo con su eslogan "Porque te lo mereces". Si bien el despilfarre público en prostíbulos es una de las constantes de la campaña andaluza, no caemos en esa coincidencia feliz del paisaje. 

Récord de la ACB

La furgona del candidato se detiene a las 15.56 a la puerta de la televisión provincial más potente. En la fachada de los estudios televisivos grabamos a Imbroda con un balón que traíamos desde Madrid y que, por circunstancias que se escapan al periodismo y a la neumática, estaba pinchado. Pero el baloncestista de Cs se lo pasa por la cintura, imagina fintas de cara a un tablero inexistente, y nos recuerda que "sólo Pablo Laso está a dos partidos de batir [su] récord en la ACB". Intuimos que de victorias. 

En pleno éxtasis de recuerdos deportivos, bajo la cortina de agua, nos rememora la victoria de España sobre USA en el Mundial de Indianápolis ("allí les dimos hasta en el... Nos los cepillamos. En casa. 81 a 75. Y fuimos los quintos del torneo"). Le cuestiono que si es más difícil ganarle a Estados Unidos en su cancha o a Susana en la Junta, y sonríe: "Desde chiquitito estoy acostumbrado a competir. Si ganamos al Dream Team, por qué no a Susana”". 

El debate en televisión

Le pregunto por su hermano, Juan José Imbroda, presidente por el PP de la Ciudad Autónoma de Melilla, y me asegura que da la casualidad de que también anda por Málaga, y bromea con que sería "un puntazo" encontrárselo. 

A las 16.30, ya con el pilotito rojo, a los que acompañamos al candidato nos acomodan en un plató contiguo con no pocos atrezzos cofrades. La mesa está decorada con nazarenos y demás añadidos semanasanteros. Encuentro una canasta oficial de la ACB en el almacén de la emisora, se la pido al realizador para unos tiros con nuestro perfilado, y me dice que "de ninguna de las maneras".

Mientras, Imbroda va respondiendo sobre la sosería del debate entre Susana, Juanma, Rodríguez y Marín. "Hay que conocerlo" (a Juan Marín), admite. Aunque para nuestro candidato, el "formato del debate" está "desgastado por el uso".  

Llegada de Villacís 

Begoña Villacís tenía previsto un paseo ciudadano por las calles de Málaga acompañando a Imbroda. Pero la lluvia, pertinaz como en Macondo, cambia los planes. Se opta por un acto en un hotel cercano a la explanada de "los legionarios" del Jueves Santo. Allí Imbroda graba para este periódico los últimos planos mientras su comitiva espera a que llegue Villacís.

Veinticinco minutos tarda en llegar desde el aeropuerto la concejala madrileña. Centenar y medio de simpatizantes la esperan en la sala Minotauro del hotel, "la misma en la que los críticos del partido conspiraban", y piensa uno que una formación política alcanza la mayoría de edad cuando ya goza de conciliábulos conspiradores.

Los chicos de megafonía que hay por la sala no saben nada de política ni de baloncesto histórico: "Hemos puesto la canción de esta gente (Cs) en bucle". Ovación cerrada a la llegada de una Villacís moreno andaluz. Cuarenta minutos más tarde, cuando el acto está a punto de terminar, nos despedimos de Imbroda con un guiño lejano, que va desde el escenario a la última fila. El último AVE nos devuelve a Madrid tras una jornada particular. A Javier Imbroda no se le ha arrugado ni mojado su americana.