Una vez hecha la mudanza de La Moncloa hasta Aravaca, el municipio madrileño donde Mariano Rajoy fijó su residencia, el expresidente del Gobierno tiene que dar los primeros pasos para situar al Partido Popular como partido de la oposición. De momento, el líder del PP optará por quedarse como líder de la oposición para pilotar su transición y evitar así una revolución interna donde dos de sus pilares en el Gobierno, María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría, puedan recrudecer ese choque. Quienes conocen a Rajoy coinciden en que no se anunciará "una revolución", sino que la renovación se hará "poco a poco".

El ya exinquilino de Moncloa ha solicitado al Parlamento ya que trasladen sus cosas de las dependencias del Gobierno al despacho de líder de la oposición. Es el mismo habitáculo que hasta ahora utilizaba Margarita Robles, a quien tanto fuentes del PSOE como de la oposición al Gobierno ven ya ocupando alguna cartera en el nuevo gabinete que está cerrando Pedro Sánchez.

Pasado el duelo de su salida repentina del Gobierno, Rajoy se reúne por primera vez este martes con sus barones y altos cargos del PP para evaluar la situación y dar los primeros pasos para convertirse en un verdadero partido de oposición. La primera pieza que deberá reorganizar el presidente del partido conservador es el Grupo Parlamentario del Congreso de los Diputados, donde muchos ven el perfil de Rafael Hernando poco idóneo para volver a atraer al electorado conservador que huyó a Ciudadanos.

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En este escenario resurge el nombre de Soraya Sáenz de Santamaría, la todopoderosa vicepresidenta del Gobierno que cuando entregue su cartera a su sucesor o sucesora se quedará como diputada rasa en el Congreso si Rajoy no la impulsa de nuevo a la portavocía que ya ejerció antes de llegar a Moncloa. Muchos ven en ella la persona más válida para ejercer de oposición al nuevo Ejecutivo de Sánchez, pero la última palabra la tiene también el presidente del Grupo Parlamentario, que sigue siendo Mariano Rajoy.

El expresidente del Ejecutivo tiene también que buscar acomodo para su secretaria general una vez que deje de ser ministra de Defensa. Cospedal nunca reconoció abiertamente si querría volver a presentarse como cabeza de cartel del PP para Castilla-La Mancha en 2019. Fuentes del partido en la región daban por hecho que sería su delfín, Vicente Tirado, quien finalmente se presentaría. Pero este brusco cambio en el guion vuelve a colocar a la 'número dos' del PP en las quinielas para reconquistar la región que hoy dirige Emiliano García-Page. "Poner a Cospedal en Castilla-La Mancha y a Santamaría en Madrid, ayuntamiento o comunidad, despejaría el terreno para Feijóo", resume un alto dirigente del partido. 

El futuro de Santamaría

El hipotético nombramiento de Santamaría como portavoz provoca también un enorme recelo en las filas del PP. El exministro de Exteriores José Manuel García-Margallo no esconde ya su animadversión con la vicepresidenta en funciones y reconoció ante los medios de comunicación que trabajará para que no sea ella la elegida para sucede a Rajoy. Aunque nadie lo secunda en público, muchos militantes y altos cargos del PP comparten las palabras del exministro y creen que la etapa de Santamaría también acabó el viernes, con el triunfo de la moción de censura. "Si la coloca de nuevo en la portavocía no despejará el terreno de cara a la sucesión y el partido podría reventar", alega un destacado miembro del partido.

De momento, Rajoy sigue siendo a los mandos de Génova y quiere ser él quien diseñe la futura estructura del partido que se quedará cuando él decida dar el paso atrás definitivo. Cuándo lo dará es todavía un misterio. Un sector importante del PP recuerda que "no hay que darlo por muerto" porque "ha resurgido muchas veces de las cenizas. Puede que quiera agotar la legislatura ejerciendo él de oposición contra Sánchez", alegan.

Objetivo: sacar a Rivera del tablero de juego

Otros, sin embargo, creen que con la pérdida de Moncloa se vislumbra un nuevo ciclo en el partido, "necesario para poder amortiguar el golpe de Cs y sacar a Albert Rivera del tablero de juego". Es el sector más crítico con la decisión de Rajoy de aguantar hasta el último segundo aunque perdiera su Gobierno y no presentar su dimisión antes de que se votara la moción de censura. "Tuvo que haberse ido aunque Sánchez hubiera conseguido semanas después sacar los apoyos para una sesión de investidura. No es justo que se haya dejado matar y caer con todo el equipo", se quejan en privado.

Hasta que hable Rajoy, todas las miradas puestas se dirigen hacia Galicia. Su presidente, Alberto Núñez-Feijóo, el mejor posicionado en las quinielas para el postmarianismo, solo ha dicho que "vamos a escuchar y conocer cuál es la opinión del presidente, que me parece determinante". El único barón que gobierna con mayoría absoluta en una autonomía fue un paso más allá y aseguró ante los micrófonos que "estoy a disposición de Galicia y del partido". Hay quien ve en esta afirmación que si el gallego reúne el apoyo de la mayoría de los barones del partido, podría dar un paso al frente para presionar a la cúpula actual del PP y presentarse a un congreso extraordinario para convertirse en el futuro presidente nacional del Partido Popular.