Nada refleja mejor las diferencias entre el estado de salud de la democracia española y el de la democracia en la comunidad autonómica catalana que las distintas reacciones a los casos de corrupción que atenazan al PP de Mariano Rajoy y al régimen nacionalista diseñado por Jordi Pujol, padre de esa Convergencia Democrática de Cataluña hoy reciclada en el PDeCAT, por un lado, y en la JxCAT de Carles Puigdemont y Quim Torra, por el otro. 

Tras la sentencia del caso Gürtel, el PSOE presentó una moción de censura contra Mariano Rajoy a la que se sumó, "sin condiciones", Podemos. Ciudadanos pidió la convocatoria inmediata de elecciones anticipadas. Los medios de prensa reclamaron de forma casi unánime la dimisión del presidente. Mientras tanto, en Cataluña, Jordi Pujol era homenajeado y su legado reivindicado por las elites del régimen nacionalista catalán. Dos mundos. 

El homenaje a Jordi Pujol tuvo lugar hace dos semanas, en la Institución Cultural del CIC, heredera del Centro de Influencia Católica Femenina inaugurado en pleno franquismo y, a día de hoy, una de las instituciones educativas más cercanas ideológica y filosóficamente al régimen nacionalista. Ni un solo medio catalán criticó el homenaje. Ninguno de los medios públicos, desde luego. Pero tampoco ninguno de los concertados. Sirvan de ejemplo los siguientes tuits, entre ellos uno de José Antich, exdirector de La Vanguardia y ahora director de elnacional.cat.

Tampoco ERC o la CUP mostraron el más mínimo reparo al homenaje de quien es, a día de hoy, la principal de las cuatro patas de la corrupción del régimen nacionalista catalán, siendo las otras tres el 3%, el caso Palau y los desvíos de fondos ligados al llamado "proceso soberanista". En el centro de todos ellos, la Convergencia de Pujol, Mas, Puigdemont y Torra, en sus distintas encarnaciones

En Cataluña, el habitual silencio manso de ERC y CUP, los secundarios con frase del régimen nacionalista controlado por la burguesía convergente de las cien familias, se suele atribuir a la preponderancia moral del llamado "gen convergente". Un gen que ha conseguido gobernar y controlar el panorama político, social y financiero catalán durante cuarenta años incluso cuando el Gobierno no estaba en manos de Convergencia sino en las del tripartito de PSC, ERC e IC-V

El homenaje a Pujol tuvo lugar sólo cuatro días antes de la investidura de Quim Torra como presidente de la Generalidad. El simbolismo no deja de resultar llamativo. A fin de cuentas, el racismo y la xenofobia de Quim Torra, el décimo presidente de la Generalidad catalana, enlaza de forma directa con ese Pujol de los años cincuenta que clamaba contra andaluces y extremeños llamándoles "hombres destruidos". El "gen convergente", en definitiva, es algo más que una metáfora: la burguesía catalana siempre lo ha entendido de forma literal.

"El lugar escogido para el homenaje a Jordi Pujol no es casual. El CIC es una institución educativa que funciona al amparo del nacionalismo convergente. Es ese nacionalismo que tenía en sus manos todo el paisaje social, toda la sociedad civil, como la llaman ahora. Una sociedad civil absolutamente adocenada y a las órdenes del nacionalismo. El acto del CIC pretendía dignificar lo que ha significado la familia Pujol para una parte de la sociedad catalana. O para lo que ellos se pensaban que tenía que ser la sociedad catalana” dice Andrea Levy, diputada del PP en el parlamento regional catalán. 

Pero Levy tiene su propia opinión respecto a la ascendencia de las distintas facciones de la vieja Convergencia de Jordi Pujol. Según la popular, el poder del núcleo duro de la vieja Convergencia ha menguado respecto al de las facciones representadas en el PDeCAT y, sobre todo, en JxCAT. "Convergencia se lo tendría que hacer mirar. Están absolutamente desaparecidos de cualquier acto político. Carecen de líderes reconocibles en las instituciones. Hay que ir a buscar al Senado a la primera dirigente con mando en Convergencia, que es Marta Pascal. No se sabe dónde están" señala Levy.

"Entiendo que Convergencia tiene la intención de reformularse más allá del cambio de siglas que ya hicieron con el PDeCAT. Quieren volver a las esencias de la Casa Gran, que consistía en controlar todas las instituciones políticas y sociales en Cataluña. Desde las patronales de empresarios, a los sindicatos, las patronales educativas o las instituciones educativas como el CIC. Quieren volver a controlar los presupuestos públicos" finaliza Levy, que ve en el homenaje a Pujol el primero de los pasos hacia esa reivindicación de la vieja Convergencia

La Nápoles española

Más contundente incluso es Alejandro Fernández, portavoz parlamentario del PP en el Parlamento catalán. "A pesar de su obsesión por Dinamarca y Finlandia, el imaginario del nacionalismo catalán es mucho más cercano a Nápoles o Sicilia. El padrino ideológico y sentimental, Jordi Pujol, ha hablado y ha señalado a los suyos, Puigdemont incluido, el camino que ahora toca recorrer". Y ese camino es el de una república presidencialista unipartidista. Huelga decir cuál sería ese partido único y cuál sería el verdadero alcance de su separación de poderes

Miriam Tey, vicepresidenta de Sociedad Civil Catalana, parece tener claro que el homenaje a Pujol no fue casual. "Desde los años noventa no se hace prácticamente nada en Cataluña que no tenga intencionalidad política. Su 'construcción nacional' ha contaminado los medios de comunicación, la escuela, los colegios profesionales, lo ayuntamientos, la cultura y hasta el deporte. Un movimiento mesiánico como es  el nacionalismo necesita de un líder, y ahora que tienen al suyo fugado, parece que rememorar a los que lo fueron puede ser útil para cohesionar" dice Tey. Y finaliza: "Si no tienen figura en la que proyectarse, su destino resulta triste y onanista".