La ministra de Sanidad se ha convertido en el nuevo referente del Partido Popular en Cataluña cuando el partido atraviesa sus horas más bajas. Hasta que el desafío secesionista estalló y provocó la intervención de la autonomía en aplicación del artículo 155 de la Constitución, la cara más visible de los conservadores en la autonomía gobernada por los independentistas era la vicesecretaria de Estudios y Programas, Andrea Levy. Pero tras el pulso que Carles Puigdemont echó al Estado, sobresalió la figura la de la ministra de Sanidad.

Dolors Montserrat (San Sadurní de Noya, 1973) se obsesionó con lograr para Barcelona la Agencia Europea del Medicamento hasta tal punto de que se reunió con todos los ministros de Sanidad de la UE -con algunos dos veces- para convencerlos de las virtudes de la ciudad. Fuentes de su entorno aseguran que la mayor parte del tiempo lo pasaba explicando qué sucedía en Cataluña. Finalmente, la incertidumbre política derivada del procés provocó que la agencia europea acabara en Amsterdam. Un mazazo para España, para el Gobierno y para la ministra, que quedó desolada.

Una "buenísima candidata"

Desde que los independentistas tensaron la cuerda hasta romperla, Montserrat ha protagonizado algunos de los cara a cara más acalorados del Parlamento. En septiembre recordaba a la senadora de ERC Elisenda Pérez Esteve que “soy tan catalana como usted”, y le confesó que sentía “vergüenza” por el “mayor atropello” que se ha cometido contra Cataluña.

Montserrat durante una visita al mercado semanal de Girona durante la campaña. EFE

Dos meses después, cuando el ayuntamiento de su ciudad natal cursaba una moción de la CUP para declararla persona non grata, reprochó a otro senador, también de ERC, que “lecciones de usted, las justas, que pintan mi casa por pensar diferente. Yo siento, pienso y amo en catalán”. Su testimonio arrancó el aplauso de toda la bancada azul y levantó los ánimos de su partido, una formación necesitada de líderes que empaticen con la sociedad catalana.

“Dolors está sufriendo muchísimo con lo que está pasando y se está volcando en cuerpo y alma en la campaña. Necesitamos muchas Dolors en el Partido Popular”, reflexiona un alto cargo del partido en Cataluña. Compañeros del PP reconocen que sería una “buenísima candidata” pero entienden que todavía no ha llegado su momento.

Hija de otra Dolors política

Por ahora, nadie se atreve a pronosticar el resultado del 21-D, aunque todas las encuestas vaticinan la caída imparable del PP. El propio candidato, Xavier García Albiol, admitía en una entrevista con EL ESPAÑOL que si la formación que lidera es la menos votada se pondrá a disposición del partido. En el PP, muchos ya empiezan a pensar en Montserrat a medio plazo como la gran apuesta para poder competir con Ciudadanos, un partido que les ha robado muchos votantes.

Dolors Montserrat vivió la política desde que nació. Su madre, también Dolors Montserrat, se afilió a Alianza Popular en los años 80, fue presidenta del PP de Barcelona entre 2000 y 2008, y diputada en el Parlament desde 1988 hasta 2012. Incluso tuvo tiempo de ser concejal de su municipio.

Montserrat hija centró su carrera en Madrid, aunque siempre mantuvo una gran influencia sobre el PP catalán. Ha sido parlamentaria rasa en el Congreso en cuatro legislaturas y concejal del Ayuntamiento de Sant Sadurní d'Anoia antes de que Mariano Rajoy la llamara para ser ministra. “¿Estás de coña?”, le dijo su progenitora cuando le dio la primicia.

Una firme defensora del 155

También fue candidata a presidir el PP catalán cuando saltó el caso La Camarga, que salpicó a Alicia Sánchez Camacho. La cartera de Sanidad es considerada un departamento de segunda en el Consejo de Ministros, pero Montserrat la puso en valor cuando le tocó defender ante la UE que la Agencia Europea del Medicamento se instalara en Barcelona justo en el momento de máxima tensión entre el Ejecutivo central y el autonómico.

Albiol, muestra un cartel con la imagen de la ministra Montserrat en un almuerzo-mitin en Sant Sadurní. Quique García EFE

Dolors Montserrat ha vivido la aplicación del 155 con tanta intensidad que muchos de sus compañeros le preguntan cómo se encuentra cuando se la cruzan por los pasillos del Congreso o del Senado. Ella es una firme defensora de la decisión que tomó Rajoy y es el principal argumento que exhibe el Gobierno en la campaña catalana, sobre todo en la Cataluña interior. 

El futuro de la ministra no está escrito. Dependerá, en gran medida, de los resultados que Albiol consiga el jueves próximo. Muchos la ven como la esperanza para que el partido resurja. Ella se muestra cautelosa y dice a su círculo más cercano que estará donde el partido la necesite. Nadie duda en el PP de que en Cataluña será necesario un cambio en la estructura para intentar renacer, y que andan huérfanos de referentes.

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