El Gobierno acaba de anunciar su decisión de cambiar, tras 83 años de historia, la nomenclatura del Ejército del Aire, que pasará a denominarse Ejército del Aire y del Espacio. 

Se trata de una decisión tomada por el Gobierno para "hacer más visibles" los esfuerzos que se están tomando para "adaptar todos los dispositivos y la defensa del país a una nueva realidad", repleta de nuevos desafíos, en mayor medida en materia de ciberseguridad. 

La decisión la ha anunciado este lunes la portavoz del Ejecutivo, Isabel Rodríguez. "Tiene el trasfondo de una apuesta estratégica de este Gobierno. Hemos hecho una apuesta especial e importante por la industria aeroespacial".

[Defensa compra 20 aviones Eurofighter en medio de las críticas de Podemos al aumento del gasto militar]

"Es un sector estratégico para España -continuaba la portavoz-, por lo que significa su producción, por el ecosistema que genera en torno a él, en base a la innovación y del mercado laboral". 

Dos años

El cambio de esa nomenclatura ha suscitado en los dos últimos años un intenso debate en el seno del Ministerio de Defensa sobre la conveniencia o no de su modificación.

En 2019, la ministra de Defensa Margarita Robles expresaba con claridad a las preguntas de la prensa que "el futuro pasa por la unión del Ejército del Aire y del espacio", puesto que "no se puede contemplar el siglo XXI sin obviar el espacio".

[Defensa estudia cambiar el nombre del Ejército del Aire para adaptarlo a sus funciones en el espacio]

Con ello Robles reflexionaba sobre los desafíos que, para la seguridad, plantea el espacio y ante los que no se pueden adoptar posicionamientos exclusivamente nacionales, porque de esta esfera "depende nuestra seguridad y nuestra vida".

Por ello, reconoció que en el seno del Ejército del Aire existe un debate acerca de su denominación con el objetivo de cambiar su nomenclatura y pasarse a llamar Ejército del Aire y del Espacio, una posibilidad que no desdeñó, debido a que "el espacio forma parte de nuestra seguridad y de nuestra vida".

Esa es una denominación con la que ya cuenta, por ejemplo, la fuerza aérea de Francia, uno de nuestros países vecinos.

También el Jefe del Estado Mayor del Aire (JEMA), el general Javier Salto, ha puesto en ocasiones de manifiesto la importancia que ha adquirido el espacio en las últimas décadas, siendo este un nuevo escenario en el cual las amenazas y los desafíos están siendo abordados por las grandes potencias mundiales.

También él era partidario de efectuar este cambio de un nombre que había permanecido invariable en sus 83 años de historia, desde su creación en 1939.

En los últimos tiempos, las funciones de Ejército de Aire se han extendido más allá de la seguridad aérea más próxima. Sobre sus hombros ha recaído el análisis y la neutralización de amenazas más distantes en el plano físico.

Basta con mirar los últimos informes del Departamento de Seguridad Nacional (DSN), en los que ya hablan de la "seguridad aeroespacial" y no de la "seguridad espacial", como en ediciones anteriores.

El Ejército del Aire cuenta con aproximadamente 23.000 efectivos. La tecnología ha sido clave en el devenir del cuerpo militar en las últimas décadas, si bien los últimos años han supuesto un reto para la estructura castrense.

Uno de los principales hitos en los últimos años en esa escalada de atención de las Fuerzas Armadas hacia el espacio se produjo en noviembre de 2019 con la creación del Centro de Operaciones de Vigilancia Espacial (COVE). Ubicado en la Base Aérea de Torrejón de Ardoz, su principal misión es la vigilancia y el conocimiento de la situación espacial de interés. Desde ella se vigilan todas las amenazas espaciales, y por eso proporciona apoyo a todas las Fuerzas Armadas. 

Radar

Por eso también cuenta con una delegación en la Base Aérea de Morón de la Frontera (Sevilla). Allí se decidió ubicar el radar de vigilancia y seguimiento espacial S3TSR y que supone uno de los principales activos de la red de sensores del COVE.

Ese radar, construido por Indra, es el principal activo del COVE, y uno de los más potentes del mundo. Su función es vigilar las órbitas terrestres bajas, aquellas en las que se concentra la mayor parte de actividad humana en el Espacio y que se extiende entre los 200 a los 2.000 kilómetros.

De este modo, entre otras capacidades, el S3TSR tiene la capacidad de observar objetos de dos metros a 1.000 kilómetros de distancia y objetos de 43 centímetros a 1.000 kilómetros de distancia.  Ubicado en la base de Morón en Sevilla, forma parte del reducido grupo de sistemas distribuidos por todo el planeta que tiene un alcance similar.

Su principal función es la de vigilar los restos de viejos satélites que han ido quedando abandonados en el espacio. Unos objetos que vuelan sin control a gran velocidad convertidos en peligrosos proyectiles.

En el futuro, ese radar espacial tendrá además una clara aplicación militar. Al tratarse de un radar escalable, su sensibilidad se irá multiplicando progresivamente hasta llegar a detectar objetos de muy pequeño tamaño con enorme precisión.

Podrá hacer el seguimiento de misiles balísticos de última generación que siguen trayectorias exoatmosféricas y son capaces de burlar la vigilancia de radares convencionales.

Alertará de posibles ataques intencionados con satélites Kamikazes, que intentan dejar fuera de juego a satélites de observación o posicionamiento claves para el desarrollo de operaciones militares y la seguridad de un país. Vigilará por último la actividad de satélites espía con el objetivo de conocer sus trayectorias y evitar en lo posible que puedan recoger información sensible.

Estrategia

Podría parecer una nimiedad, un cambio cosmético, pero lo cierto es que, a la luz de estos y otros datos, las Fuerzas Armadas llevan años preparándose para este rumbo ya emprendido por otras potencias mundiales y cuya senda tomó también España hace años. Por eso ya se participa en ejercicios o maniobras en las que la defensa del espacio resulta cada vez más fundamental.

Ese mismo año, España publicó su primera Estrategia de Seguridad Aeroespacial. En ella se resalta cómo el espacio proporciona “discreción y libertad de acción”, tiene un potencial económico enorme. En la estrategia se explicaba cómo este se había convertido ya “en un foco potencial de disputas, amenazas y desafíos que las naciones deberán afrontar individual y colectivamente”.

El 22 de marzo de este mismo año, el Consejo de Ministros aprobó el llamado PERTE Aeroespacial. Con él el Gobierno prevé movilizar cerca de 4.533 millones de euros entre 2021 y 2025, con una contribución del sector público de alrededor de 2.193 millones de euros y una inversión privada de cerca de 2.340 millones. Con él pretende dar un impulso al I+D+I en el sector aeronáutico y del espacio en los próximos años.

Este proyecto estratégico busca que la industria aeroespacial española se convierta en un actor clave ante los nuevos retos y oportunidades asociados a las grandes transformaciones previstas en el sector.