La infanta Leonor actuó el pasado mes de abril como madrina en la puesta a flote del Isaac Peral, el primero de los cuatro submarinos de la serie S-80 que Navantia construye en sus astilleros de Cartagena (Murcia) para la Armada española.

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Por fin veía la luz un proyecto que se remonta a 2004 -fue contratado por el entonces ministro de Defensa Federico Trillo tras la crisis del islote Perejil-, que ha acumulado multitud de retrasos y contratiempos, con una inversión próxima a los 4.000 millones de euros.

La construcción del submarino S-80 ha convertido a Cartagena durante los últimos años en "un nido de espías" marroquíes, explican a EL ESPAÑOL fuentes de la seguridad del Estado.

Aunque todavía deben transcurrir varios meses hasta que el Isaac Peral comience a navegar, aportará a la Armada española una importante ventaja competitiva respecto a Marruecos. Se trata de uno de los submarinos no nucleares más avanzados del mundo, con capacidad para permanecer sumergido durante tres semanas.

Esto lo convierte en un buque ideal para desarrollar misiones de inteligencia: por ejemplo -señalan las mismas fuentes-, para puntear toda la costa marroquí identificando la ubicación de buques de guerra, radares y bases militares.

Esto ha hecho que el Gobierno de Marruecos despliegue durante los últimos años una tupida red de agentes y colaboradores de su Dirección General de Seguridad en torno a Cartagena, pues una de sus prioridades es recopilar toda la información disponible sobre los sistemas españoles de defensa.

Las instalaciones del astillero de Cartagena han sido fotografiadas con teleobjetivo y los servicios secretos marroquíes han seguido de cerca cada fase de la ejecución del proyecto. Las fuentes de inteligencia consultadas por este diario dan por hecho que Marruecos ha logrado captar a operarios que trabajan en el astillero.

Todo ello, a pesar de que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) monitoriza a todas las empresas españolas dedicadas a la fabricación de armamento y somete a un exhaustivo escrutinio a sus empleados, que deben responder a un detallado cuestionario para obtener la habilitación personal de seguridad. 

El CNI le pisa los talones

Esto supone, para cada aspirante, el análisis de sus históricos de Hacienda y Seguridad Social, pero también el rastreo de todos sus contactos familiares, anteriores domicilios, viajes al extranjero y en ocasiones, movimientos bancarios, recopilados en miles de fichas que se incorporan a una macrobase de datos del CNI.

El Centro Nacional de Inteligencia aplica desde hace años el mismo protocolo con los trabajadores de instalaciones estratégicas.

El interés de los servicios secretos marroquíes se centra muy especialmente en las instalaciones militares de Ceuta, Melilla y las islas Canarias, pero también abarca toda la costa sur de la Península, desde Huelva a Murcia.

Los agentes de los servicios secretos marroquíes llegan a España como simples viajeros, aunque también pueden hacerlo a bordo de una patera, confundidos entre decenas de inmigrantes subsaharianos. 

Mezquitas y prostitución

En ocasiones se instalan en pequeñas poblaciones sin aparente interés estratégico. Puede ser en un pueblo de Ciudad Real, próximo a una base de helicópteros del Ejército de Tierra. Uno de sus primeros objetivos es identificar a los líderes locales de la comunidad marroquí: puede tratarse del imán de una mezquita o del jefe de un clan familiar, que serán persuadidos para colaborar como informadores a cambio de una prestación económica. Cuando es preciso, la captación se realiza por métodos mucho más violentos.

Uno de los cometidos de estos colaboradores será informar (e incluso fotografiar) el estado de los cuarteles españoles, la ubicación de radares y baterías de costa, los movimientos de tropas del Ejército español o la identidad de los miembros de los cuerpos de seguridad. La comunicación con los captadores se produce en persona, por internet, a través de redes sociales o de grupos de mensajería como Telegram.

Los servicios secretos marroquíes -añaden las mismas fuentes- se sirven en otros casos de las redes de distribución de droga (que en las costas de Cádiz se nutren de cientos de jóvenes desempleados) o de la prostitución, donde la información obtenida puede ser especialmente valiosa.

Junto a la presencia en las mezquitas (también monitorizadas por el CNI desde los años 90), esto explica que Marruecos maneje información de primera mano sobre las redes de captación de terroristas yihadistas en España. 

Terrorismo yihadista

Las fuentes de la inteligencia española señalan que la colaboración en materia antiterrorista en ningún momento se ha interrumpido entre ambos países, ni siquiera tras la ruptura de relaciones diplomáticas provocada por la presencia de Brahim Ghali en España, pues el interés es mutuo en esta materia. El islamismo radical considera al Gobierno de Mohamed VI como un régimen extraordinariamente moderado, cómplice de Estados Unidos y la Unión Europea.

El líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, llegó a la base militar de Zaragoza a bordo de un avión de la Fuerza Aérea Argelina el pasado 18 de abril, enfermo de coronavirus, para ser trasladado en ambulancia a un hospital de Logroño. Por indicación expresa del gabinete de la entonces ministra de Exteriores, Arancha González Laya, Ghali y su acompañante (supuestamente, su médico) entraron en España sin pasar por el control fronterizo, como desveló en exclusiva EL ESPAÑOL.

El líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.

Antes de que el avión argelino aterrizara en Zaragoza, los servicios secretos de la Dirección de Seguridad de Marruecos ya tenían conocimiento del plan que el Ministerio de Asuntos Exteriores había diseñado con la colaboración del CNI para traer a Ghali a España. Al poner en marcha una operación de estas características, el CNI siempre elabora un informe de "evaluación de riesgos", por lo que el Gobierno español era perfectamente consciente de las consecuencias diplomáticas que podía acarrear la llegada de Ghali a España. 

Las fuentes consultadas por este diario señalan que los servicios secretos marroquíes cuentan con informadores en los campamentos del Frente Polisario de Tinduf, pero también, muy probablemente, en varios ministerios del Gobierno de Argelia, su enemigo número 1 en la región.

El régimen de Mohamed VI no tardó en poner en marcha una operación de represalia: impulsó el 17 de mayo la entrada masiva de 10.000 inmigrantes en Ceuta en apenas 24 horas, que colapsaron la ciudad autónoma. También en este caso, el Gobierno marroquí utilizó la avalancha migratoria para introducir en Ceuta a agentes y colaboradores de su Dirección General de Seguridad, como desveló EL ESPAÑOL.

Las fuentes consultadas por este diario destacan que la colaboración de Argelia con España es desde hace años "exquisita", en materia de intercambio de información y de la lucha contra la inmigración ilegal, pues están en juego importantes intereses económicos: España es uno de los principales compradores del gas argelino. En cambio, tardarán mucho tiempo en cerrar por completo las heridas abiertas por la crisis diplomática que provocó el viaje secreto de Ghali a nuestro país.

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