El 'efecto Illa' ha funcionado, al menos para que el PSC ganase por primera vez en la historia las elecciones catalanas, en votos y escaños. Un hito que anima a Pedro Sánchez a seguir el mismo camino en Andalucía, donde hay elecciones autonómicas el año que viene, aunque el presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno, podría decidir adelantarlas a este mismo año. Se trataría, en este caso, de hacer candidata socialista a María Jesús Montero, ministra de Hacienda y portavoz del Gobierno desde que el secretario general socialista llegase a La Moncloa en 2018.  

Noticias relacionadas

Pero a diferencia de lo ocurrido en Cataluña, donde la 'operación Illa' fue diseñada de común acuerdo con el líder del PSC, Miquel Iceta -que dio para ello un paso a un lado, pues el actual ministro de Política Territorial era en principio el candidato de los socialistas catalanes- la 'operación Montero' se antoja, a priori, más complicada.

Además, podría hacer reverdecer viejas y profundas heridas en el PSOE. La expresidenta de la Junta y líder de los socialistas andaluces, Susana Díaz, no contempla otro escenario que no sea presentarse de nuevo, en la que sería su tercera candidatura, tras las de 2015 y 2018.

Sánchez y Díaz, en una imagen de archivo. EFE

Montero se instaló hace ya casi tres años en Madrid, pero con un claro carácter de provisionalidad. En todo este tiempo, acumula muchos kilómetros de AVE a Sevilla, adonde acude prácticamente cada fin de semana y donde reside su familia. Andaluces son también el grueso de sus colaboradores en Hacienda.

Para esta médico de profesión, nacida en la ciudad hispalense en 1966 y que fue consejera autonómica de Salud y Hacienda, volver a su tierra para tratar de recuperar para su partido la presidencia de la Junta sería todo un reto, que asumiría con satisfacción aunque también con la lógica incertidumbre por el resultado. 

Insinuaciones a Díaz  

En octubre próximo se celebrará de manera ordinaria el 40 Congreso Federal del PSOE, al que deben seguir los cónclaves autonómicos. Las insinuaciones a Díaz de que se eche a un lado ya le han llegado por varios lados, pero está dispuesta a plantar batalla.

Primero la propia Ejecutiva Federal pidió "reforzar y renovar en algunos casos los liderazgos autonómicos para hacer al PSOE competitivo en todos los territorios". Luego, por si quedase alguna duda, el propio Sánchez lo hizo de viva voz, aunque de manera velada, durante el Comité Federal celebrado el pasado 23 de enero en Barcelona, en el que se aprobaba la candidatura de Salvador Illa al 14-F.

El presidente del Gobierno camuflaba su aviso a Díaz en forma de elogio a la "generosidad" de Iceta al apartarse de la candidatura catalana. Más aún cuando, subrayaba en su discurso Sánchez, le tocaba ser el candidato. Es decir, lo mismo que Susana Díaz, líder regional y candidato. 

A nadie se le oculta que este podría ser el último y cruento capítulo de la batalla entre Sánchez y Díaz, que tensionó al partido como nunca y que se saldó con la victoria del primero en las elecciones primarias del año 2017. Ferraz considera que Díaz está ligada a una etapa superada en el PSOE andaluz, la que los ciudadanos de esa comunidad juzgaron en los comicios de 2018, haciéndole perder la mayoría necesaria para gobernar. 

El PSOE andaluz dista mucho de ser últimamente un remanso de paz, aunque fuentes próximas a Díaz insisten en que ahora mismo hay críticos a la dirección regional, pero que no tienen nada que ver con pasadas batallas entre 'susanistas' y 'sanchistas', ya olvidadas, aseguran.

Entre los críticos, figuras tan destacadas como el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, el vicepresidente del Congreso de los Diputados y diputado por Sevilla, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis y Felipe Sicilia, diputado por Jaén y nombrado por el Grupo Parlamentario portavoz en la comisión de investigación sobre el caso Kitchen.

El precedente Gómez  

El caso recuerda a otro en el mismo partido, pero con otros líderes, en otro ámbito territorial y en otra época. Fue en 2010 cuando José Luis Rodríguez Zapatero le hizo saber al entonces líder del PSOE en Madrid, Tomás Gómez, con el que se entrevistó en La Moncloa, que debía hacerse a un lado.

La idea de Zapatero era designar a su entonces ministra, Trinidad Jiménez, candidata a la Comunidad de Madrid, para intentar derrotar a Esperanza Aguirre. Gómez dijo que no y terminó imponiéndose a Jiménez en unas tensas primarias.

Curiosamente sería después Sánchez quien, en su primera etapa como secretario general, terminaría destituyendo fulminantemente a Gómez, para designar como candidato autonómico en 2015 a Angel Gabilondo. Otro dirigente, curiosamente, que también había pasado por la mesa del Consejo de Ministros. Como Illa y como María Jesús Montero.   

Contenido exclusivo para suscriptores
1€ primer mes
Accede a todo el contenido de EL ESPAÑOL por 1€ el primer mes, y después 6,99€ Sin permanencia

O gestiona tu suscripción con Google

¿Qué incluye tu suscripción?

  • +Acceso limitado a todo el contenido
  • +Navega sin publicidad intrusiva
  • +La Primera del Domingo
  • +Newsletters informativas
  • +Revistas Spain media
  • +Zona Ñ
  • +La Edición
  • +Eventos
Más información