Lo que más sorprendió a los agentes al acceder al interior de la nave industrial, repleta de grafitis en la fachada, era el orden que reinaba en su interior. Para tratarse de una antigua fábrica de muebles abandonada la hallaron realmente impecable.

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No había demasiada ropa. Tampoco electricidad, ni aparatos electrónicos. Apenas una silla, una mesa, un teléfono móvil y un catre en el que dormía la persona a la que estaban buscando. El joven yihadista, José, español, 37 años, no tenía demasiadas cosas, pero procuraba cuidarlas con esmero.

Incluso el inmueble que había okupado, y en el que se cobijaba oculto desde semanas atrás, presentaba un aspecto relativamente aseado. Era un tipo metódico. Es la impresión que les quedó a los investigadores cuando entraron a ponerle las esposas y cuando, horas más tarde, le sometieron a interrogatorio. 

José, un hombre sin trabajo, sin casa, sin familia, prácticamente sin amigos, descansaba en aquel desangelado lugar a las 6 de la mañana del pasado martes. Afuera, abriéndose paso entre la gélida mañana, un gran número de agentes de la Brigada Provincial de Información de Madrid y de la Comisaría General de Información (CGI) de la Policía Nacional rodeaba su guarida.

Los policías se disponían a entrar en el lugar. Toda precaución era poca. Sabían que el hombre podía ser peligroso. Dice a EL ESPAÑOL uno de los investigadores de la operación que tenían constancia de que había caído en manos de autodenominado Estado Islámico. 

Aquel chico había abrazado los postulados más agresivos del yihadismo, al punto de que había llegado a expresar su deseo de convertirse en "un mártir" de la yihad. "En mi carrera he visto muy poca gente con el ideario tan interiorizado. Lo tenía asumido de una manera brutal. Estaba en un grado increíble de radicalización".

Amenazas a funcionarios

Como vivía en la calle, y se había estado moviendo de un escondrijo hacia otro, corrían el riesgo de perderle el rastro. Pero le tenían por fin localizado y aparentemente desprevenido en la calle Alto de las Cabañas, en torno a la salida 18 de la carretera de A Coruña, en dirección al municipio de Las Rozas, al oeste de Madrid.

Por eso lo dispusieron todo para detenerlo antes de que, tal y como había planeado, huyera del país para unirse a las filas de los terroristas. O antes de que cometiera en Madrid alguna de las locuras que había anunciado en sus redes sociales las semanas anteriores.

Las primeras advertencias sobre su comportamiento llegaron a la Comisaría General de Información el pasado mes de septiembre. En torno a esas fechas, José, sin oficio ni beneficio, acude a las oficinas del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) a pedir ayuda. A los agentes les dijo que tenía intención de solicitar la renta mínima de inserción.

Va a las oficinas del paro, a diferentes servicios e instituciones, a comedores sociales. Y quienes le atienden detectan una agresividad y una radicalidad que les llama mucho la atención.

Llega a gritar y a amenazar allí mismo a los trabajadores públicos. Ante la imposibilidad de proporcionarle ayuda, el yihadista procede incluso a enviarles correos repletos de graves amenazas. Inmersos estos meses en una intensa campaña de prevención ante posibles atentados yihadistas, los investigadores reciben esa información y comienzan a analizarla.   

Los agentes de la Comisaría General de Información, tras detener al terrorista. EL ESPAÑOL

Dan entonces con sus redes sociales y hallan una particularidad con la que no se habían encontrado hasta ahora. El hombre utilizaba Linkedin, un espacio que por lo general se utiliza para encontrar trabajo, para difundir vídeos de grupos terroristas y de distintas ejecuciones de Daesh. "Guerrero de Alá", remarcaba en una de ellas. 

"Alá lo tenga en su gloria"

En otros espacios, como en su perfil privado de Facebook, José manifestaba lo que después les contó a los policías: su intención de volar a Turquía, y después a Siria, de convertirse en el mejor francotirador del autodenominado Estado Islámico (ISIS). Así lo indicaban algunos de los indicios recabados por los investigadores. "Dentro de la amalgama de personas dentro de Daesh, eran los que más le llamaban la atención. Quizá porque son dentro de la organización los que a su juicio más daño pueden causar en combate".

En su perfil dice vivir en Raqqa, otrora capital siria del desaparecido Estado Islámico. Allí profería toda clase de proclamas, algunas de ellas celebrando atentados como el perpetrado contra Samuel Paty, el profesor francés que exhibió en clase las caricaturas de Mahoma para explicar lo que era la libertad de expresión y que fue decapitado días después, a mediados de octubre, cerca del colegio en el que trabajaba.

Cuando la Policía abatió al asesino del maestro -un joven refugiado checheno de 18 años que había colgado en las redes sociales el vídeo del crimen-, José escribió: "Que Alá lo tenga en su gloria".

Los investigadores se percataron de que estaba buscando volar como fuera a Oriente Medio. "Lo estaba buscando por todos los medios. A lo mejor la renta mínima, cuando la hubiera cobrado, habría sido su presupuesto para viajar".

Aumento de radicalización

En los últimos meses los expertos en la lucha antiterrorista han detectado un aumento de la radicalización de determinados perfiles que tenían monitorizados desde hacía ya tiempo. Uno de ellos era este individuo.

Interior de la nave en la que el detenido se había instalado como okupa. EL ESPAÑOL

Sus agresivas publicaciones en redes sociales les hicieron ver que estaban ante un tipo potencialmente muy peligroso. Dice uno de los investigadores de la operación que el no poder viajar a Siria podía llevarle a cometer algún atentado terrorista en territorio nacional, como ha sucedido en otros casos a lo largo de los últimos años.

A las puertas de las navidades, en unas fechas en las que suele aumentar la preocupación ante posibles ataques, resultaba preciso actuar con rapidez. Una vez tuvieron en su poder todas las pruebas de que José podía perpetrar alguna atrocidad, los agentes acudieron con ellas al juez de la Audiencia Nacional, que ordenó su detención por los delitos de autoadoctrinamiento y enaltecimiento terrorista.

Converso al islam, sin estudios, hacía 5 o 6 años que José vivía en la calle. El terrorista contó a los agentes que fue una amiga la que allá por el año 2012 le habló de lo que estaba pasando en Siria. Le contó su versión, y le dijo que era Daesh quien realmente poseía la solución a lo que se estaba viviendo allí. Aprendió árabe, empezó a rezar y se cambió el nombre. Empezó a acudir a locutorios, y era en ellos en donde visualizaba y difundía contenidos de propaganda yihadista. 

Al detenerle, a los agentes les sorprendió el nivel de conocimiento que tenía de lo que estaba haciendo. "Yo publico pero no adoctrino", les dijo. Cuando iba a los locutorios tomaba todas las precauciones necesarias para evitar una posible imputación. Conocía la ley. Sabía que podían detenerle, y por eso vivía como un homeless, a salto de mata, de casa okupa en casa okupa.

Tras irrumpir en la nave industrial, los agentes se llevaban en el coche a un hombre que vestía como cualquier otro joven occidental de su edad. Ya esposado, en dirección a la base de operaciones de la Policía Nacional, se puso a gritar: "¡Al·lahu-àkbar, Al·lahu-àkbar!".