Cuando vio la furgoneta tomando velocidad en la rotonda ante el puerto de Cambrils (Tarragona), al agente solo le dio tiempo a emitir un grito de alerta. Su colega estaba de espaldas, y no logró apartarse. 

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-¡Cuidado!

La compañera recibió el impacto del atropello en las piernas y salió despedida unos metros hacia atrás. Quedó tendida en el pavimento del paseo marítimo, sangrando, completamente inconsciente. El agente de Seguridad Ciudadana de los Mossos d'Esquadra no sabía cómo se encontraba. En ese momento la perdió de vista.

Todo ocurrió con gran rapidez. El mosso, que había logrado esquivar al vehículo tirándose hacia la izquierda, observó desde su posición cómo volcaba el coche que se había abalanzado sobre ellos a la entrada del club náutico de Cambrils. Emergieron de él varias personas armadas con cuchillos, con chalecos adosados al cuerpo, fijados con cinta americana.

Eran, según logró apreciar, dispositivos bomba listos para hacer que todo saltara por los aires. Cuatro de aquellos hombres echaron a correr directamente hacia él. Y él sacó su arma para hacerles frente. Era la madrugada del 17 al 18 de agosto del año 2017. 

Este lunes se iniciaba ya la tercera semana del juicio por los atentados terroristas de Barcelona y Cambrils. Durante la vista en la Audiencia Nacional se ha podido escuchar el estremecedor relato del agente de los Mossos que abatió a cuatro de los cinco terroristas que perpetraron aquel ataque. 

El agente, con la voz trémula, al borde de quebrarse, ha tenido que revivir el escalofriante infierno por el que pasaron él y otros compañeros aquella noche en el segundo de los ataques del atentado, el que se perpetró en el paseo marítimo de la localidad de Cambrils.

Desde aquel heroico episodio en el que logró eliminar en cuestión de minutos a la mayor parte de los atacantes, el agente no ha vuelto a trabajar. Tiene diagnosticado un trastorno de estrés postraumático grave. Ha padecido varios episodios de depresión. Se encierra a menudo e intenta aislarse consigo mismo.

-Tengo dificultades serias para dormir. Estoy tomando medicación para todo ello -ha relatado ante el juez-. Tengo una hiperalerta constante cada vez que salgo a la calle. Padezco inseguridad, miedo a que se me reconozca, a que vuelvan a atacarme. Lo peor de todo es el sentimiento de culpa muy alto que tengo por cómo está afectando todo a mi familia. 

La noche del ataque

Tras el atentado en las Ramblas y la huida de los terroristas, Interior desplegó un operativo sin precedentes con el fin de apresarles y de asegurar otras localidades ante un posible segundo ataque. Al agente, para ello le comisionaron aquella noche en la entrada del puerto de Cambrils junto a varios compañeros de la brigada de Seguridad Ciudadana. 

Tras el ataque al corazón de la Ciudad Condal, los yihadistas se dirigieron a la segunda de sus guaridas, una masía abandonada en la población de Ruidecanyes (Tarragona). Allí prepararon el segundo atentado que iban a perpetrar en un plazo de 24 horas. Tras esa parada pusieron rumbo a la localidad costera. Allí, horas antes del atentado, en torno a las nueve y media de la noche,  adquirieron varios cuchillos y un hacha en un comercio de la localidad. 

Era la una de la mañana cuando patrullaba con sus compañeros en la entrada del club náutico de la localidad realizando un punto de control. "Era una zona de gran afluencia de gente. Había orquesta aquella noche, música en vivo, una muchedumbre detrás a la que proteger".

Driss Oukabir, Mohamed Houli Chemlal y Said Ben Iazza, los tres únicos investigados por los atentados de Barcelona y Cambrils. EL ESPAÑOL

Entonces apareció la furgoneta. El vehículo encaró la rotonda, aceleró a fondo y se abalanzó a toda velocidad hacia la multitud. Varios de ellos surgieron del vehículo que había volcado tras la primera embestida. 

Uno de ellos echó a correr en dirección al agente. Blandía un hacha, totalmente fuera de sí, mientras gritaba: "¡Allahu Akbar (Alá es grande)!". 

-No me dio más tiempo que prepararme y cuando lo tenía ya a pocos metros disparé, hasta abatirlo. Desconozco cuánto disparé, ni cuántos cartuchos tenía. En ese momento llevaba yo el subfusil y lo utilicé con esa persona.

En cuanto cayó el primero de los terroristas, el mosso cómo rápidamente otros tres se le echaban encima. Echó a correr hacia su derecha, eludiendo a los yihadistas. "Venían hacia a mí con toda la intención de atacarme".

Tras colgarse al cuello el subfusil echó mano al cinturón y extrajo su pistola. Constató que, además de los chalecos, iban armados. "Llevaban algo en las manos, no recuerda si un arma blanca más. En ese momento ya los tenía encima. No me dio tiempo más que para abrir fuego contra ellos y abatirlos a los tres". 

"En estado de shock"

En ese momento acaba todo. "No comprendo bien que ha sucedido, ha sido todo muy rápido. Me quedo en estado de shock. Oigo gritos. Veo gente ensangrentada pidiendo ayuda, que ayudáramos a su mujer que se encontraba en el suelo. Vi varias personas tendidas en el suelo". Localizó entonces a su compañera. Estaba de pie en medio del paseo. Cojeaba de una pierna y su rostro estaba cubierto de sangre.

En el tiroteo con los jóvenes yihadistas había perdido el walkie-talkie con el que se comunicaba de forma interna con otros compañeros. Tuvo que pedir ayuda a quien pasaba por allí. "Un ciudadano me prestó su teléfono. Pedí que vinieran ambulancias al lugar de los hechos, y compañeros, y ya ahí me quedé por allí sin saber dónde, ni cómo ni cuándo, y al llegar los compañeros me sacaron de allí y me llevaron a comisaría".

Nunca ha vuelto a trabajar desde entonces. Llevaba tres años de baja, nunca pudo reincorporarse a la actividad policial. La Seguridad Social le concedió una incapacidad parcial, sin poder reincorparse al servicio, le volvieron a dar la baja y en estos momentos está pendiente de una propuesta de incapacidad total que sigue a la espera de resolución. 

El valiente mosso que aquella noche abatió a cuatro de los cinco terroristas no ha recibido todavía ninguna indemnización por parte del Ministerio del Interior. Tampoco de la Generalitat de Cataluña. Sí aguarda con esperanza el trámite que le conceda el reconocimiento de víctima del terrorismo.