Cristina Coro Marta Espartero

La cuenta atrás para la defenestración definitiva de Juan Carlos de Borbón de la vida oficial y de la misma vida de la Familia Real está en sus horas finales. De hecho, podría materializarse a mediados de agosto. El padre de Felipe VI, cuyo nombre aparece en el artículo 57 de la Constitución española, ha aceptado finalmente salir del Palacio de la Zarzuela. No obstante, según ha sabido también EL ESPAÑOL, se resiste a renunciar al uso del título de Rey, que tiene reconocido con carácter honorífico.

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El esquema básico para deshacer el nudo gordiano generado por Juan Carlos al conocerse sus andanzas económicas, con cuentas millonarias en el extranjero, está prácticamente decidido.

En el guión hay un detalle importante que altera determinadas previsiones. El acuerdo es que sea el mismo Juan Carlos quien anuncie a través de un comunicado su renuncia, sin que aparezca como una decisión de Felipe VI.

Renunciará el propio Juan Carlos

Será quien reinó en España entre 1975 y 2014 quien lo dé a conocer. Hasta ahora, se ha entendido que sería Felipe VI quien aparecería como mano ejecutora, nada más y nada menos que de su padre, echándolo de palacio y privándolo del título vitalicio de Rey, concedido por un real decreto publicado en el BOE el 13 de junio de 2014, el año que abdicó.

En principio, los equipos negociadores de Felipe VI y Juan Carlos habrían acordado que sea el rey emérito quien comunique la decisión y no la Casa del Rey. La nota sería emitida desde el bufete de Javier Sánchez-Junco, el abogado contratado por Juan Carlos para defenderlo en los procesos judiciales que podrían abrirse contra él, además de en la investigación iniciada por el fiscal de Sala del Tribunal Supremo, especializado en delitos económicos.

Precisamente, se esperará al pronunciamiento del fiscal Juan Ignacio Campos Campos. El pasado 5 de junio, la Fiscal General del Estado, Dolores Delgado, dictó un decreto en el que se designó a Campos para llevar a cabo dicha investigación. Se trata de dilucidar si decreta el archivo de las actuaciones o traslada las diligencias al Tribunal Supremo para el inicio de la judialización del caso.

El abogado del rey Juan Carlos, Javier Sánchez Junco, a la izquierda, y el fiscal Juan Ignacio Campos, a la derecha.

El objetivo de la investigación de la Fiscalía del Supremo es delimitar o descartar la relevancia penal de las acciones económicas de Juan Carlos -el movimiento de los famosos 100 millones de dólares desde una cuenta de Suiza a otra en Bahamas, a nombre de Corinna Larsen-, si ocurrieron antes o después del mes de junio de 2014, fecha hasta la que el entonces rey de España estaba protegido por la inviolabilidad que el artículo 56.3 de la Constitución reconoce al jefe del Estado.

La decisión de la Fiscalía podría conocerse en la segunda semana de agosto, tras la cual Juan Carlos emitiría un comunicado con el desenlace en la Casa Real. En ningún caso, el contenido estará condicionada por el resultado de la investigación del fiscal. El padre de Felipe VI ya ha decidido abandonar Zarzuela, aunque no sin resistencia.

Dos fuentes diferentes de Palacio admitían a EL ESPAÑOL que Juan Carlos, muy dado a arrebatos propios de quien durante decenios fue el patrón indiscutido e indiscutible del lugar, ha perdido los nervios y ha expresado su contrariedad a gritos.

De sus labios, durante estas semanas de tensas negociaciones, ha podido oírse lo siguiente, de manera más o menos literal: “Esta ha sido mi casa durante 58 años y nadie es quien para echarme de aquí”. Se refería a Zarzuela, a donde llegó siendo príncipe de España tras casarse con Sofía de Grecia en 1962, con Franco como dictador. No obstante, Juan Carlos ha aceptado salir de palacio. Pero nadie sabe dónde se irá a vivir.

Sanxenxo o vivir con alguna de sus hijas

En las quinielas han aparecido lugares imposibles, como vivir de prestado en casa de su amigo Pedro Campos Calvo Sotelo, en Sanxenxo. Tampoco parece muy realista que se instale en el ático de la infanta Elena, muy próximo al Retiro, por muy espacioso que sea.

Juan Carlos no está dispuesto a huir, como si fuera un forajido o un apátrida, fuera de España. Se ha especulado con lugares pintorescos como la República Dominicana, donde reinan sus amigos Fanjul, los reyes del azúcar de América. Tampoco parecería muy estético que se marchara a vivir una temporada a Ginebra, donde vive su hija Cristina, dado que ha sido en este centro neurálgico de la banca internacional donde se han producido los movimientos ominosos de capitales de Juan Carlos.

El emérito anunciará, pues, que abandona Zarzuela tras conocerse la decisión de la Fiscalía del Supremo. Pero no para irse fuera de España.

El punto espinoso es la renuncia al título, reconocido en el Real Decreto del 13 de junio de 2014. “Don Juan Carlos de Borbón, padre del Rey don Felipe VI, continuará vitaliciamente en el uso con carácter honorífico del título de Rey, con tratamiento de Majestad y con honores análogos a los establecidos para el heredero de la Corona, Príncipe o Princesa de Asturias”, dice la disposición transitoria cuarta.

Este real decreto fue promovido por el entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y firmado por el mismo “Juan Carlos R.”.

Fuentes de Zarzuela admiten a este periódico que Felipe VI no quiere quitar el título del rey a su padre: “Se trata de una persona de 83 años, enferma; a veces se olvida de que estamos hablando de alguien muy mayor”.

Ni perdón ni escenificación

Zarzuela fue el escenario de una vivencia familiar dramática similar, aunque de menor voltaje. Aquel 14 de mayo de 1977, Juan de Borbón, padre de Juan Carlos, renunció a sus derechos dinásticos. Recuérdese que don Juan se sintió traicionado por su hijo cuando éste aceptó de las manos de Franco la instauración de la monarquía, en un acto previsorio celebrado en las Cortes franquistas en julio de 1969. El hijo de Alfonso XIII entendía que debía ser él el rey de España, y no su hijo, Juan Carlos, cuando acabara la dictadura y el país se convirtiera en monarquía. Como sucedió constitucionalmente en 1978.

Juan de Borbón se inclina ante su hijo y nuevo rey tras renunciar sus derechos dinásticos.

Aquel 14 de mayo de 1977, Juan de Borbón -Juan III para los monárquicos tradicionalistas- manifestó que su renuncia obedecía a “el espíritu de servicio a nuestro pueblo” y cerró su intervención con un estruendoso “Majestad, por España, todo por España, viva España, viva el Rey”, una majestuosa teatralización que no podrá darse a través del frío comunicado que emitirá Juan Carlos por medio de su abogado Sánchez-Junco.

Fuentes próximas al Emérito aseguran que está descartado que el padre del Rey vaya a pedir perdón, como hizo el 15 de abril de 2012, desde la clínica San José de Madrid, tras su accidente en la cacería de elefantes en Bostwana. Juan Carlos ha comentado a amigos que aquel mea culpa -”No volverá a suceder”- le costó el respeto de muchos españoles y no se lo perdonó Corinna, al entender la alemana que pedir perdón es una acto de debilidad en la boca de un rey.

En el Palacio de Zarzuela el termómetro de los nervios compite en dígitos con el de la temperatura ambiental. Se trata de cerrar bien la crisis, restaurando la respetabilidad de Felipe VI, cuyo reinado sería intachable de no ser por la sombra del padre, pero sin que el actual monarca tenga que llevar al patíbulo a quien lo engendró, sin la menor clemencia, pese a ser, por muy coronado que sea, un anciano achacaso.

La tensión en el recinto palaciego resulta a veces insoportable. Se cuenta que hace unos días, durante la visita de la infanta Cristina, de paso por Madrid, se quejó de manera ostensiblemente audible de la actuación de su hermano. Los reyes eméritos y las hermanas Elena y Cristina almorzaban en uno de los dos comedores de Palacio. Entendía Cristina que todo formaba parte de un plan para desprestigiar el reinado de su padre, hasta el punto de que ella y su marido eran las otras víctimas.

Más allá de estos episodios pintorescos, quedan unos pocos días para la defenestración de Juan Carlos, para que su página en la Historia quede definitivamente doblada. Sería una siniestra casualidad que este acontecimiento se produjera el día 14 de agosto próximo, a través del mencionado comunicado del interesado. Otro 14, en este caso de abril de 1931, hizo publica Alfonso XIII su despedida de España, dando paso a la II República. Fue otro 14, éste de junio de 1977, cuando Juan de Borbón, padre del interfecto Juan Carlos, renunció a sus derechos dinásticos.

Alfonso XIII visita el Caminito del Rey en 1921.