Pedro Cifuentes Gonzalo Araluce

La intervención inesperada de un controlador francés desde Burdeos evitó una tragedia sobre el cielo de Navarra. Dos aviones Boeing 737-800 de Ryanair estuvieron cerca de chocar entre sí tras un error de coordinación entre los profesionales encargados de supervisar sus trayectorias. Nadie en España advirtió que las rutas de las dos aeronaves, que volaban a una altura similar, se cruzaban en un punto fatídico. Su llamada fue providencial.

El episodio tuvo lugar el 2 de octubre de 2018. Un informe elaborado por la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) al que ha tenido acceso EL ESPAÑOL detalla los pormenores del incidente y enumera una serie de errores que podrían haber conducido a la tragedia: desde la mala coordinación entre controladores hasta el solapamiento en las comunicaciones en un momento crítico.

Para detallar el episodio, antes conviene explicar el modo en el que los controladores supervisan el tráfico aéreo. Cada trabajador se hace cargo de un área geográfica concreta. Cuando el avión está a punto de abandonar ese sector, transfiere su gestión al compañero encargado de la siguiente zona. 

Los controladores, además, se rotan en función de los horarios establecidos. El sustituido le informa a su compañero entrante del estado de la situación. También debe indicarle si hay algún incidente potencial en pantalla.

El episodio

Nos ubicamos en el 2 de octubre de 2018. El reloj está a punto de dar las tres de la tarde. Un controlador supervisa la ruta de los dos aviones de Ryanair: uno ha partido desde Sevilla y enfila su trayecto hasta su destino en Toulouse; el otro, procedente de Santiago de Compostela, vuela rumbo a Palma de Mallorca.

A las 14:53, el controlador transfiere la supervisión del avión que vuela a Toulouse al compañero encargado de la región a la que está a punto de entrar. Pero lo hace antes de tiempo. Según el informe de la AESA, aún faltan 34,5 millas náuticas [casi 64 kilómetros] para que el avión cruce esa frontera imaginaria con la que se reparten el espacio aéreo.

A esa circunstancia hay que añadir el relevo entre los controladores. El que acaba de transferir el vuelo le deja su puesto a su compañero. ¿En qué situación quedan los dos aviones? El que vuela a Toulouse, en una suerte de limbo antes de atravesar esas 34,5 millas náuticas que le faltan para entrar en el nuevo dominio.

“La incidencia ocurrió durante el relevo, en un punto geográfico del sector adyacente al mío, por lo que no fue detectado con antelación en mi sector”, declarará el controlador al que le transfirieron el vuelo en un informe preliminar de ENAIRE, principal proveedor de servicios de navegación aérea en España. Mientras, el Ryanair que viaja a Palma de Mallorca queda bajo la supervisión del trabajador que acaba de entrar en el turno.

Momentos de confusión

Los dos aviones vuelan a una altura de unos diez kilómetros. Poco a poco, aproximan sus posiciones sin que nadie se percate de ello. Sus trayectorias se cruzan sobre la localidad navarra de Aibar. ¿Cómo es posible que nadie advierta el acercamiento? Según uno de los controladores, el sistema automático de detección de aproximaciones peligrosas [bautizado con el nombre de alerta de conflictos] “no avisó”. Los informes, no obstante, no detectaron ninguna anomalía técnica.

Son las 14:55 horas y los aviones siguen aproximándose. Un controlador de Burdeos estudia los vuelos próximos a su posición. Algo llama su atención. Son los dos aviones de Ryanair, que vuelan hacia un punto crítico. Inmediatamente llama a sus compañeros españoles y les alerta sobre “el conflicto potencial” al que se enfrentan los dos aviones de Ryanair. Saltan las alarmas. 

Se generan momentos de confusión. Los dos controladores españoles contactan con los pilotos y les piden que modifiquen la altura a la que vuelan para evitar posibles incidentes. Hay cruces de llamadas y las comunicaciones se solapan. Sus mensajes -según el informe de AESA- no son lo suficientemente claros y concisos.

Más alarmas, esta vez a bordo de los aviones. Se trata del TCAS, [Sistema de Alerta de Tráfico y Evasión de Colisión], el mecanismo automático que avisa a los pilotos si otro avión se aproxima con riesgo a su posición. Las aeronaves modifican su altura para evitar el riesgo de colisión. 

En el momento crítico, la distancia entre los dos aviones es de 400 pies sobre el plano vertical [121 metros] y de 2,2 millas náuticas en el plano horizontal [unos cuatro kilómetros]. Según los parámetros establecidos por la AESA para ese espacio aéreo, un avión comercial debe mantener un espacio de seguridad a su alrededor de 5 millas náuticas y 1.000 pies. El episodio ha tenido lugar sobre Aibar, a 32 kilómetros de Pamplona.

Un caso ejemplar

Según el informe de la AESA, los controladores cometieron errores al transferirse entre sí los vuelos. En sus conclusiones, los investigadores piden a ENAIRE que los trabajadores empleen “fraseología normalizada” y concisa para evitar solapamientos en las comunicaciones: palabras como “inmediatamente” o “ahora”, en lugar de expresiones más complejas. 

El documento pone este incidente como caso ejemplar para estudiar cómo no se debe actuar en la gestión del tráfico aéreo: “Se recomienda que en el marco de las acciones formativas se utilice el presente expediente para ilustrar la importancia de realizar las coordinaciones de forma inequívoca”.

Asimismo, se recuerda que no se debe realizar la transferencia de aeronaves de un controlador a otro sin la certeza de que “no están implicadas en un potencial conflicto”. De lo contrario, el incidente puede dar paso a la tragedia. En esta ocasión, frustrada por la llamada providencial del supervisor francés.