Pedro Cifuentes Gonzalo Araluce

Un F-18 del Ejército del Aire y un avión comercial de la aerolínea estatal rumana Tarom estuvieron a punto de protagonizar un trágico suceso en el cielo de Madrid, en las inmediaciones de Torrejón de Ardoz. El primero ensayaba para un desfile aéreo que se celebraría a los pocos días; el segundo iba a aterrizar en el Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Una mala coordinación y la densidad de tráfico hicieron que las dos aeronaves rozasen sus posiciones en una maniobra crítica: apenas 61 metros de separación vertical.

El suceso tuvo lugar el 4 de octubre de 2018 y dio pie a una extensa investigación para determinar las causas y las medidas de seguridad a implementar. El piloto de la aerolínea rumana expresó su malestar y exigió explicaciones a las autoridades españolas. Según un informe de la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA) el incidente tuvo una “severidad ‘A’” [la máxima en la escala en términos de gravedad, por el riesgo de colisión en el aire].

Fuentes operativas de ENAIRE, principal gestor de navegación aérea en España, indican que el director general omitió la información en las posteriores reuniones de su Consejo de Administración. Pese a haberse realizado un informe preliminar y a publicarse el episodio en la página web del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, el incidente entre el F-18 y el avión rumano no figura en los informes de seguridad que se presentan de forma periódica ante este órgano. Tampoco aparece en el Informe Anual 2018 de la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil (CIAIAC), organismo dependiente del mismo Ministerio. Otro documento público y disponible en su página web.

El plan de vuelo

Nos ubicamos en el 4 de octubre de 2018. El Ala 12 del Ejército del Aire ha solicitado permiso para llevar a cabo unas maniobras desde la base aérea de Torrejón de Ardoz. Según el plan de vuelo, un F-18 realizará dos pasadas a gran velocidad para ensayar de cara al desfile militar que se celebrará tres días más tarde en este municipio madrileño. El ejercicio requiere la colaboración entre los controladores civiles del centro de control de Torrejón y los militares -sólo ellos están en contacto con el piloto del F-18-. Según el plan de vuelo, la primera pasada del avión militar no afectará al tráfico de los aviones de pasajeros, mientras que la segunda sí lo hará y habrá que extremar las medidas de precaución.

Son casi las once de la mañana. El Boeing 737-800 de la aerolínea rumana Tarom, procedente de Bucarest y con matrícula YR-BGK, enfila la trayectoria para aterrizar en la pista 32-R. En apenas tres minutos pasa de 7.900 pies de altura [2.400 metros] a 4.100 pies [1.249 metros]. Está en claro descenso hacia el aeropuerto de la capital. 

Mientras tanto, el controlador militar informa al controlador civil de que el F-18 realizará la primera pasada a las 10:59 de la mañana y que la segunda tendrá lugar siete minutos más tarde. Los problemas, no obstante, empiezan a surgir poco antes de este vuelo a alta velocidad. Los gestores civiles se quejan de que la presencia de la aeronave del Ejército del Aire ya está turbando el tráfico en la región.

“Se escucha una comunicación de fondo en la que los controladores ejecutivo y planificador [ambos, civiles] comentan que la aeronave 2 [el F-18] está afectando a varias aeronaves y muestran su preocupación”, detalla el expediente 141/18 de AESA en el que se analizan los pormenores del incidente.

Llega la hora señalada. Nos ubicamos ahora en el interior de la cabina del Boeing 737-800. Las comunicaciones con los controladores están afectadas por el denso tráfico aéreo que hay en la región. El piloto del avión rumano se queja -su declaración consta en el informe preliminar de ENAIRE al que ha tenido acceso EL ESPAÑOL- de recibir los mensajes de un “modo no profesional”: “Mayormente en español y con largos retrasos”.

Saltan las alarmas

El piloto del F-18 ejecuta su primera pasada sobre el espacio aéreo de Torrejón de Ardoz. En su trayectoria y de forma inesperada pasa rozando la posición de la aeronave rumana. Las distancias entre las aeronaves se reducen a 0,4 millas náuticas en el plano horizontal [750 metros] y 200 pies de separación vertical [61 metros].

Saltan las alarmas. El TCAS del avión comercial (el sistema de alerta de tráfico y evasión de colisión) advierte de la irrupción inesperada de otra aeronave a gran velocidad. La diferencia es tan pequeña que la tripulación del vuelo de pasajeros ve con sus propios ojos y desde su cabina la pasada del F-18, a la derecha desde su posición. 

“En este tipo de maniobras con cambios de velocidad tan rápidos y fuertes es muy difícil prever anticipadamente el escenario siguiente, sobre todo cuando se producen en segundos y no se tiene comunicación directa con el piloto [en referencia al del Ejército del Aire]”, declarará el controlador civil en el informe preliminar de ENAIRE. 

El incidente provocó las quejas del piloto del avión comercial. Tras aterrizar en Madrid solicitó información para tratar de averiguar qué había fallado ese día. Y por qué un caza militar pasó tan cerca de su posición cuando preparaba el aterrizaje.

“Una temeridad”

¿Qué ocurrió en la mañana del 4 de octubre de 2018? ¿Qué motivó la aproximación peligrosa entre un caza del Ejército del Aire y un avión comercial cargado de pasajeros? El expediente 141/18 de AESA resuelve que el F-18 “no tuvo a la vista” a la aeronave rumana. 

¿La causa? Pese a haber una aprobación previa de las maniobras, “no se cumplió” el aviso previo de 10 minutos antes del inicio del ejercicio, tal y como en teoría estaba estipulado entre los controladores civiles y militares. Y sin esa información, no hubo margen suficiente para avisar a los pilotos de los movimientos que había en el espacio aéreo.

El controlador civil declaró que la “aprobación” de los ensayos militares fue “una temeridad” debido al denso tráfico que ese día se registraba en la zona. Como medida de precaución, se decidió que se despejaría el tráfico aéreo durante la celebración del desfile que se celebraría tres días más tarde en Torrejón de Ardoz.

Con todo, aquel no fue el único episodio que se sufrió el 4 de octubre en las inmediaciones de Madrid-Barajas por culpa de la densidad del tráfico aéreo. El controlador advierte en el informe preliminar de ENAIRE que estuvo “a punto” de pedir a un avión de Iberia que abandonase la zona por la aproximación de la aeronave militar.

La omisión del incidente

ENAIRE abrió una investigación interna para determinar las causas del incidente. El informe preliminar, al que ha tenido acceso EL ESPAÑOL, confirma la “severidad” del incidente.

Asimismo, el Ministerio de Fomento [ahora Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana] colgó en su página web un breve análisis del episodio; una investigación a la que bautizó con el nombre técnico de IN-028/2019 y que a día de hoy está disponible para su consulta pública.

Pantallazo de la página web del Ministerio de Fomento.

Sin embargo, el director general de ENAIRE omitió esta información en las reuniones posteriores que celebró el Consejo de Administración del ente público. En concreto, Ángel Luis Arias Serrano comunicó que en octubre se habían registrado dos incidentes graves. Según sus explicaciones, esos episodios correspondían a una aproximación peligrosa entre dos aviones comerciales sobre el cielo navarro que tuvo lugar el 2 de octubre y a otra maniobra en las inmediaciones de Santiago de Compostela el día 3 del mismo mes. 

¿Y el episodio del día 4, que involucraba al F-18 y al avión rumano? Pese a la gravedad de los hechos no hubo ninguna referencia al suceso, ni siquiera después de que el propio ENAIRE abriese una investigación preliminar y de que se hiciese público un breve informe en la web del Ministerio de Fomento (de lo que se infiere que Pedro Saura, secretario de Estado y presidente de ENAIRE supo, o al menos debía saber, que dicho incidente se había producido). ¿Por qué no pidió en ese o en los sucesivos Consejos de Administración explicaciones sobre el gravísimo incidente?

Para los investigadores de AESA, no obstante, no había ninguna duda: el incidente tuvo una “severidad grave” y las aeronaves sufrieron una peligrosa aproximación que puso en riesgo su seguridad.