Se ha convertido en una de las imágenes icónicas de estas jornadas de protestas. Un helicóptero de los Mossos d'Esquadra sobrevuela las algaradas de Barcelona, que se recrudecen a medida que cae la noche. Los violentos hacen frente a los agentes desplegados por las calles. Pero también alzan la vista al cielo. Disponen los fuegos pirotécnicos y atacan la aeronave de la policía autonómica con una salva de cohetes.

Noticias relacionadas

El episodio tuvo lugar en la noche del miércoles al jueves. Barcelona llevaba ya tres días sumida en disturbios tras hacerse pública la sentencia del procés. La violencia iba de menos a más. Las algaradas de la primera jornada dieron paso a una violencia inusitada en la capital catalana. A las convocatorias de los grupos radicales había que sumar el desembarco de grupos antisistema procedentes de diferentes puntos de Europa.

Apenas había margen a la improvisación. Los violentos tenían claras sus intenciones y habían pergeñado tácticas y armamento para hacer frente a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado: principalmente, a la Brigada Móvil (BRIMO) de los Mossos d'Esquadra y a la Unidad de Intervención Policial (UIP) de la Policía Nacional, más conocidos como antidisturbios y en primera línea contra los vándalos.

Para hacerse con proyectiles, les bastaba con levantar los adoquines. Para sembrar el caos, pertrechaban barricadas a las que les prendían fuego. Todo estaba medido. Porque, en sus técnicas de desestabilización, también habían previsto el despliegue de helicópteros policiales.

Cinco cohetes

Rondaba la media noche. En el fragor de los disturbios y en pleno corazón de Barcelona, los violentos dispararon sus fuegos pirotécnicos contra el helicóptero. Fueron cinco cohetes, detallan los Mossos d'Esquadra. Uno de ellos alcanzó a la aeronave. El impacto provocó el furor de los más radicales. Una escena que quedó grabada en los teléfonos móviles de los allí presentes.

Fuentes de Seguridad del Estado consultadas por EL ESPAÑOL destacan la habilidad que demostró la dotación del helicóptero en el suceso. Un vuelo en escenario urbano suma una serie de complicaciones; la principal, los elementos con los que una aeronave -incluso permaneciendo en estacionario, como era el caso- puede llegar a rozar.

Las mismas fuentes ponen en duda que el impacto de un fuego pirotécnico de esa envergadura pueda provocar daños de consideración en un helicóptero. El análisis de las imágenes desvela que la carga de pólvora no era excesiva. El riesgo, no obstante, radica en la más que segura alteración de las condiciones a las que se enfrenta el piloto.

Habilidad y templanza

Porque a la ecuación, además de los elementos urbanos, hay que sumar la nocturnidad. Los pilotos están equipados de una serie de dispositivos que les permite una visión nocturna. Y un fogonazo -como el derivado de la explosión de un cohete- puede provocar una ceguera momentánea a quien maneje los mandos de la aeronave.

Pero la dotación del helicóptero no sólo demostró habilidad. También sangre fría. El papel de un helicóptero en estos disturbios es crucial para determinar los movimientos de los vándalos. En una jornada en la que los disturbios ya revestían gravedad, el cansancio y la tensión se acumulan en la piel del piloto. En esta ocasión, tiró de nervios de acero. La explosión no le impulsó a movimientos bruscos, que podrían haber sido fatales.

Hay antecedentes. En 1989, dos militares del Ejército de Tierra resultaron heridos de gravedad -el tercero resultó ileso- al siniestrarse el helicóptero en el que estaban realizando unas maniobras de entrenamiento, en el municipio madrileño de El Boalo. El motivo: un individuo de 59 años les lanzó una piedra y, en la maniobra para esquivarla, el piloto de la aeronave terminó chocando contra el suelo. El agresor fue identificado y detenido más tarde por la Guardia Civil.

Las pesquisas

¿Y los agresores? Los Mossos d'Esquadra están llevando el peso principal en las detenciones que se están practicando esta semana, aunque también comparten la función con la Policía Nacional.

Su trabajo es doble. Por un lado, capturan a los radicales de mayor actividad en las propias calles de Barcelona. Por otro, analizan una cantidad ingente de material audiovisual que vienen recopilando durante toda esta semana. Trazando una línea entre los puntos, en numerosas ocasiones logran arrestar a más de un delincuente.

Por ahora, los Mossos no han logrado determinar la identidad de los individuos que atacaron el helicóptero con fuegos pirotécnicos. Tratan de estrechar el cerco sobre ellos, aunque la labor es complicada. Han pasado ya más de tres días de aquellos hechos y no se descarta la hipótesis de que fueran personas no radicadas en Cataluña.

Con todo, no hay descanso en las pesquisas. Los investigadores manejan varias vías para dar con los atacantes. Mientras, en las calles no hay descanso entre actos vandálicos y disturbios. Más de 300 policías heridos y un sentimiento compartidos entre los agentes: "Nunca habíamos visto una violencia así".