Las fuerzas nacionalistas han conseguido en el País Vasco 10 de los 18 escaños en juego al Congreso de los Diputados. Los brillantes resultados del PNV, que suma  6, y el contundente ascenso de EH Bildu, que dobla hasta 4 su representación, deja en manos de formaciones soberanistas más de la mitad de las actas.  Las formaciones estatales se comportan como sus organizaciones a nivel nacional, de tal forma que el PSE-EE (4 escaños) crece aunque no en igual medida, el PP se desploma hasta desaparecer y Elkarrekin Podemos (4)  deja de asaltar los cielos de Euskadi para conformarse con un tercer puesto después de haber inundado hace tres años de morado el panorama vasco.

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Si los grandes vencedores llevan el nombre de Andoni Ortuzar (PNV) y Arnaldo Otegi (EH Bildu), la derrota del PP se personaliza en Javier Maroto, que firma la extinción de los populares en Álava en estas elecciones.

El triunfo de los nacionalistas, asentado en un alta participación -9.35 puntos más que en 2016- y el apoyo a Sánchez, apuntala sus posibilidades en la “segunda vuelta” electoral que acabará por definir el mapa vasco  tras los comicios locales del próximo mes.

Los sondeos habían dibujado un escenario en el que Elkarrekin Podemos (Unidas Podemos) cedía  su primer puesto al PNV, el PSE-EE subía considerablemente, EH Bildu se mantenía al alza, el PP sufría para sostener su posición y menguaba algo  sin desaparecer, y ni Ciudadanos ni Vox conseguían representación. Las sorpresas han llenado de alegría a la izquierda abertzale, que gana  un escaño en Gipuzkoa e irrumpe en Álava, y de desolación a los populares vascos, que pierden sus actas vizcaína y alavesa y no obtienen representación.

El PNV, el más votado en los tres territorios

El PNV ha demostrado este 28-A la fortaleza de su liderazgo, que ha logrado extender a los comicios generales.

Desde que Urkullu llegara a Ajuria Enea, tras el fugaz paso del socialista Patxi López, su estela de político moderado alejado de las “locuras” de los independentistas catalanes, propulsa a su partido en todas las citas electorales y atrae voto no nacionalista del centro derecha.

Esta fama, merecida o no, es uno de los principales activos de su partido, que en la campaña a las elecciones generales juega además, y en primer lugar,  con su baza de formación decisiva para la conformación de mayorías en el Congreso y últimamente con su capacidad para coadyuvar a investir o deponer presidentes.

Más de 394.000 vascos han avalado con sus votos “la apuesta segura” del PNV y han depositado su confianza en sus líderes, porque “son los que mejor defienden sus intereses”  en Madrid, según el discurso que estos repiten  convocatoria tras convocatoria a Cortes. Frente a “caballos de troya” como PSE-EE y Unidas Podemos que llevan dentro “como razón de ser” a  España , su presidente, Andoni Ortuzar, reivindicaba en el cierre de campaña a su organización como la única en la que se puede confiar, al estar seguros de que no primará a la nación española frente a la vasca.

El PNV, el más votado en los tres territorios vascos, ha rentabilizado su participación en la caída de Mariano Rajoy y la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa, su último alineamiento con los socialistas en el Congreso,  sus alertas contra “el riesgo de involución en el  autogobierno” representado por las derechas y hasta la transferencia de la autopista A-68 conseguida in extremis.

Su victoria le ha  garantizado nueve de los doce senadores elegidos en las circunscripciones vascas y que por primera vez haya conseguido imponer su liderazgo en unas elecciones generales en Álava.

A lomos de la "ola sanchista", pero menos

La ola sanchista ha convertido al PSE-EE en el segundo partido de la comunidad autónoma pero a más de 140.000 votos de distancia del PNV. Cerrar el paso a las derechas ha sido la proclama compartida también por los socialistas vascos en todos sus mítines. La organización de Idoia Mendia, que  entró en el Gobierno vasco para recuperarse de su declive electoral,  saca la cabeza gracias al gran triunfo cosechado por el socialismo en España. Sin embargo la ley de Hondt le impide sacar partido a su crecimiento en votos y sus 5,5 puntos de aumento se traducen en un único escaño más al pasar de 3 a 4 y quedarse lejos de los 5 ambicionados.

La ministra portavoz, Isabel Celaá, desplazada por Patxi López a la candidatura de Álava, obtiene su acta cómodamente, al igual que Odón Elorza en Gipuzkoa, aunque es en Bizkaia donde  el PSE-EE obtiene más réditos  de los buenos resultados generales al hacerse con una más que en 2016.

Podemos, la caída previsible

Elkarrekin Podemos ha descendido a un previsible tercer lugar  sin que los llamamientos de su secretario general, Lander Martínez, a romper todos los techos y reeditar las marcas de 2015y 2016 hayan dado resultado. Sus pérdidas se producen en Bizkaia y en Gipuzkoa, pero era algo  que la coalición morada daba por descontado desde el primer momento, a pesar de la última remontada de Pablo Iglesias en los debates electorales y el cierre de filas de la organización con los candidatos apoyados explícitamente desde Madrid, sin que se haya observado ninguna fisura entre ellos a lo largo de la campaña.

La sorpresa de EH Bildu

EH Bildu aspiraba a obtener un segundo representante en Gipuzkoa  y no sólo lo ha conseguido sino que se ha hecho un hueco en Álava a costa de echar al PP, uno de sus retos prioritarios. En lugar de Maroto los alaveses contarán con Iñaki Ruiz de Piñedo, un histórico dirigente de la izquierda abertzale.

Sus resultados han desbordado sus expectativas y al contrario de lo que le ha ocurrido al PSE-EE la contabilidad electoral ha premiado  con creces sus 3,5 puntos de aumento.

EH Bildu ha duplicado su presencia en Madrid con un discurso de izquierda soberanista, en el que alertaba contra la involución de la democracia y el peligro de las tres derechas  y  rivalizaba con el PNV  en su voluntad de influir en la capital española, sobre todo tras la entente alcanzada con ERC.

Lejos han quedado los años en los que la izquierda abertzale se autoexcluía de las elecciones a Cortes. El coordinador general de EH Bildu, Arnaldo Oregi, ha explotado en estos últimos 15 días las acusaciones de Pablo Casado sobre el presunto acercamiento de Sánchez a EH Bildu y se ha llegado a postular como alternativa al partido de Ortuzar para muñir pactos. Hasta el punto de que Aitor Esteban, candidato del PNV, salió a contrarrestar el argumento sobre la influencia de Bildu en Madrid  con la afirmación de que  “la gente prefiere el original a la copia”.

La debacle del PP

Javier Maroto, el número 3 del PP, se la jugaba en Álava, su escaño peligraba desde el principio.  Ha sido el candidato popular vasco que mayor protagonismo ha tenido en la campaña, frente a sus compañeros, más desconocidos, Beatriz Fanjul en Bizkaia, e Iñigo Arcauz en Gipuzkoa. Los tres fueron impuestos desde Génova, aunque nadie dudaba de que el exalcalde de  Vitoria era quien mejor podía aspirar a conservar el acta en territorio alavés.

No ha sido posible. Pablo Casado ha fracasado de plano en el País Vasco. Gipuzkoa no estaba a su alcance y su apuesta por la renovación en Bizkaia, donde la joven Fanjul  sustituyó al veterano Leopoldo Barreda, no ha dado  resultado. En Álava, el exalcalde de Vitoria, se ha quedado a 384 puntos de distancia de EH Bildu, a quien los  votantes alaveses le han regalado el acto de “justicia poética” que reclamaba Otegi para dejar fuera al exalcade de la capital.

De nada le ha servido a Maroto la apelación al voto útil  y descender al barro de la confrontación con la izquierda independentista por el apoyo tributado a ETA en el pasado. El desplome del PP en España le ha pasado clara factura a los populares vascos y la dispersión del voto de la derecha les ha restado apoyos decisivos, sobre todo en Álava donde Ciudadanos ha sumado 7.039 y Vox 5.587.

Ni Vox ni Ciudadanos

Santiago Abascal no es profeta en su tierra. Ni siquiera ha logrado colarse en Álava, su territorio natal, donde en su acto central en Vitoria en el día de su cumpleaños apenas sí se rodeó de unos centenares de simpatizantes. Era una batalla perdida de antemano como así reconocían los propios dirigentes de Vox.

Lo mismo puede decirse de Ciudadanos.  Sin implantación, ni cuadros ni estructura, la comunidad autónoma vasca se le resiste a la formación naranja elección tras elección. La oposición inicial de Cs al Concierto y sus medidas recentralizadoras, convenientemente exageradas por el PNV, no pasan el filtro de las urnas. El escrache sufrido en Rentería por su líder, Alberto Rivera, y la candidata a las europeas Maite Pagazaurtundua, no ha alterado el escenario previo. Es más, el partido de Rivera ha sufrido una ligera pérdida de votos  y apenas alcanza el 3,14% de los emitidos.

El País Vasco se comporta de forma distinta al conjunto de  España. Aún así, la irrupción estatal de Vox se ha traducido en 28.000 votos cuando  en 2016 no llegaron a mil.  La fragmentación de la derecha pesa en el resultado final.