Gonzalo Araluce Carmen Lucas-Torres

El asalto a la embajada norcoreana en Madrid estaba perfectamente planificado. Adrián Hong Chang, mexicano con pasaporte estadounidense, lideraba la célula que perpetró el golpe a la legación; diez hombres que se llevaron una gran cantidad de material informático e información tras retener al personal que se encontraba en las dependencias diplomáticas. Lo hicieron equipados con armas simuladas y con cuchillos de combate que habían adquirido el mismo día del suceso en una tienda de la capital.

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En el centro de la ecuación se dibuja el nombre de Adrián Hong Chang, un ciudadano de origen mexicano que reside en Estados Unidos y que tiene pasaporte del país norteamericano. Este individuo se alojó días antes en un hotel de Madrid y se presentó en la embajada norcoreana bajo el nombre de Matthew Chao. Se hizo pasar por un hombre de negocios que quería entrevistarse con Yun Sok So, encargado de negocios de la legación asiática. Ambos se vieron el 7 de febrero a las puertas del edificio, sin llegar a entrar en el recinto.

Con ello, Adrián Hong Chang logró dos objetivos: el primero, echar un primer vistazo tanto al lugar del asalto como al hombre al que terminarían golpeando para obtener más información; el segundo, una coartada para regresar el 22 de febrero a la embajada bajo el pretexto de un nuevo encuentro con Yun Sok So y que le abriesen las puertas.

Los días previos al asalto, Adrián Hong Chang y los suyos prepararon los últimos detalles para esta guerra sucia de espionaje en Madrid. No se amilanaron por que la embajada estuviera a una distancia escasa de las oficinas centrales del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Tampoco por las posibles consecuencias diplomáticas que pudieran desatarse. Todos los indicios apuntan a que querían llevarse alguna información relacionada con la cumbre entre Donald Trump y Kim Jong Un.

Las compras

Pero faltaban las armas y Adrián Hong Chang tenía un plan para hacerse con ellas. No eran reales, puesto que eso supondría complicaciones que no estaban dispuestos a asumir. Les bastaba con que fuesen pistolas simuladas. Y si la cosa se ponía fea, iban a armarse también con cuchillos de combate.

Posiblemente para no dar demasiado tiempo a cualquier tipo de sospecha, Adrián Hong Chang compró el material el mismo día del asalto. Lo hizo en una tienda de material táctico ubicada no muy lejos de Atocha. Eran las 10.56 de la mañana cuando se registró el pago. En total, se llevó 5 fundas de pistola de extracción rápida, 4 cuchillos de combate, 6 pistolas simuladas HK, una sobaquera, 4 gafas de tiro, 5 linternas tácticas, 5 balaclavas elásticas (prenda muy similar a los pasamontañas) y 5 grilletes de tipos diferentes.

Otros cuatro miembros de la organización se encargaron de comprar el resto del material en una ferretería ubicada en el madrileño paseo de las Delicias. El 20 de febrero desembolsaron 151,02 euros para hacerse con una cizalla, dos desencofradores (palancas), tres rollos de cinta de doble cara, dos rollos de cinta americana de color negro, un alicate, un cortavarillas y una unidad de cinta adhesiva de tela negra. El 22 de febrero regresaron a la tienda y, por 465,16 euros, se llevaron nueve desencofradores más, otras cuatro cintas aislantes de color negro, una escalera telescópica de 3,8 metros y cinco gafas de protección incoloras.

Tras esas compras y a las 16:34 horas del 22 de febrero de 2019, Adrián Hong Chang se desplazó hasta la embajada norcoreana para liderar el asalto que ha desatado un terremoto diplomático y policial.