La detención del ex presidente valenciano Eduardo Zaplana por blanqueo de capitales ha caído como un mazazo en el PPCV que tres años después de perder el poder por culpa de los casos de corrupción de sus dirigentes encuentra motivos renovados para abochornarse de su pasado. Y lo peor es que para comprender el alcance de la crisis de credibilidad e imagen que atraviesa este partido en la Comunidad Valenciana ya ni siquiera es preciso recordar el nombre de ex altos cargos, alcaldes o presidente de Diputación investigados por que basta con mirar a los ex presidentes de la Generalitat.

Eduardo Zaplana en Erial, José Luis Olivas por los casos Bankia y Banco de Valencia, y Francisco Camps por el caso Fórmula 1. Trío de ases, se libra el ahora senador Alberto Fabra. “Con tres presidentes imputados, va a ser hacer muy difícil que confíen en otro candidato”, resumía un ex miembro del Gobierno valenciano en una conversación informal con EL ESPAÑOL. “La marca es fuerte pero no puedo negarte que nos lo pone muy difícil”, añadía.

“Esto ha sido un mazazo, la imagen del PP está destrozada, no sé qué haremos porque no hay margen”, comentaba también un alto cargo de Alicante. Nada más trascender la noticia, la presidenta del PP valenciano, Isabel Bonig, llamó a Génova para pedir la expulsión de los implicados, pero nada parece suficiente. Y menos con el aliento en el cogote de Cs. Esta era otra de las variables que manejan en el PP… y en Cs.

Un partido "vertebrado" por la corrupción

“El problema es que con este tipo de escándalos parece que hay que pedir perdón por trabajar en esto”, decía en el Congreso una diputada del partido naranja. El desastre es transversal en un partido en el que la singularidad de cada una de las tres provincias siempre ha obligado a hacer equilibrios a los dirigentes para que no alimentar los agravios comparativos. Lo llamaban “vertebrar” y ahora la corrupción vertebra la organización con motivos de bochorno en Alicante, Valencia y Castellón.

Zapala fue un ídolo para el PPCV. Su detención, lógicamente, deja desfondada anímicamente a la organización alicantina. Lo expresaba con claridad meridiana su compañero de partido y alcalde de Benidorm, Toni Pérez, a preguntas de los periodistas recogidas por la agencia EFE: "un mazazo en lo personal y para la ciudad” que le sirvió de trampolín: "Fue un referente en la gestión municipal y autonómica… es una noticia negativa para esta tierra".

Con todo, también Toni Pérez, como Fernando Martínez-Maillo, marcaba distancias entre el otrora líder y el partido: "Lleva 10 años apartado de los cargos públicos". La consigna oficial puede servir para contestar de un modo decoroso sobre el asunto, pero la sensación extendida en el PP valenciano es que, por mucho lastre que se suelte, nada podrá reflotar la marca.