Barcelona

Las cartas ya están sobre la mesa. El independentismo no concurre con una candidatura unitaria a las elecciones del 21 de diciembre en Cataluña, convocadas por Mariano Rajoy el día que aplicó el artículo 155 de la Constitución. Este viernes termina el plazo para presentar las listas electorales, a poco más de un mes de la cita con las urnas.

ERC parte con ventaja en unas elecciones en las que con toda probabilidad obtendrán escaños seis candidaturas más: Ciudadanos, PSC, PDeCAT (que ha elegido la marca Junts per Catalunya), Catalunya en Comú, PP, CUP.

El ecosistema político catalán está muy fragmentado, por lo que los pactos del día después para la investidura y dar estabilidad al Govern de la Generalitat serán uno de los ejes de la camapaña electoral.

El Parlament lo integran 135 diputados, por lo que la mayoría absoluta está en 68. Estas son las posibilidades:

El independentista (ERC+PDeCAT+CUP)

Puigdemont, junto a Junqueras y Jordi Turull, ex conseller de Presidencia. Efe

A favor: Mantendría vivo el procés y lo llevaría a una nueva etapa. Los tres partidos aseguran que las elecciones son ilegítimas al haber sido convocadas por Rajoy, pero no han dudado en participar con el objetivo de legitimarlas, según ellos, con una victoria sobre los que apoyaron el 155. Una mayoría de los tres partidos sin duda permitiría mantener el pulso al Estado, aunque el puño apretase con menos fuerza. Es la fórmula de mayor confrontación. 

En contra: La división de los partidos. ERC no ha querido reeditar una coalición con el PDeCAT, que reclamaba insistentemente el partido y el expresident Carles Puigdemont. Tras haberse hecho patente este cisma en la estrategia del independentismo, la CUP decidió también concurrir por separado. Aunque pacten algunos puntos comunes, el independentismo ha perdido su unidad y, con ella, se ha esfumado parte de su relato.

Probabilidad aritmética: Media-alta. Varios sondeos otorgan la cifra mágica de 68 diputados, entre ellos el de SocioMétrica para EL ESPAÑOL, aunque por la mínima. Más ventaja le otorga la encuesta de GESOP para El Periódico o la del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat

El constitucionalista (Ciudadanos+PSC+PP)

Inés Arrimadas, en una entrevista reciente con EL ESPAÑOL Alberto Gamazo

A favor: La creciente movilización de los ciudadanos contrarios a la autodeterminación, que han protagonizado manifestaciones inéditas en Barcelona y otras ciudades. La división del independentismo y el reconocimiento de que la promesa de la secesión no era factible convierten a esta fórmula en una posibilidad cierta. Los tres partidos rechazan estos dos años de procés o un referéndum de autodeterminación. 

En contra: A pesar de que se lo han pedido Ciudadanos y PP, el PSC se ha negado a comprometerse con esta fórmula antes de las elecciones. Aspira a un "gran consenso", como explicó este martes en una entrevista con este periódico Nuria Marín, número dos de los socialistas.

Probabilidad aritmética: Media-baja. En ninguna encuesta suman 68. El sondeo de Sigma Dos para El Mundo lo deja en 62, el de GAD3 para La Vanguardia, 60, el de NC Report para La Razón lo deja en 57 y la de SocioMétrica para EL ESPAÑOL en 54.

Tripartito de izquierdas (ERC+Catalunya en Comú+PSC)

Miquel Iceta, líder de los socialistas catalanes.

A favor: Podría ser la puerta a una legislatura más centrada en cuestiones ideológicas clásicas que identitarias, algo que contribuiría a restablecer la normalidad institucional. Los tres partidos podrían ponerse de acuerdo en asuntos económicos y sociales.

En contra: Este martes, el líder del PSC advirtió de que no hará president a Oriol Junqueras, cabeza de lista de ERC. Si su partido sigue defendiendo la autodeterminación por la vía unilateral, el PSC tendría muy difícil apoyar a otro dirigente del mismo partido. Catalunya en Comú, el partido de Ada Colau, defiende un referéndum pactado, algo que tampoco comparte el PSC y que a ERC se le queda corto. 

Probabilidad aritmética: Muy alta. La mayoría de encuestas publicadas recientemente coinciden en otorgar más de 70 escaños a esta fórmula. La de EL ESPAÑOL proyecta 77, nueve más de la mayoría absoluta. Los socialistas insisten en un amplio consenso sin prejuzgar el final de la negociación. Mientras se negocia un acuerdo más amplio que el de investidura podría formarse un Gobierno de estas características. Eso sí, siempre que ERC renuncie a la independencia unilateral.

Tripartito soberanista (ERC+Catalunya en Comú+CUP)

Las dirigentes de la CUP, Mireia Vehí, Natalia Sánchez y Anna Gabriel, en su asamblea. Efe

A favor: Sería un pacto de izquierdas que permitiría a Catalunya en Comú, el partido de Ada Colau, decir que no ha pactado ni con la derecha del PDeCAT ni con los partidos que apoyaron la aplicación del artículo 155. Los tres partidos están ya unidos en el soberanismo, es decir, en considerar a Cataluña un sujeto político que puede decidir por sí sola si forma o no parte de España. Todos llaman "presos políticos" a los políticos en prisión provisional y todos rechazan el 155.

En contra: En Catalunya en Comú hay muchos votantes no independentistas. La propia Colau asegura que no lo es. ERC y la CUP han sido los dos partidos que más claramente han impulsado la autodeterminación. Casar las prioridades de las tres formaciones sería muy difícil, ya que Colau se alinearía definitivamente con el independentismo y ahora aspira a jugar el papel de árbitro. El carácter antisistema y asambleario de la CUP tampoco facilitaría la estabilidad.

Probabilidad aritmética: Media. La encuesta de EL ESPAÑOL le da 68 diputados, justo la mayoría absoluta, pero la de El Periódico rebaja la suma a 66. Según los sondeos de El Mundo, La Razón o La Vanguardia, les harían falta aún más diputados.  

El pacto de Sant Jaume: ERC+Catalunya en Comú

Ada Colau el pasado fin de semana. Efe

A favor: Bien articulado, un pacto entre ambos partidos podría conformar un bloque que sería más sencillo complementar que tumbar. Además, facilitaría la estabilidad en otra institución catalana clave: el Ayuntamiento de Barcelona, donde Colau acaba de expulsar al PSC. De hecho, muchos ven en el desalojo de los socialistas el preludio de esta fórmula. Sería el pacto de la plaza de Sant Jaume: Colau recibiría los votos de ERC en el consistorio y ERC los de Colau para instalarse en el Palau, sede de la presidencia de la Generalitat, que se sitúa justo en frente. 

En contra: Sería un pacto con en minoría parlamentaria, frágil y zarandeado por todos los demás partidos. Siempre dependería de otros para sacar adelante sus leyes. Si ERC no renuncia a la autodeterminación unilateral, Colau tendría difícil explicar por qué lo apoya tras criticarlo tanto durante la campaña.

Posibilidad aritmética: Alta, pero siempre dependería de complejos pactos posteriores. El bloque podría pactar políticas sociales con el PSC o la CUP y asuntos relativos a lo identitario con PDeCAT o la CUP, pero necesitaría votos para una investidura que se antojaría muy complicada de negociar. 

Centroderecha constitucionalista en minoría (Ciudadanos+PP)

Se trataría de un pacto que sólo podría imaginarse si Inés Arrimadas y Xavier García Albiol tuvieran un resultado espectacular. No lo predicen las encuestas, de momento. Sería un acuerdo con una dura oposición desde el comienzo por parte de los independentistas y Catalunya en Comú, pero contaría con la simpatía del Gobierno central y, si no del PSC, del PSOE. En algunos puntos podrían acordar con los socialistas catalanes.

Reeditar Junts pel Sí en minoría (ERC+PDeCAT)

Nadie contempla un gobierno de coalición sólo con PDeCAT y ERC. Ahora gobiernan en minoría, siempre ayudados por la CUP, pero la suma de ambos partidos cotiza en este momento a la baja por el previsible desplome del PDeCAT. Sin embargo, no hay que subestimar el poder movilizador de ambos partidos.

Yendo por separado podrían perfilar de nuevo sus proyectos, sobre todo en lo ideológico, para llegar a un mayor número de votantes. Sus equilibrios serían frágiles y tendrían que contar, de nuevo, con el apoyo externo de la CUP o de Catalunya en Comú. Con una diferencia. Han pasado demasiadas cosas y la promesa de la independencia nacida de las últimas elecciones de 2015 es ahora menos creíble. 

Noticias relacionadas