El mensaje de que “hay niñas con pene y niños con vulva”  se deja ver con nitidez en las capitales vascas y navarra desde este martes.  Casi un centenar  de marquesinas en  Vitoria, San Sebastián y Pamplona y  25 estaciones del Metro de Bilbao exhiben la campaña publicitaria promovida por Chrysallis Euskal Herria, asociación de familias de menores transexuales.  Para ello han contado  con la ayuda de una inesperada  y altruista donación llegada desde Estados Unidos, que ha compensado la falta de apoyos oficiales. Un cheque por  valor de 30.000 euros por el que tuvieron que firmar un  contrato de confidencialidad , que preserva la identidad del donante.

Campaña transexuales

Los anuncios se ajustan con exactitud al objetivo de la campaña. En los carteles  aparecen dibujados cuatro menores  que corren desnudos sonrientes cogidos de la mano; los dos del centro son una niña con pene y un niño con vulva.  Los textos que acompañan a la imagen  constituyen una llamada de atención, acompañada de un ruego:  “La mayoría sufre cada día porque la sociedad desconoce esta realidad. Hablemos de ello”.

CENSURA EN FACEBOOK

Chrysallis ya ha conseguido al menos esto último, que se hable de ello, al poner en marcha una campaña programada del 10 al 16 de enero, que antes de exhibirse en las calles tuvo su primer encontronazo con la censura en Facebook. Para que no les cerraran la página se vieron obligados a tapar los genitales de los menores en el muro de la asociación. Un contratiempo que pronto se vio compensado por miles de visitas y la atención dispensada por los medios de comunicación, que se extiende a las redes sociales, donde fluyen los mensajes de solidaridad.

Sus promotores son conscientes de que la campaña puede generar polémica y no la rehúyen. Hasta la mañana de este miércoles las reacciones contrarias son escasas, se limitan a un correo electrónico enviado desde Navarra por una madre que se ha sentido ofendida y a algún tuit fuera de lugar; pero están seguros de que con la difusión el número de comentarios negativos aumentará.

“No nos importa, hay que informar sobre la existencia de los menores transexuales y acabar con las teorías obsoletas que dicen que se trata de una patología, de un trastorno mental, lo que conlleva mucho sufrimiento y hasta que haya gente que se quiera morir”, indica a EL ESPAÑOL la portavoz de Chrysallis, Beatriz Sever.

Los datos que manejan lo demuestra. El decalaje en la tasa de suicidios entre los transexuales que no vieron reconocida su identidad en la edad infantil (43%) y la población en general (1,2%) es de más de cuarenta puntos. “ Visibilizar lo que ocurre salva vidas”, afirma Sever, madre de un “niño con vulva” , que ahora cuenta con siete años y hace dos que realizó el “tránsito social”, al alcanzar el reconocimiento de su identidad sexual en el colegio y demás ámbitos de su entorno.

UN BENEFACTOR AMERICANO

La asociación , integrada en Chrysallis España, se constituyó en Euskadi en marzo de 2015, gracias a la iniciativa de ocho familias de Navarra y la comunidad autónoma vasca, afectadas por la situación de sus hijos. El número ha crecido a medida que se han dado a conocer y ya son más de cuarenta las que además de conformar una red de apoyo mutuo trabajan en la defensa de los derechos de los menores transexuales.

Los asociados suplían con trabajo y dedicación la falta de ayudas oficiales hasta que se vieron sorprendidos por un golpe de suerte. Una de sus primeras iniciativas, -unas fichas didácticas con conceptos básicos para trabajar en las aulas, que tradujeron a ocho idiomas-, despertó la atención de un adinerado americano que se prestó a respaldar a la asociación, carente de recursos económicos propios. Tras conocer la labor social que realiza y el interés de Chrysallis por efectuar una campaña de divulgación, su bienhechor les pidió que solicitaran un presupuesto a una agencia y se comprometió a financiarla. La condición que puso es preservar su anonimato.

Por eso los datos que se han acabado filtrando sobre él no son demasiados. Se conoce que es un hombre gay, con ascendencia navarra a través de una abuela, que trabaja en Nueva York y que ocupa un alto cargo directivo en un importante banco mundial.

“MI HIJO ES FELIZ”

El trabajo de Crysallis de cara al exterior es eminentemente didáctico: “La transexualidad es la condición por la que el sexo de una persona no corresponde con el que se le asignó al nacer en atención a sus genitales. Es un hecho más de diversidad. La identidad sexual es una cuestión de autoconsciencia, de subjetividad, y por supuesto esto no se encuentra entre las piernas, sino en todo caso en la cabeza”.

“La naturaleza no es una fotocopiadora, nuestros hijos podían haber sido de otra forma pero hay que aceptar la realidad”, resume Beatriz Sever, para quien la referencia no son tanto los estudios científicos como lo que ella ha comprobado en su casa. “Lo que me vale es que, tras aceptarlo, mi hijo es feliz “, repite como el mejor de los argumentos posibles.

Sever relata la lucha particular de cada familia para lograr que sea reconocida la identidad sexual de estos menores ante la falta de respuestas claras sobre cómo abordar su situación. “Algunos se tienen que pelear en los colegios para que no llamen a sus hijos por el apellido o les metan en el baño de minusválidos”, se queja.

GUÍA PARA LOS COLEGIOS

El Gobierno vasco ha puesto en marcha un protocolo que establece unas pautas para que los centros escolares se adapten a las necesidades del alumnado transexual. En él se recogen medidas para que el alumno sea llamado por su nuevo nombre, en caso de cambio, y pueda utilizar el baño o los vestuarios acordes con el sexo con que el que se identifica. También aborda cuestiones sobre el uniforme u otras más administrativas sobre cómo queda el menor registrado en los exámenes y en las notas.

El protocolo está vigente pero es de aplicación voluntaria, a diferencia de los que rigen ya en otras autonomías. Chrysallis considera que se queda en el papel y que le falta un plan de formación del profesorado, “que está muy perdido a la hora de afrontar los casos de menores transexuales”.

Sever pone el ejemplo de Navarra, donde el Gobierno foral está “más implicado”, esa formación la acomete directamente un sexólogo, y se ha abierto Kattalingune, un servicio público de atención, información y acompañamiento a personas LGTB (Lesbianas, gais, transexuales y bisexuales) y sus familiares.

“Nosotros hemos solicitado al Gobierno vasco esas mismas prestaciones, porque el protocolo sin más no funciona en los colegios y la labor de información a las familias que corresponde a las instituciones la estamos realizando nosotros, padres que cogemos el teléfono y atendemos a otros padres”, explica la portavoz de Chrysallis.

EL CASO DE LUCÍA

Las cifras sobre el porcentaje de transexuales difieren entre los que manejan las instancias oficiales – una de cada cien mil personas- y los que consideran válidos las asociaciones que ven esta realidad sobre el terreno.

Según Chrysallis de cada mil niños hay uno que tiene vulva y de cada mil niñas hay una que tiene pene. Sus promotores trabajan con la idea de que en el País Vasco y en Navarra hay unos cuatrocientos menores que se ajustan a ese patrón.

A comienzos del año pasado la situación de estos niños y niñas se dio a conocer a la opinión pública a través del caso de Lucía, la persona transexual de menor edad en lograr en España su cambio de nombre en el Registro Civil. La pequeña de cinco años de la localidad guipuzcoana de Asteasu consiguió gracias a la batalla judicial emprendida por sus padres que un juzgado de Tolosa le permitiera cambiar por el de Lucía el nombre de Luke (Lucas en euskera) con el que fue inscrita tras su nacimiento en función de sus órganos genitales. El fallo judicial tuvo una gran repercusión mediática.