Pepe Barahona Fernando Ruso

“Hablan de mis hijos, de mi marido, de mi familia… Me dicen que las únicas barras que me voy a comer –en referencia a las que se usan para trincar– son las que no tienen hueso, me tildan de prostituta, me acusan de acostarme de miembros del comité. Me atacan por perseguir la igualdad en el puerto de Algeciras”. Raquel, quien firma estas frases, está cansada de recibir insultos y amenazas. Tanto que ha hecho acopio de los improperios y bravuconadas que la tienen a ella por diana y los va a presentar en el cuartel de la Guardia Civil más cercana.

En los últimos meses se ha ganado la enemistad de varios miles de trabajadores del Puerto de Algeciras. Su ‘pecado’, del que ya informó EL ESPAÑOL, es liderar a un grupo de unas 300 mujeres que quieren ser estibadoras del único puerto español que solo contrata varones. Algo que parece irritar al sector de la estiba y a sus esposas, que han elevado el tono en las últimas semanas.

“Están obsesionadas conmigo”, advierte Raquel Saavedra, presidenta de la plataforma Mujeres estibadoras en Algeciras, que ya suma 5.300 apoyos en su página de Facebook. Precisamente las redes sociales se han convertido en campo de batalla entre las aspirantes a trabajar en la estiba y quienes no soportan la idea de que se contrate a mujeres en la estiba. “Hay un sector de mujeres de estibadores que, ya bien sea por desconfianza en sus maridos o porque creen que nosotras les vamos a quitar a sus esposos, nos ha declarado la guerra”, critica. Hasta tal punto que, según documenta Saavedra con varias capturas de móviles, están recabando información sobre la vida de la portavoz para desacreditarla públicamente.

Las redes sociales se han convertido en el campo de batalla de las estibadoras. Fernando Ruso

“Me dicen que estoy expuesta públicamente, que yo me lo he buscado”, sostiene Saavedra. “¿También a que me den una paliza?”, se pregunta. “Me dicen –añade–que no voy a trabajar nunca en la estiba, que tenga cuidado cuando vaya andando por la calle. Y yo, sinceramente, no sé qué pensar, porque hay mucho loquito suelto y no sé quién puede estar detrás de cada amenaza”.

También hay grupos de apoyo, como muchas de las estibadoras que trabajan en otros puertos españoles. Las 300 aspirantes de Algeciras también han recibido el respaldo de otras asociaciones de mujeres, partidos políticos y voces anónimas que les dan empuje a través de las redes sociales o que les transmiten ánimos por las calles del municipio. El caso ha estado en las manos del Defensor del Pueblo Andaluz, que ha elevado la situación a la Inspección de Trabajo; la queja también se ha tratado en el Instituto Andaluz de la Mujer o en el Ayuntamiento algecireño, que ha aprobado una moción de apoyo a estas mujeres.

“Ojalá pase pronto todo esto, porque no es grato aguantar los insultos que me dedican”, lamenta Saavedra. “Mi marido está cansado –agrega– y yo, aunque duermo bien por las noches, llevo la penitencia por dentro”.

“Para trincar hay que tener cojones”

No es la primera vez que la tensión se torna en provocaciones. “Si entran en el puerto aquí va a arder Troya”, amenazaba uno de los estibadores ante la presencia de EL ESPAÑOL en la zona portuaria. Fue en julio, más de veinte mujeres se citaron en una de las cantinas del puerto algecireño para detallar sus pretensiones a este diario. La presencia de los periodistas amargó el gesto de quienes trabajaban en la estiba, al otro lado de una verja metálica. Las miradas desafiantes dieron paso a las advertencias. “Aquí no pueden trabajar las mujeres, no son capaces”, argumentaba en su día uno de los detractores.

- ¿Acaso no tienen fuerza?

- No solo hay que tener fuerza, para trincar –fijar con barras los contenedores en los barcos– hay que tener cojones. Ellas, que se vayan a fregar a casa. Y me he quedado con tu cara y Algeciras es un pueblo muy pequeño, cuidado con lo que escribes.

La ya de por sí tensa situación ha ido calentándose con el paso de los meses. La teoría de las aspirantes a estibadoras es que próximamente habrá una entrada –nuevas contrataciones– de trabajadores en el puerto de Algeciras y “la gente se pone nerviosa”.

Sin embargo, la Sociedad Anónima de Gestión de Estibadores Portuarios del puerto Bahía de Algeciras (Sagep) asegura que no hay previsto ningún proceso de contratación y, remitiéndose a un comunicado de 2015, asegura que “en momento alguno ha limitado el ingreso en base a su género o sexo”. La empresa, en la que hay 1.498 estibadores y 347 eventuales, todos varones, afirma que “en futuros procesos de selección de personal no tendrá inconveniente alguno en incorporar a los mejores candidatos y candidatas posibles”.

La tesis coincide con la ya manifestada por el comité de empresa, a quienes las aspirantes a estibadoras atribuyen ser el tapón en su acceso a la estiba. “No hay ningún proceso de selección abierto”, justificaba a EL ESPAÑOL Manolo Cabello, coordinador de la Zona Andalucía (Ceuta y Melilla) de Coordinadora Estatal de Trabajadores del Mar. “Y no habría inconveniente –añadía– en que entren las mujeres, pero siempre que hagan el mismo trabajo que un hombre”.

Pese al discurso de la empresa y del comité, la portavoz de las aspirantes a estibadoras les acusa de estar detrás de la hostilidad que se cierne sobre ella y su familia. “Ellos conocen, o debería conocer, lo que hacen sus trabajadores, porque en juego está la imagen de la empresa”, explica Saavedra. La semana que viene, antes de interponer la correspondiente denuncia en los juzgados, la líder de estas mujeres llevará un escrito a la Sagep con el que pretende informar de las prácticas de sus empleados. “Quiero que actúen”, subraya.

Mientras, se resigna. “Sé que nunca voy a trabajar en la estiba”, reconoce Saavedra. “Se ha vuelto en una lucha contra mí y mi familia –añade– y lo único que puedo conseguir es que algún día entren algunas de mis compañeras”. “Yo no voy a sacar nada”, insiste.

- ¿Y va a dar la guerra por perdida?

Nunca. Tengo intención de seguir adelante. No es el momento de dar pasos atrás. Sería absurdo y ellos entenderían que llevan razón. Además, las críticas no van a cesar. Así que no les pienso dar el gusto. Solo pararé cuando entren mujeres en el puerto de Algeciras.



"Sé que voy a trabajar", apunta una de las estibadoras de Algeciras Fernando Ruso

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