Casi nada en Zarzuela es baladí. Este miércoles, Juan Carlos I ha vuelto al palco de Las Ventas para presidir la corrida de la Beneficiencia, donde hace dos años lo ovacionaron tras su abdicación. Este jueves, el rey emérito continúa agendado junto al resto de los adultos de la familia real: él irá al museo naval de San Fernando (Cádiz); la reina Sofía a Salamanca para un simposio sobre alzheimer, y los reyes Felipe y Letizia estarán en Madrid por partida doble y juntos (primero en una audiencia científica en La Zarzuela y después en la Real Academia de la Historia).

Esta sobreexposición real coincide con el segundo aniversario de la abdicación y lleva el sello de Zarzuela, donde los monarcas hablan a través de gestos: el 2 de junio de 2014 cambió el titular de la Corona, pero la institución monárquica continúa sana y fuerte en España, es el mensaje a trasladar.

¿Y Juan Carlos I? ¿Cómo está él después de dejarlo abruptamente tras pasar 38 años y medio en el trono? Personas cercanas que conversan a menudo con él trasladan el retrato de un hombre de 78 años físicamente limitado y mentalmente alerta que siente un cierto “desengaño” dos años después de abdicar. Ha reducido mucho sus actos institucionales, que superaron la treintena en el primer año: este jueves en la Isla de León protagoniza tan solo el cuarto evento en lo que va de año.

Antes, entre enero y junio, ha hecho solo Guatemala, Villaverde (Madrid) y Basilea (Suiza). “Se queja de que todo el mundo le insistía en que tenía que abdicar, y ahora se pregunta si era para esto. Echa de menos hablar con todos los protagonistas, influir, mandar”, afirma un viejo conocido.

INVIERNO EN FLORIDA

El primer año resultó mejor, a juzgar por el relato de personas cercanas a él. Estrenó libertad de acción. Fue acogido con los brazos abiertos por sus amigos millonarios dentro y fuera de España. Arregló sus asuntos personales y ratificó públicamente su divorcio de hecho, no de derecho, con la reina Sofía.

El domingo 20 de noviembre de 2015 celebró los 40 años de su llegada al trono de manera deslucida: almorzó solo con su amigo Miguel Arias en La Moraleja y por la tarde visitó el Rastrillo con su hermana doña Pilar. Su vida familiar es inexistente: los mayores lazos, con la infanta Elena y su hija Victoria Federica.

Este 2016 comenzó en Los Angeles. Pasó su cumpleaños, el pasado 6 de enero, en Beverly Hills en el hotel donde se rodó la película Pretty Woman. Hibernó en Florida acogido por los Fanjul, los reyes de la caña de azúcar. Allí “no se ha perdido un almuerzo o una cena”, según una aristócrata europea casada con un multimillonario estadounidense que ha coincidido con él más de una vez durante la season en la soleada península americana.

Volvió a España para inaugurar la temporada de caza y dedicarse a sus aficiones: viajes, toros, vela, gastronomía, coches y amigos. Un dolce far niente con varios viajes a la Península Arábiga, donde están algunos de sus mejores amigos en el extranjero y donde es tratado “a cuerpo de rey”, según la descripción de otro gran conocido.

MARCA ESPAÑA

Esta jubilación dorada- su hijo le mantiene un salario de 190.000 euros anuales- se ve ensombrecida por tres inquietudes, según las fuentes consultadas: el avance de la izquierda en España, la debilidad de la marca España y la falta de solidez de la reina Letizia.

Sigue la actualidad política y la comenta con intensidad. El día de la sesión de investidura de Pedro Sánchez pidió una televisión en la finca de Juan Abelló en la que estaba para seguir el debate en el Congreso de los Diputados. “Le preocupa mucho el ascenso de la izquierda en este país”, explica un viejo conocido que conversa con él a menudo de política. “Se lamenta de que los partidos constitucionalistas- PP, PSOE y Ciudadanos- no fueran capaces de llegar a un acuerdo. La gran coalición que defiende Felipe González es la única solución que ve para impedir que la izquierda radical se haga con el poder en España”.

Su segunda preocupación: la falta de presencia internacional de España. Su abdicación ha coincidido con el inicio de un largo periodo electoral, aún inconcluso, que está minando la política exterior española. “Hemos perdido al rey Juan Carlos, que era un gran activo en el exterior, y su hijo aún está verde”, explica un empresario. La incertidumbre política ha empeorado la situación: Felipe VI ha cancelado los cuatro viajes que tenía en la primera mitad de este año.

LA REINA LETIZIA

El próximo 26 de junio, el día de las elecciones, irá a Panamá para inaugurar el canal. Felipe VI debe de permanecer en España y el Gobierno ha reconocido que en el gran día de la marca España tiene que haber alguien más institucional que un ministro de Asuntos Exteriores en funciones como José Manuel García Margallo, según fuentes oficiales. “Desde el primer momento se puso a disposición del rey en lo que pueda servir a la insitución”, explican en Zarzuela.

Un ejemplo: reemplazó en mayo a Felipe VI en Basilea durante el partido entre el Sevilla y el Liverpool. El presidente del Sevilla, José Castro, se quejó públicamente de que la ausencia del rey, pero Felipe VI no podía ir porque tenía un viaje a Castilla-La Mancha.

Sigue mirando de reojo a la reina consorte, como ha hecho desde el inicio de su relación. Le inquieta lo que ha denominado “falta de solidez” de Letizia Ortiz. Reconoce que su comportamiento en los actos oficiales es impecable pero ha oído quejas de personas destacadas que han coincidido con ella en comidas y cenas oficiales y que se sienten confundidos ante “episodios de falta de atención” por parte de la reina.

REGATA CLÁSICA

Con su nuera comparte los índices más bajos de popularidad entre los españoles, según la última encuesta realizada por EL ESPAÑOL el pasado abril. Tan solo el 30% de los españoles tiene una opinión positiva del rey emérito. Son una minoría pero muy entusiasta. Así se ha comprobado en las corridas de Madrid, Jerez, Sevilla o Brihuegas.

En el mundo de la vela, la afición es igualmente calurosa. El año pasado, su amigo Josep Cusí lideró a un grupo de conocidos que le compró un velero de 1929 en Finlandia. Le hace mucha ilusión, según sus allegados, participar a finales de julio en la regata clásica que este año se celebra en el Puerto de Santa María. Allí podrá subir a ese otro clásico- el Hispania- que mandó construir su abuelo, Alfonso XIII.

Pero más que los regatistas, son los amantes del toreo sus grandes admiradores. En la feria de Jerez, uno de los presentes en la plaza se fijó en que Juan Carlos I evitó taparse mientras llovía para correr igual suerte que los toreros: “Fue el único que no aceptó el capote. Eso solo lo hace un rey”.