Podemos presume de consultar a menudo con sus bases: el apoyo al pacto Ciudadanos-PSOE, la confluencia con Izquierda Unida. Las primarias son una variante más compleja de esas consultas. Podemos es el partido que más votos ha tenido en sus primarias porque es el proceso más abierto: uno, porque el partido de Pablo Iglesias no tiene militantes con cuota sino solo “inscritos”, y dos, se vota por internet.

Podemos aspira a que se vote mucho: “No es el concepto de afiliado que siempre tiene que estar encima y asistir a todo”, dice Eric Labuske, responsable del equipo de informática del partido.

Podemos tenía en julio de 2015 casi 385.000 inscritos, después de sus últimas primarias nacionales para el Congreso de los Diputados. Votó solo el 16% de ese censo, que eran cerca de 60.000 personas. Diez meses después, el censo para el voto del acuerdo entre Ciudadanos y PSOE era de casi 10.000 inscritos más: 393.538.

Ahora en la votación sobre Izquierda Unida, hay un censo de 413.681 personas, pero solo 229.732 son activos. El resto es censo real -puede votar-, pero aparentemente inactivo. El criterio de inactividad es los que llevan más de un año sin entrar en la web de participación. Es un detalle aleatorio que permite dar a Podemos un porcentaje de participación que no sea diminuto.

Un censo sin límites

Para que unas elecciones funcionen, deben estar claras al menos dos cosas: quién puede votar y cómo van a contar los votos. Podemos quiere que vote cuanta más gente, mejor. Es una opción política que defienden acusando a otros partidos por falta de apertura. Así lo explica Labuske:

"Nuestro trasfondo político es que cualquier persona pueda inscribirse, sea del partido que sea, con el único requisito de ser mayor de edad y sin enviar un papel, una carta o un DNI. Si algo tan sencillo para el usuario es factible, ¿por qué no lo hacen otros partidos? A lo mejor porque no les interesa que se llene su censo de gente que no está captada y no es su base".

"Nuestro trasfondo político es que cualquier persona pueda inscribirse, sea del partido que sea, con el único requisito de ser mayor de edad y sin enviar un papel, una carta o un DNI.

Pero eso tiene un precio evidente: si un ciudadano puede darse de alta sin aportar papeles o DNI, es posible falsificar votantes.

Para inscribirse en Podemos solo hay que ir a la web del partido con un nombre, dirección, DNI, email y teléfono. El partido solo controla que la letra del DNI sea verdadera -hay webs que crean números de DNI con su letra- y que el email y el móvil funcionen. Todo lo demás puede ser inventado. Si alguien compra diez tarjetas SIM o tiene acceso a diez móviles durante un rato -el tiempo suficiente para mandar el formulario, recibir un código en el móvil e introducirlo en el sistema-, puede controlar diez votos en las primarias de Podemos.

Bastante orgullosos

En Podemos saben obviamente que esto ocurre: “Se eligió este sistema para buscar el equilibrio entre seguridad y usabilidad”, dice Labuske. Ha habido casos de todo tipo. Labuske apunta una comparación poco reconfortante: “Siempre se te escapa algo. Un juez siempre va a condenar a cárcel a alguien inocente”, dice. La confianza que puede generar un sistema así es, con suerte, relativa. Así la describe Labuske: “Hemos llegado a un nivel de fiabilidad bastante alto y del que estamos bastante orgullosos”.

Al principio la solución era la cantidad: muchos votos disimulan el fraude. “Si la participación era alta, si una o dos personas se compraban 3 sims y votaban seis veces, no suponía una cuestión de fraude. Si había 85.000 votos y el diferencial entre candidatos era 3.000 votos, era muy difícil que alguien comprara tantas sims”, dice Labuske. Difícil no es sin embargo imposible.

Pero llegaron nuevos problemas. Podemos hizo entre 2014 y 2015 procesos de primarias municipales con un censo mucho menor -para consejos ciudadanos y aspirantes a alcaldías-, donde a veces votaban docenas de personas: “Ahí nos entró más el miedo y establecimos una serie de controles y filtros”, dice Labuske.



La solución era detectar el fraude durante la votación o en el recuento: móviles parecidos, montones de votos emitidos desde el mismo ordenador, chivatazos de implicados. Hay métodos mucho más sencillos que reducirían el presunto fraude de golpe: usar el DNI electrónico, mandar una copia del DNI por whatsapp o presentar una sola vez el DNI en lugares designados por el partido. Pero si se hiciera algo así, dice Labuske, “de los 400.000 inscritos que hay, votarían 22.000”.

En Podemos prefieren cantidad a calidad. La falta de controles hace que esos 413.000 sean solo una aproximación. Nadie sabe con certeza cuánta gente real hay detrás de esos inscritos. Las cuentas que hoy están inactivas pudieron estar activas en algún proceso electoral. Si en Podemos calculan que son más de 100.000, son muchos votos que alguien pudo usar.

Votos a seis euros

Durante los procesos de primarias, había en internet quien ofrecía votos en las primarias de Podemos por 6 euros. Si una SIM cuesta 5 euros, está claro que el único modo de que una oferta así salga a cuenta es con un proceso automático. Un buen hacker puede crear un script que relacione cientos de DNI y móviles falsos y sea capaz de introducir automáticamente el código que Podemos manda. En Podemos dicen que su filtro detecta estos bots porque tienen un patrón similar en sus móviles o emails.

Además, dicen desde Podemos si pillan fraude no saben a quién favorece. Esto les absolvería de responsabilidad. Pero no. La empresa que ejecuta la votación -Agora Voting- y la autoridad ajena que controla en sus servidores que el voto no sea manipulado -OpenKratio- no permiten a Podemos ver a favor de quién son votos que presentan un posible fraude. La decisión final de eliminar votos es de OpenKratio. Sus responsables son informáticos ajenos a Podemos cuyo mayor valor es la independencia. En charlas con dos de sus encargados -Juan Romero y José Félix Ontañón- insisten que no dependen ni hacen favores a Podemos.

Este proceso aparentemente inmaculado sigue sin ser totalmente garantista. En el momento de la votación, el sistema funciona así. Un inscrito en la web de Podemos accede a Participa, la aplicación de voto del partido. Cuando el ciudadano pulsa “votar” se activa la encriptación de Agora Voting. Pero Podemos sabe quién hace clic en “votar”, con lo que sabe perfectamente qué inscritos votan -con todos sus detalles- y cuáles no. Lo que no sabe es el sentido del voto.

Unas elecciones largas

La urna electrónica suele estar abiertas varios días. Durante todo el proceso, Podemos va controlando quién accede a votar y si el comportamiento del censo es normal y no hay por ejemplo picos raros. A veces ha habido cientos de votaciones en marcha a la vez. Cuando se cierra el proceso, Podemos repasa con sus filtros el patrón de los votos. Si detecta algo raro, lo comunica a OpenKratio, que comprueban y deciden si actúan o no: “Nosotros no analizamos un fraude que Podemos no nos proponga. Si quieren que no veamos unos votos, no los vemos”, dice Juan Romero, de OpenKratio.

Podemos -si quisiera- podría obviar algún fraude porque lo ha cometido alguien afín al aparato del partido: o bien porque ven quién está votando y conocen su tendencia o bien porque controlan qué está ocurriendo. Nadie tiene ninguna prueba de que algo así haya ocurrido. Pero nadie tampoco puede advertirlo. Agora Voting -con la colaboración de OpenKratio- solo controla que los votos que entran en la urna no se puedan cambiar ni aumentar. Cada votante recibe un código que le permite saber que su voto sigue ahí.

Pero ni Agora ni OpenKratio pueden certificar quién hay detrás de cada voto. Eduardo Robles, de Agora Voting,no puede asegurar que el censo sea impecable: “El censo depende de cualquier organización: ¿quién dice cuánta gente está suscrita al periódico? El propio periódico. No puedes hacer nada”, dice. Eso está en las libres manos de Podemos.

Los dirigentes del partido en Alicante organizaron a docenas de residentes de otras provincias para que se registraran y votaran en Alicante. El fraude se descubrió gracias a los mensajes de un chat.

Cuando Podemos hablaba con OpenKratio sobre cómo iban a vigilar los procesos de primarias, el partido pidió que les dejaran hacer “recuentos parciales” durante la votación. “Se trataba de ir haciendo recuentos parciales para comunicarlo y animar la gente a la participación”, dice Juan Romero, de OpenKratio. Eso sería abrir la urna para ver quién va ganando y animar -o no- a posibles votantes. En OpenKratio lo descartaron por el tiempo que consumía y porque requería detener la votación para hacer una foto fija. Es otro tipo de truco que nunca llegó a aplicarse.

Podemos presume de haber actuado en algunos casos contra el fraude. “Es normal que haya escepticismo. Si a día de hoy no hubiéramos expulsado a nadie o no hubiéramos dicho nada, vale, pero hemos expulsado a gente”, dice Labuske. El caso más famoso es Alicante, que desveló EL ESPAÑOL en agosto. Como el único control es el móvil, cada ciudadano puede inscribirse donde quiera. Los dirigentes del partido en Alicante organizaron a docenas de residentes de otras provincias para que se registraran y votaran en Alicante. El fraude se descubrió gracias a los mensajes de un chat. El partido ha suspendido e inhabilitado por un año a 10 miembros de la cúpula en la provincia. Podemos ahora bloquea los cambios de provincia durante las votaciones, pero no impide que la gente siga registrándose en la calle de España o del mundo que quiera.

Tras pedir en Podemos una lista de lugares donde han actuado, me mandaron tres ejemplos: Alicante, El Ferrol y La Rioja. Si ha pasado más y no se ha detectado, quién sabe.

Las listas plancha

El sistema telemático y su censo son solo un agujero en las primarias de Podemos. Pero el modo más sencillo de blindar la victoria que tiene la ejecutiva en primarias es el reglamento. El método más usado en Podemos es la llamada “lista plancha”. La última vez que el partido lo ha permitido fue sido en las primarias al Congreso de los Diputados. Cientos de cargos de Podemos pidieron en verano una revisión de este sistema.

El partido organizó las primarias como unas oposiciones: los candidatos que obtuvieran más votos, podrían escoger por qué provincia y en qué lugar se presentarían.

El método más usado en Podemos es la llamada “lista plancha”. La última vez que el partido lo ha permitido fue sido en las primarias al Congreso de los Diputados.

Cada votante de primarias podía votar a los candidatos que quisiera hasta 350, que son el número total de diputados. Pero también podían presentarse “listas plancha”, que podían ser votadas enteras. Pablo Iglesias era el número 1 de una lista de 65. Hubo votantes que escogieron solo a algunos de esos 65, pero muchos optaron por la vía sencilla de votarlos a todos. Es un modo simple de asegurarse que quien iba con Iglesias iba a sacar más votos.

A los candidatos críticos siempre se les puede decir que son unos perdedores y unos rabiosos porque no fueron capaces de ganar en las primarias. Tampoco nadie podrá decir que Podemos no hace primarias abiertas. Eso no significa que los trucos estén a mano.

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